Inesperada visita

Te cubriré de regalos si me concedes un sólo deseo. En aquel rincón tienes mi baúl dorado de Persia lleno de sedas y brocados. En la mesa encontrarás perlas del Índico, zafiros de Cachemira y diamantes del Congo. En este anaquel te aguardan los libros más prohibidos que te abrirán las puertas de la Sabiduría. Lienzos de los más famosos artistas cuelgan de las paredes para tu solaz. Mirra de Arabia, ámbar del Báltico, finas tallas de caoba del Brasil, un auténtico Stradivarius y caviar del Volga colmarán tus sentidos. Todo esto será para ti, amiga Muerte, si pasas de largo ante mi puerta y continúas tu camino sin volver la vista atrás.


Sevilla, Diciembre de 2012

Asesino en serie

Para Concha G., cumpliendo una promesa.

Ya estaba muerto cuando empleando toda su fuerza lo colgó de un gancho, clavándolo entre los omóplatos. Con su cuchillo más afilado lo abrió en canal y con esmero profesional le extrajo las vísceras que depositó en diversas cubetas. Disfrutaba manipulando pulmones, hígado e intestinos aún calientes y humeantes. La sangre salía a borbotones del cuerpo inerte salpicando su pecho y empapando sus brazos hasta los codos. Bajo el cadáver, previsor, había colocado un recipiente donde recogía el rojo líquido que iba decolorando el cuerpo. Una sonrisa traviesa apareció en su rostro cuando de cuatro certeros tajos le cortó las extremidades. Sabía muy bien que pronto sería la hora. La sirena del Mercado Central sonó un instante después. Su turno en la carnicería había terminado.


Sevilla, Diciembre de 2012

Campo de tiro

Cayeron una tras otra sin previo aviso, horadando la tierra, formando perfectos cráteres rojos y humeantes. Cayeron más y más rápido hasta que todo el suelo se convirtió en una gran mancha roja y ya no cayeron más. Su corazón había latido la última gota de sangre.


Sevilla, Diciembre de 2012.

Clávate sola en tu cruz

Ya no quiero verte.

No necesito tu tristeza
vital, tu desamparo sentimental.
Tu egoísmo escondido
tras una imagen falaz de niña desvalida.

Quédate con tus sueños
incumplidos e imposibles,
con tu falta de valor para afrontar la vida,
con tu miedo a ser normal,
que te impide vivir en paz.

Rómpete por la mitad y
escóndete en el placer
del sufrimiento,
refúgiate en ese dolor
que te hace creer tan especial.
Clávate en tu cruz
y desángrate de soledad y de miedo,
y te veré impasible quedar exangüe.
Sí, mariposa carnívora,
te veré impasible quedar exangüe.
Cava tu tumba cada dia
pero no me pidas que me entierre
contigo.

Ya no me pidas más que me entierre contigo.

Sevilla, Diciembre de 2012

Hacer el amor

La llevó hasta la cama y le quitó las mallas negras y ella le ofreció sus pechos grandes. La mujer tenía la lengua áspera por el alcohol. Se besaron con prisa descontenida. Ella quería que él le acariciara la cara, se moría porque él le acariciara la cara, gimió cuando por fin él le acarició la cara.

Se quitó las bragas y tomó sus manos y llevó sus dedos dentro de ella, muy dentro de ella. Él la abrazó contra su pecho mientras sentía en sus manos agitarse el calor de su sexo. Luego besó su vientre y se detuvo sorprendido en el piercing del ombligo. - ¿Tienes un piercing en el ombligo?- se rió y la miró curioso. 

Sin esperar respuesta hundió la boca en su sexo y ella agarró su cabeza y él le hizo el amor sin penetrarla, -niña, esta noche no va a poder ser- se había reído él un rato antes casi a carcajadas.

Cuando terminaron, durante mucho rato trazó dibujos con sus dedos sobre los pechos, el vientre, las piernas, la espalda de ella. La mujer suspiraba y se apretaba contra él con los ojos cerrados. Nunca había conocido a nadie con tantas ganas de ser acariciada. Un escalofrío de ternura lo atravesó cuando comprendió, de pronto, que esa noche los dos habían estado haciendo el amor.


Sevilla, Diciembre de 2012

De barbas y bigotes

Dejarse barba es una gran responsabilidad.

Al pirata no le puede faltar una buena perilla y un bigotón desaliñado. El escritor maldito no lo es del todo sin una pequeña mosca bajo el labio inferior. No hay seductor que se precie sin una espesa barba de tres días un poco descuidada. Los modernos del barrio lo son menos si sus patillas no son finas y largas hasta la barbilla. Un científico loco parece más cuerdo sin un gran bigote blanco y no hay bandolero andaluz sin unas enormes patillas de pata de hacha. La revolución nunca llega sin un poco de pelo mal repartido por las mejillas y ¿quién imaginaría un fascista sin un fino bigotito sobre el labio superior?

Napoleón nunca se dejó barba y llegó a Emperador, pero murió desterrado en la isla de Santa Elena porque alguien olvidó advertirle que un Imperio no perdura si te afeitas a diario. Yo, que afortunadamente tengo una buena barba, juego con ella y un día soy pirata, otro escritor y al siguiente, moderno sin perro ni flauta. Pero últimamente, desde que ando enredado con la vecina de abajo, he guardado la indumentaria de donjuán en el armario y ya no dejo que pasen tres días sin afeitarme. No sea que sin querer, me traicione mi querida barba.


Sevilla, Diciembre de 2012

En pedazos

El escritor rompió en pedazos el cuento que estaba escribiendo y la historia de amor se terminó de repente. Los protagonistas quedaron arrugados y rotos en el fondo de la papelera de su despacho.


Sevilla, Diciembre de 2012

La panadera y el narrador de cuentos

El escritor y la panadera tienen un asunto de amor. El la observa desde el café y compone historias que hablan de mujeres que siempre se parecen a ella. Y ella, afanada entre harinas y levaduras, piensa en él y sus panes enamoran a todo el que los prueba. A veces, cuando creen que nadie los ve, se hablan, se miran, se tocan, se ríen, se besan. Y todo el mercado simula, discreto, desconocer que el escritor y la panadera tienen un enredo de amor.


Sevilla, Diciembre de 2012

La lluvia

Estaba en Córdoba hace unos meses y llovía. Fueron las primeras gotas de un chaparrón casi contínuo que no se detuvo hasta un par de días antes de Navidad. Te echaba de menos, como casi siempre, y te deseaba paseando conmigo por los rincones de la ciudad. Y entonces me paré en un café y en un par de minutos escribí este pequeño relato. 

--- o ---

Cada mañana se asoma a la ventana esperando la lluvia que nunca miraron juntos desde la cama. La lluvia que diluye cada día el recuerdo de los pocos momentos que compartieron. La lluvia de la que nunca llegaron a refugiarse. La lluvia que jamás los empapó de camino a casa. La terrible lluvia que le recuerda cada día que su amor se marchitó a finales del último verano. 


Sevilla, Diciembre de 2012

Amanecer

La motocicleta continuó trastabillando unos metros más, hasta que cayó al suelo suavemente, casi en cámara lenta. El permaneció unos segundos colgado del primer rayo de sol de la mañana preguntándose qué había ocurrido. Aún tuvo tiempo para pensar en los hijos que nunca tendría con Christine, antes de que repentinamente la noche lo cubriera todo.


Sevilla, Diciembre de 2012

El guardián

Para Soledad, que supo de esta historia antes de que la escribiese.


Le ordenaron que esperase, delante de la puerta grande, el regreso del rey. Se quedó quieto, con la mirada fiera y al frente, como le habían enseñado, apoyado en su lanza y levemente encorvado. Pasó un día y otro y otro. Llegó el verano y tras él las lluvias. El polvo que levantaban los carromatos que atravesaban el camino y los excrementos de los pájaros que anidaban en un bosque cercano lo fueron cubriendo lentamente. Tras siglos de espera seguía allí, fiero y solemne, petrificado, guardando la puerta para un rey que nunca volvió.


Sevilla, Diciembre de 2012

La torre

La torre se alza ominosa en la noche de la capital. Como una mantis negra, espera voraz su primer suicida.


Sevilla, Diciembre de 2012

Grandes almacenes

Hilvanaban túnicas con seda de arañas negras. Cortaban patrones trazados sobre esqueletos. Tejían telas salpicadas de sangre seca. Las vendían, con notable éxito, todas las mañanas en la Plaza Mayor a un ejército de  muertos en vida que se agolpaban impacientes ante sus puertas.


Sevilla, Diciembre de 2012

Despido procedente

El despido fue fulminante. Llegaba siempre puntual a las paradas y era amable con todos los pasajeros. Sus compañeros no pudieron soportarlo.


Sevilla, Diciembre de 2012

Amigos

La borró del facebook y de inmediato, dejaron de ser amigos.


Sevilla, Diciembre de 2012

Miope

Era tímido y no sabia bailar. No obstante, iba a la milonga todos los martes y jueves sin faltar uno. Solía quedarse apoyado en la barra, con su martini a medio terminar, mirando el baile con ojos entornados de miope. Nunca sacaba a ninguna chica y apenas hablaba con nadie. En poco tiempo adquirió fama de distante y misterioso y todas las mujeres se morían de amor por el.


Sevilla, Diciembre de 2012

Sencillo

Ella le dijo una vez que le gustaban, sobe todo, los hombres sencillos. Y el, pobre enamorado, no sabía si podría serlo. Por más que lo intentaba, no lograba la sencillez. En su vida había claros y oscuros, miedos y atrevimientos, alegrías y penas y pequeñas y grandes incongruencias.

El sabía con seguridad, en cambio, que le gustaba aquella foto antigua, de hacía dos o tres años, donde ella estaba rodeada de gente. Le gustaba su pose relajada, como si la hubiesen fotografiado sin que se diese cuenta, ajena a todo excepto al puente al que se asomaba, con una mochila al hombro que le hablaba de viajes y aventuras, de curiosidad por lo que hubiera ahí fuera.

Y es que ni para decirle que la amaba, le salía la sencillez.


Sevilla, Noviembre de 2012

Enredado

Para mi malagueña salerosa, la de los ojos bonitos.


Enredado querría estar contigo, entrelazadas las piernas en el sofá de parches de colores de tu casa, anudado a ti en tu vientre, encendido por ti toda la noche, desnudo de cuerpo y alma, descubierto y sin secretos ante tus ojos, mirando en la profundidad de los tuyos, amándote con mis labios y mis manos, y diciéndote ¡Amor, amor! suave al oído. Enredado querría estar contigo y no saber nunca cómo deshacer el nudo.


Sevilla, Noviembre de 2012

Llámame

Para mi querida princesa oriental, que tal vez nunca conozca...


Llámame y será mi numero de la suerte el que aparezca en la pantalla del teléfono. Llámame y hazme temblar de intriga al pensar que tal vez seas tu. Llámame, pero hazlo de noche, que la oscuridad guarda los secretos mas bellos. Llámame, que estaré esperando tu voz suave, tejida del verde eterno de los campos de Compostela. 

Llámame y te cantaré versos, que serán como los besos que escribiré sobre tu piel, cuando enredados en tu sofá de cuadros, libre batallas contigo que ganarás siempre y yo me retire con ganas de volver de nuevo a retarte sabiendo que tu victoria será también la mía.


Sevilla, Noviembre de 2012

Microrrelatos

Para ti, que aún estás por venir...


Me pediste una corta aventura y yo quería una larga historia de amor. Ni escribiendo nos entendemos. Tu despachas tu pasión con tres palabras y yo no encuentro la forma de resumir lo que siento por ti. ¿Te vale como microrrelato?


Sevilla, Noviembre de 2012

Crueldad

Hay algo que siempre he sabido hacer muy bien. Se cómo ser extremadamente cruel cuando es necesario. Sé buscar y decir la palabra justa, el recuerdo que más duele, el momento que alguien menos querría recordar. Supongo que todos lo hacemos, pero yo soy de los que cuando odia no se deja ningún recurso detrás si es para hacer daño. Sin sentimientos, sin sufrir por quien que está enfrente, sin piedad.


Sevilla, Octubre de 2012

Un viaje a Lisboa

No se si alguna vez te he escrito sobre mi relación con Lisboa y Portugal. Quizás porque mi padre era de Isla Cristina y su pueblo casi fronterizo era lugar de paso  para muchos viajeros del país vecino. Quizás porque mi madre es tinerfeña y siempre he sabido que el norte de la isla se repobló con portugueses después de la conquista. Quizás porque soy un poco melancólico y a menudo he relacionado la nostalgia con la costa atlántica en general y con los portugueses en particular, o quizás porque mi padre visitó varias veces  Lisboa y durante años nos hablo de la belleza de sus plazas y sus calles y de la inmensidad del Tajo en su desembocadura. El caso es que desde muy niño ha sido una ciudad muy especial para mi. 

La visité por primera vez ya mayor, hará unos tres años, con mis hijos. Una visita de medio día, fugaz y casi de manual de turista. Pero lo suficiente para desear volver de nuevo.

Regresé un año después, durante las fiestas de Santo Antonio, el patrón de la ciudad. San Antonio se vive por toda Lisboa, pero especialmente en Alfama, el antiguo barrio árabe, de calles estrechas y tortuosas y cuestas pronunciadas. Sube desde la orilla del Tajo hasta la zona alta de la ciudad y desde lejos parece como si el barrio se recostase sobre la montaña descansando de una jornada agotadora.

Alfama es árabe por los cuatro costados, por la gente que vive allí, por los olores a comida, la colada secando al sol en los balcones, las casas con las puertas abiertas, el bullicio, la suciedad... Si tuviera que compararlo con algún sitio, posiblemente algunas de las zonas más tranquilas de la Medina de Marrakech fueran lo más acertado. Alfama es un barrio viejo, descuidado, lleno de niños jugando desharrapados y de gente peculiar. No quedan árabes en Alfama, pero parece como si la herencia de tantos siglos siga marcando la vida de todo el que vive allí.

En San Antonio todo Alfama está en la calle. Las asociaciones de vecinos, las casas  de comidas, grupos de amigos, todos, instalan en plena calle pequeños ventorrillos donde se asan sardinas y pollo sobe brasas de carbón. Música que va de la salsa al fado suena por todas partes y no es extraño ver a la gente bailar en plena calle a cualquier hora del día o de la noche. Es una experiencia que solo puedo comparar a las fiestas del norte de Tenerife. De hecho, estoy seguro que ambas tienen un origen común. Mis amigos lo encontraban pintoresco. Yo, que había vivido fiestas similares durante mis vacaciones de adolescente, me sentía como si estuviera de nuevo en mi querida isla. Creo que aquel fin de semana me enamoré para siempre de Lisboa.

En aquel viaje hice muchas fotos, pero a la vuelta, cuando las revelé, casi ninguna me dejó satisfecho. Todavía entonces estaba reposando todo lo aprendido en un reciente curso de fotografía. Hay que dejar pasar un tiempo para que los conocimientos se interioricen y dejar de pensar, cada vez que vas a disparar, en si estas haciendo o no una obra de arte. La fotografía tiene su técnica, pero una vez aprendida hay que olvidarla un poco, para que sea más natural, más fluida, más sin pensar.

Por eso, ahora que volvía a Lisboa con mi hermano, para asistir a un concierto de un cantante muy conocido, estaba deseando salir a fotografiar, pensando en buscar rincones bonitos y buenos encuadres, nada más. Si luego salía una foto interesante,  tanto mejor. A las seis de la tarde llegamos a la pensión. Pablo había conducido todo el viaje y decidió quedarse en la habitación. Yo estuve tentado de acompañarlo, pero la luz del atardecer era bonita y yo no estaba cansado, así que decidí bajar a dar un paseo, tomar un café y fotografiar lo que pudiera.

Pronto me vi sentado en un café cercano que me encantó. Mesas corridas junto a otras redondas, con gente de todas partes sentada mezclada y charlando casi en la penumbra. Estantes llenos de libros ocupando todas las paredes del local, invitando a tomar cualquiera de ellos y leer mientras el café se iba quedando frio en la taza. Estuve allí poco tiempo, unos veinte minutos, pero necesitaba unos momentos de sosiego para dejar que mi cuerpo y mi mente se dieran cuenta de que ya no estaba en España. Dejé la cámara sobre la mesa y mientras hojeaba distraido la carta de refrescos y el café iba desapareciendo de mi taza, me dedique a mirar a mi alrededor, a observar a la gente de las otras mesas y a escucharlos hablar en portugués.

A las siete estaba en la calle y paseando en dirección  al río fui parando en un sitio u otro y tomando alguna fotografía. Pocas, que ahora disparo menos y pienso más. Cuando llegué a la Plaza del Comercio, que tiene un embarcadero que desemboca directamente en el Tajo, paseé lento por ella, respiré el aire con olor a mar y disfruté de aquel rato de soledad que me hacía sentir como alguien llegado de un mundo antiguo que entra en otro nuevo. 

Creo que aquellas son las más bellas fotografías que he hecho, porque fueron momentos bellos, especiales, muy disfrutados, muy deseados.

Un poco más tarde volvía a la pensión para recoger a Pablo y salir para el concierto, pero eso ya es otra historia...


Sevilla, Octubre de 2012

Rabia

Para Y., que debería haberse quedado...


Sudamos. En la oscuridad del dormitorio, debajo de mí, jadeas en voz baja. Mi peso te aplasta, boca abajo, contra la cama. Te empujo una y otra vez contra ella con extrema violencia, con rencor, con un enorme despecho. 

Hace un par de horas que hemos roto y no sé muy bien cómo hemos llegado hasta aquí. El alcohol me nubla la mente y los recuerdos son difusos. Solo sé que que me invade la ira. Es casi lo único que no he sido capaz de olvidar. Me muerdes un brazo. Con rabia, con miedo contenido. Me sorprendes, no te creía capaz. Te golpeo una sola vez, con la mano abierta, en un lado de la cabeza, no demasiado fuerte. Lo justo para que sueltes tu presa. Y te susurro al oído, frio y amenazante, que si lo vuelves a hacer lo vas a lamentar. Te empujo más fuerte aún, cómo si quisiera partirte en dos. Y mientras me vacío dentro de ti, como nunca antes lo había hecho, siento llegar tu orgasmo y ambos gritamos en el silencio de la noche.

- Deberíamos romper con más frecuencia, jadeas, exhausta, mientras me separo de ti.


Sevilla, Octubre de 2012

Despedida

El despecho, la rabia, la desolación, la sensación cierta de haberte perdido para siempre me descomponen y me desconciertan.

Estas semanas te he escrito, a veces, para provocar una respuesta que nunca llega, a veces para creer que sigues ahí, como no hace tanto, a veces para  hablarte, para contarte lo que me sucedió en este o en aquel momento. Cómo a un amiga muy querida. Porque fuimos amigos, si. A la vez que amantes en la distancia, nos hicimos amigos. Compartiendo fotografías, música, risas, versos y esos pequeños pero importantes momentos de cada una de nuestras vidas, a veces bonitos, a veces terribles, que nos han llevado a ser cómo somos.

Me enamoré de ti leyendo tus cartas, tus pequeños poemas, tu firma, que cada vez contaba algo diferente de ti, de tus quehaceres, tus sentimientos o tus deseos. Nunca imaginarás lo que me impresionaba de qué manera en dos o tres palabras eras capaz de enseñarme tanto de ti.

Tanto, que yo que me consideraba buen escritor, me sentía incapaz siquiera de asomarme a la belleza de tus palabras, de intentar siquiera provocar en ti el efecto que las tuyas causaban en mi.

Alguna vez te lo quise explicar, pero nunca he tenido la facilidad para hablar que tengo para escribir. Quizás es que delante de un papel me da tiempo a ordenar mis ideas y decir lo que realmente siento, sin divagar, como tantas veces me pasaba cuando hablábamos, hasta el punto de exasperarte.

Por eso esta noche tomo de nuevo papel y pluma, porque aun sabiendo de seguro que es tarde, no podía despedirme sin que supieras de qué manera, sin darme cuenta, me enamoré de ti.


Sevilla, Octubre de 2012

Mañanas de invierno

Para N., que dejó de esperarme hace tiempo.

Echo de menos aquellas mañanas del pasado invierno cuando me escapaba del trabajo para ir a verte a tu casa. Los diez minutos conduciendo se me hacían eternos y a veces zigzagueaba entre el tráfico de media mañana esperando ganar algunos segundos al instante en que nos encontraríamos. Subía los escalones hasta tu piso de dos en dos, de tres en tres y cuando llamaba a tu puerta todo mi cuerpo temblaba de deseo. Al abrir, siempre asomabas sólo medio cuerpo, cómo si no quisieras que los vecinos supieran que eras tu quien me esperaba. 

Entraba a tu casa y sin quitarme la chaqueta ni soltar la bolsa que llevo siempre colgada del hombro, te besaba cómo si fuese la última vez que nos íbamos a ver. Acariciaba tus pechos y sin apenas pausa comenzaba a desabrochar los botones de tu pantalón. Siempre llevabas vaqueros con botones. Y a mi me excitaba enormemente sentir cómo se soltaban uno tras otro hasta dejar tu sexo libre entre mis manos. 

Nunca esperaba. Mi sexo estaba tan duro que casi dolía.  Enseguida teníamos los pantalones y la ropa interior a media pierna y por fin, cuando nuestros sexos se tocaban, siempre - siempre -  suspirábamos de placer. 

Siempre estabas tan húmeda, tanto que estaba seguro de que estabas mojada desde antes que llegara. Tanto, que me excitabas hasta sentir que casi no podía respirar.

Me encantaba tu casa, con la cocina tan pequeña justo al lado de la entrada. Y me excitaba muchísimo darte la vuelta y ponerte de espaldas a mi, y penetrarte desde atrás mientras te apoyabas en la barra que separaba la cocina del salón.

Siempre era así, la primera vez. Penetrándote duro, agarrándote los pechos y escuchando tus gemidos y mis jadeos mezclados con los sonidos que llegaban desde la calle.

¡Dios! Echo tanto de menos aquellas mañanas del pasado invierno cuando me escapaba del trabajo para ir a verte a tu casa...


Sevilla, Septiembre de 2012


De cenefas y batiks

Para Carmen, a la que quise mucho.

La cenefa del recibidor aguarda, nerviosa, tu vuelta; los cuadros del pasillo amanecen todas las mañanas torcidos, la agitación de la espera no les deja parar en toda la noche. El pájaro del batik de la entrada no hace más que revolotear en su jaula de madera y cristal, impaciente por tu llegada. La casa entera es un revuelo de sonidos, murmullos y trajines. Todos estamos ansiosos, preparándolo todo como el novio prepara la casa y el banquete antes de la boda y cuidando cada detalle, quitando esa arruga en la colcha del dormitorio, limpiando aquella manchita que casi no se ve en el sofá.

Y así pasan las horas y los días, las tardes y las noches y así, como un hombre que nunca ha conocido mujer, te aguardo para ser tuyo. Para que tu, por fin, seas mía.


Sevilla, Julio de 2012