El escita (variaciones sobre "La coraza" I)


Una historia de cinismo y cobardía disfrazados de piedad
.

El guerrero escita entra cauteloso, espada en mano, en la cabaña en penumbra. Fuera aún resuenan los últimos lamentos de los heridos entremezclados con los gritos de los vencedores. En un rincón, cerca de un fuego moribundo, sucia de hollín y temblando de miedo y frío yace la bella esclava georgiana. Un inesperado temblor, mezcla de amor y deseo, recorre su cuerpo cuando se cruzan sus miradas y la rubia mujer alza sus brazos implorantes hacia él.

Deja caer la espada y quitándose la armadura y el casco se acerca a ella y la acuna entre sus brazos, mientras le susurra al oído, en un extraño idioma, palabras para tranquilizarla.

Un instante más tarde, en un último acto de piedad, hunde con extrema delicadeza su daga en el cuello de la mujer. Y disimulando las lágrimas, enarbola triunfante las joyas de la esclava ante sus compañeros, que sedientos de sangre, ya irrumpen en la cabaña. Un guerrero escita no puede mostrar compasión con los vencidos.


Sevilla, Junio de 2009

3 comentarios:

Isabel dijo...

La gloria solo dura un instante, luego todos la olvidan. Pero el pesar puede durarle al guerrero toda la vida.
Definitivamente me gustaba mas la primera versión. A ver que opina tu publico :p

José Félix dijo...

A mi también, pero ten en cuenta que el la mata para que sus compañeros no la destrocen.

José Félix dijo...

Aunque si realmente el la hubiera querido, se habría enfrentado a sus ex-compañeros, aun a riesgo de perder la vida frente a ellos. Quizás un esbozo para una tercera versión.