La saxofonista

La saxofonista - rubia, alta, elegante y esbelta - llega pronto al club de Jazz. Se sienta junto a la barra y pide un Martini seco. Mientras el público va llenando el local, piensa en todo lo que le ha sucedido en los últimos meses. Su ruptura, traumática pero liberadora, con aquel hombre de quien no se desenamoró tan rápido como él se habría merecido. Su renuncia al trabajo en la agencia de publicidad, donde se sentía encerrada como en una cárcel de barrotes de oro. Y su mudanza a Barcelona, harta y asfixiada de la vida en un pueblo cerca de una capital de provincias.

Ana ha tenido miedo, mucho miedo. Tenía miedo a vivir con el hombre equivocado por no romperle el corazón. Tenía miedo a la acomodada seguridad que le proporcionaba su bien remunerado trabajo. Tenía terror a perderse en una sucesión de días y noches iguales hasta no ser capaz de distinguir el siguiente del anterior. Tenía pánico a que su única hija no fuese valiente por no serlo ella. Tenía, sobre todo, miedo a morirse de rabia y hastío en su pequeño pueblo, como una señora, como una elegante y aburrida señora.

Hace ya un mes que lo dejó todo y se vino a Barcelona con su pequeña maleta, su saxo tenor y su hija. Tuvo buen cuidado de no traerse ningún miedo con ella. Todos se quedaron encerrados en su caro chalet a las afueras del pueblo.

Hoy es su primera noche en el club. En el escenario ya la esperan el resto de los músicos de la banda. Apura su copa y se sitúa con paso tranquilo entre ellos. El público solo se percibe cómo un murmullo de voces oculto tras las candilejas. Un foco la ilumina de repente sumergiéndola en una atmósfera casi irreal. Toma el saxo y cuando suenan las primeras notas y el local se queda en absoluto silencio, justo entonces descubre, con total seguridad, que no se ha equivocado.


Sevilla, Diciembre de 2013

¿Quién dijo que había reglas?

Para mi amiga Montse


Después de todo, no me vengáis con vuestras reglas. ¿Quien dijo que el amor tenía leyes, ocasiones y momentos? ¿Quien os concedió autoridad para juzgar lo que siento? ¿Os atreveréis vosotros que vivís a salvo tras la barrera? ¿Vosotros que teméis a la vida más que a un toro de Miura?

Me muero de amor. Me muero de soledad y de tristeza. Pero es mi amor, son mi vacío y mi pena. Y si me los he ganado, si lo he perdido todo, no os permito ni una sola mirada reprobatoria. Conozco bien vuestra feroz alegria disfrazada de conmiseración cuando quien que se atrevió a salir del redil regresa apesadumbrada.

Os miro y os veo tan decentes, tan buenos, tan blandos, tan torpes, tan absolutamente predecibles que se, de seguro, que uno solo de mis instantes de pasión vale más que la gris neblina de todas vuestras enteras e inútiles vidas.


Sevilla, Noviembre de 2013

Café con churros

Para Nuria Cubero


Terminas tu carta diciendo que nos tomaremos un café con churros "cuando haga frío". Y me pregunto si no hace ya bastante frío. Me pregunto cuanto frío tiene que hacer todavía para que te encuentres conmigo y pueda mirar tus ojos de gata de nuevo. Y me descubro mirando las isobaras de los mapas del tiempo, midiendo temperaturas, siguiendo borrascas y anticiclones, mirando sin ver los noticiarios de la primera, la segunda, la tercera, la cuarta y la enésima, si existiera, esperando que lleguen las noticias del tiempo. Ya ves, yo que cambiaba de cadena cuando empezaba el parte, cómo decía mi tía abuela Concha, ahora lo espero cómo si fuera un nuevo capítulo de la última serie de moda. Y por más que voy de un canal a otro, por más telediarios que veo, no hace bastante frío. Y me sorprendo pidiendo a ese Dios en quien presumo no creer, que haga frío, más frío, muchísimo frío. Y le prometo diez misas, cuarenta padrenuestros o cien avemarías. ¡Pero, por Dios! Que nieve, que truene, que llueva, que venga la ventisca y el hielo y que sople el viento del Norte, pero que llegue por fin el frío que me conceda perderme, por una última vez, en el fondo de tus ojos negros.


Sevilla, Noviembre de 2013

Hasta mañana, Antonia

- Esta noche estaré solo. A no ser que quieras pasarla aquí conmigo.
- No, que eres muy peligroso.
- No más que tu, cariño.
- Podríamos haber quedado antes para ir al cine de verano. Así todo habría sido más fácil, pero se me acaba de ocurrir ahora. Desde hace unos días lo único que me apetece es sentarme a ver películas en la televisión.
- ¿Ya no quieres nada con los hombres?
- No, No es eso. Es que me tengo que centrar. No puedo salir a la calle con las bragas por las rodillas. No es mi estilo y tengo que volver a ser quien era.
- Siempre pensé que esa no eras tu. Tan modosita hace veinticinco años... Y los últimos meses parecías un putón verbenero.
- Jose, yo no soy modosita. Cuando estoy con el hombre que quiero, nunca lo soy. Con los ligues de una noche soy pudorosa, porque siento que no merecen conocer más de mí que lo poco que les muestro. Nadie que me crea fácil de llevar a la cama, sabrá nunca lo que pudo haber descubierto conmigo. Me gusta jugar a no gustarles demasiado, a ser un trozo de carne entre sus manos, a tomar todo lo que me puedan dar sin ofrecer más que migajas a cambio. Nunca soy tan egoísta como cuando estoy con un desconocido en la cama.
- Los desconocidos deberían dejar de serlo un poco cuando te acuestas con ellos.
- Te equivocas, Jose, como casi siempre. No hay nada más insoportablemente lejano y absurdo que un cuerpo extraño agitándose sobre ti en la penumbra de tu habitación.
- Me asustas cuando hablas así, cariño.
- Nadie dijo que a mi lado nunca ibas a sentir miedo, Jose. Eso se queda sólo para las fantasías de Corín Tellado.
- Entonces, hasta mañana, Antonia.
- Eso ha sonado muy rotundo, Jose, casi a despedida definitiva. 
- Tu nombre es rotundo, se escribe y suena rotundo, es algo que no se puede evitar.
- Podrías escribir una historia con ese título, cielo.
- Quizás mañana la escriba.


Sevilla, Julio de 2013

Nana para Paloma

Cuando Paloma no tiene sueño, se aburre mucho y da vueltas en la cama. A veces toma el libro de la mesita de noche y lo lee de atrás hacia adelante y de delante hacia atrás. Lo manosea, lo deja a un lado, suspira y mira al techo esperando que en el reloj de la pared avance un lento minuto más. Porque hay noches que ni la más aburrida lectura es capaz de traerle el sueño que la abandona tan a menudo.

Cuando Paloma no tiene sueño, da vueltas en la cama y se aburre mucho. A veces coge su iPhone y wasapea con quién quiera que esté despierto a esas horas en un vano intento de compartir la soledad de la interminable madrugada. Pero casi siempre ocurre que su corresponsal acaba muerto de sueño, respondiendo cada vez con más lentitud hasta que Paloma descubre que de nuevo está sola en la noche boreal.

Cuando Paloma no tiene sueño, se aburre mucho y da vueltas en la cama. A veces, se imagina en los brazos de un caballero andante, un Lancelot solitario que la acurruca y le canta bonitas canciones al oído. Pero siempre, siempre, cuando siente que el sueño está a punto de vencerla, Lancelot se levanta y con una gentil reverencia se despide. Él también tiene sus obligaciones y Ginebra no le perdonaría que llegase tarde una noche más.

Cuando Paloma no tiene sueño, da vueltas en la cama y se aburre mucho. A veces, baja sus braguitas, que siempre son bonitas y con un dedo humedecido se toca un rato, buscando el sopor que llega después del orgasmo. Pero hay noches que todo se confabula contra sus ganas de dormir y pronto se aburre de esperar el clímax que no llega.

Cuando Paloma no tiene sueño, se aburre mucho y da vueltas en la cama. A veces imagina un lago y un embarcadero y un velero y un marino que la lleva lejos, a la otra orilla del mundo, donde nada duele y las noches son sólo para amar y para dormir. Pero esta noche Ulises ha faltado a su cita y Paloma se queda desvelada y enredada en sus ganas de navegar.

Cuando Paloma no tiene sueño, da vueltas en la cama y se aburre mucho. A veces me llama para que le hable y la distraiga con mis cuentos. Y yo, que soy buen amigo y mediocre poeta, le escribo una nana para que el insomnio se espante de mis ripios y Paloma, por fin, pueda dormir un rato.


Duérmete, Paloma.
Duerme mi niña,
que la noche te traiga
besos y caricias.

Duérmete, Paloma.
Duerme, Palomita,
que la noche mala
se vaya vencida.

Duérmete, Paloma
Duerme hasta mañana.
Tu cabello oscuro
sobre la almohada. 

Duérmete, Paloma.
Duerme sin parar,
que la fría noche
no te vea llorar.

Duérmete, Paloma.
Duerme mi niña,
que guardo tu sueño
con una sonrisa.



Sevilla, Julio de 2013

Carmen y los haikus del último verano

Aquel verano Carmen llevaba la barra del República, en la Alameda y solo un par de noches antes del final de junio nos habíamos conocido delante de un café muy madrugador tras bromear a cuenta de los gin-tonics de autor, que eran la última moda del estío sevillano. Todo había sido emocionante. Nuestras conversaciones hasta el amanecer, los pequeños poemas japoneses que componía, jugando, en un instante, la música que me iba descubriendo y su precioso cuerpo, que me parecía incomparable al de ninguna otra mujer. Carmen era un poco pelirroja, alta y de piernas largas y su mirada y su sonrisa iluminaban la penumbra del pequeño bar de copas donde trabajaba. Pocos días después tuvo que partir de viaje y yo me quedé colgado de sus labios y sus ojos gatunos esperando con ansiedad mal contenida su primera carta.

Carmen me escribió unos días más tarde. Por pudor y por respeto no publicaré sus cartas, pero sí algunos fragmentos de las mías, que junto a las de ella fueron tejiendo una hermosa historia de amor que terminó abruptamente, antes de lo que ambos hubiéramos deseado.

---o---

 Para Carmen, entre el 4 y el 29 de julio de 2012

...Me hago un café, y cuando su olor amargo me invade me acuerdo de ti. Y antes de tomarlo y después y todo el rato. Y miro el correo esperando una carta tuya y una punzada feliz en la boca del estómago me sorprende cuando la recibo. Y me aguanto las ganas de gritar a los compañeros de la oficina que he conocido a una mujer que me hace temblar de emoción como si tuviera quince años. Exultante, como si estuviera viviendo un milagro que no me merezco. Y me siento y te escribo un pequeño poema tras otro, sin darme y sin darte respiro....

---o---

Los álamos del jardín susurran al frescor de la mañana, mientras escribo este poema.

La playa vacía,
la espuma acaricia
tus huellas suaves.

---o---

El atardecer se cuela entre tus ropas y admira sorprendido tu desnudez.

Estío azul.
El mar en tu piel
sazona mis labios.

---o---

Cuando la noche todo lo invade, tu luz, como un faro lejano, me guía entre los arrecifes del pensamiento y me lleva al seguro puerto de tus brazos.

 Amanecer de estío.
Tu sueño se va
entre cascabeles.

---o---

 El cielo azul viene esta mañana con el sabor salado de una playa lejana, la brisa trae tu nombre entre sus dedos.

Gotas de agua.
Te refugias riendo
entre mis brazos.

---o---

La tarde se esconde lentamente cuando llegan tus cartas. Tus dedos se unen a los míos y un escalofrío recorre mi cuerpo. Y digo tu nombre, Carmen, Carmen, y no me canso de repetirlo mientras el cielo se apaga suavemente.

Tras tu ventana
se agita traviesa
la luz de un farolillo.

---o---

Quiero coger tu mano y sentir tu calor entre las mías. Y mirarte mientras caminas un paso por delante de mi. Tengo la sensación de que te conozco desde siempre, como si nos hubiéramos reencontrado después de un largo tiempo sin vernos. Cada palabra que escribo, cada verso, cada sentimiento, me parece haberlos sentido ya antes a tu lado.

Me siento en el jardín,
pienso en ti
mientras cae la noche.

---o---

Desde mi ventana veo pasar el día y sé que queda menos para nuestro reencuentro.
 
---o---

Y ahora, mientras termino este pequeño relato, imagino de nuevo a Carmen en la orilla del mar con los pies mojados por el Mediterráneo y desespero porque llegue un próximo San Juan y quememos juntos en una playa solitaria todo lo viejo y todo lo malo y todo lo feo y saltemos de la mano por encima del fuego y caigamos al otro lado en un beso interminable mientras la espuma del mar nos rodea con su tibio abrazo de verano.


Sevilla, Junio de 2013

El tren de Canadá

Anoche no pudo dormir. Desde muy temprano está en la estación. Solo lleva una pequeña mochila con una muda de ropa y sus dos libros preferidos, "El Aleph" de Borges y "El americano impasible" de Graham Greene. El tren sale a primera hora y no quiere perderlo por nada del mundo. Aún no sabe si Canadá será sólo la primera etapa de su viaje. O quizás si. Cuando esta mañana cerró la puerta de su lujosa casa en la exclusiva urbanización en las afueras de Sevilla, tuvo la sensación de que tardaría mucho tiempo en volver a aquel lugar. Chet Baker toca "Alone Together" en su iPhone cuando sube al tren. Siempre pensó que esa música era perfecta para las noches de verano. Y mientras toma asiento y el tren se pone en marcha y el solo de trompeta lo invade todo, Paloma piensa que Junio va a ser siempre el mes más bonito del año.


Sevilla, Junio de 2012

Solsticio de verano

- Yo ya no como croquetas, Paloma.
- ¿Ni siquiera una por mí, Jose?

El chiringuito está casi lleno. Hace unos años, no muchos, lo han reformado, y ahora el negocio familiar tiene un aspecto moderno, muy chill-out. Camareros de negro, vajilla minimalista y carta reducida con platos que llenan un par de líneas con una exhaustiva descripción de sus ingredientes.

Él viene de muy buen humor y mientras esperan mesa, bromea con el camarero y con ella. Por fin los acomodan en una mesita pequeña, para dos, junto a la cerca de madera que rodea el porche. El sol del mediodía no es demasiado fuerte y el mar parece una lámina de vidrio azul.

Es el primer día de playa que pasan juntos y han estado toda la mañana charlando, intercambiando secretos y confesiones. Ella le ha contado del libro de los besos y de una historia de amor que tuvo un final diferente. Le ha hablado de su gran amor, del príncipe verdadero que sigue teniendo un lugar en su mesita de noche y en su corazón. Y de lo difícil que es para los demás hombres competir con la juventud eterna y con la insuperable perfección de los momentos felices congelados en el tiempo.

Él le ha hablado de deseos y curiosidades tardíamente satisfechas que jamás se atrevería a confesar a sus hermanos, de prostitutas que no besan y de masajes con final feliz. De los amores que perdió y del Amor, que continuamente se le escapa entre los dedos. Y de Borges. También le habla de Borges y de sus cuentos, pero no le ha dicho que sólo habla de Borges cuando se topa con una sirena curiosa y preguntona como ella.

Sobre la mesa ella ha extendido un reguero de piedras con forma de corazón que ha encontrado esta mañana en la arena. Cuando se las enseñó, jugó a descartar algunas - porque aún les queda un ratito, dijo, para convertirse en corazones verdaderos - y a él le encantó verla arrojarlas de nuevo al mar.

Ella le cuenta de sus planes, del año sabático que empieza mañana y de que quiere volver a estudiar. Porque las sirenas modernas necesitan aprender, quieren saberlo todo sobre la ciencia de los hombres y necesitan documentarse para sus escapadas a tierra firme. 

Él sabe que ella se irá pronto y piensa en lo afortunado que ha sido conociéndola. Esta noche se despedirán cuando oscurezca y los chicos comiencen a encender las hogueras en la playa. Algo en su interior le dice que no puede, que no debe esperar más. Así que de repente la mira a los ojos y sin pensarlo más, se come la última croqueta.


Sevilla, Junio de 2013

Ulises y la sirena

Para Noemí, que escribió el final de esta historia.


-Apagaré el móvil, no me vayan a dar tentaciones.
-Ulises, las sirenas no podremos llamarte si tienes el móvil desconectado.
-Lo se, pero soy un Ulises moderno y ya no tengo barco ni palo mayor dónde atarme para no sucumbir a vuestros cantos. Y solo así podré seguir navegando por los bares de la Alameda, buscando a mi Circe.
-¿Y Penélope?
-No me hables de ella. Está muy ocupada con su telar. Cuando partí ni se levantó a despedirme. Tengo que confesarte que me fuí a la Guerra de Troya porque ya no la soportaba. Circe es mucho más interesante. Y sobre todo, aún no me he acostado con ella. Eso la hace todavía más interesante.
-Pobre Penélope...
-No la compadezcas. Ella es feliz con su telar, el pequeño Telémaco y su Carrefour cerca de Palacio. Yo necesitaba aventuras y en Ítaca ya no podía encontrarlas.
-Ulises, hazme un favor. Cuando encuentres a Circe, cuando vivas con ella, preséntame a tu cuñado.


Sevilla, Junio de 2013

A solas

Para J.


Me acabo de masturbar recordándote desnuda, como tantas otras veces. Recordando tu culo grande, hermoso y bonito. Recordando tus pechos pequeños y firmes y tu vientre redondo. Recordando tu pubis, tan solo una suave y estrecha línea de vello afeitado.

Me acabo de masturbar recordando tu boca alrededor de mi pene y tus ojos lascivos mirándome mientras con tus manos abrias tus nalgas para dejarme el paso franco.

Me acabo de masturbar recordando tus labios abiertos, tu sexo caliente, tu pelo encrespado, tus pechos mojados, tus dedos crispados, tus gritos, los míos, los dos enredados.

Me acabo de masturbar recordándote, como tantas otras veces.


Sevilla, Junio de 2013

Ladrón de sueños

 Un regalo de Paloma que me habría gustado escribir a mí.


Ha entrado y no lo he visto, quizás sea invisible, pero hace unos dias llegó a mi casa el Ladrón del Sueño. No se para qué quiere el sueño de los demás ni donde lo guarda. Yo creo que en el fondo del mar, atrapado en alguna gruta submarina. Lo mete en tarros y deja a las personas en vela cada noche, todas las noches. Y no dejo de preguntarme: Si en mi edificio viven veinticuatro familias, con una media de cuatro miembros en  cada una, ¿Se habrá quedado con el sueño de todos o sólo venía a por el mío?

Creo que venía sólo a por el mío, porque de madrugada sólo se reflejaba en la calle la luz de mi habitación. Se ha llevado el sueño que necesito para reponerme, para recuperar las fuerzas que consumo durante el dia. Pero lo que no sabe este tipo es lo que me regala: Más horas de lectura y más tiempo para poner orden en mis armarios y para imaginar diversos proyectos y planes.

Maldito ladrón que se ha llevado mi sueño, si me lo hubiera pedido lo podriamos haber compartido o al menos negociado, pero no, lo quería enterito para él.

Pero anoche supe de un Mago que puede hacer que vuelva el sueño robado. Dicen que fabrica artilugios y los hace volar. Y desde el aire atraen el sueño, que sale de las profundidades marinas y regresa a tu cuerpo. ¡Que bien que exista la magia y que mal que haya ladrones!

Así que aquí te espero, ratero, tunante, mangante, si te atreves de nuevo a venir.


Sevilla, Junio de 2013

Bolonia

Para Paloma, que pasa las noches en vela persiguiendo un sueño que no llega.


...Claro que lo sabes, sabes perfectamente que se escribe siempre sobre lo que se ha vivido. Nadie puede imaginar pasión, desdén o ternura, sin haberlos sentido antes. Y los amores fugaces e intensos están llenos de todos esos sentimientos, maximizados por el poco tiempo que permanecen vivos. A veces pienso que me convertí, no se en qué momento, en un profesional de los amores extremos, apasionados y breves. Y no se si alguna vez me cruzaré -o quizás ya me cruzé y no la supe ver- con la mujer que por fin me haga dejar de escribir sobre amores perdidos, duelos y quebrantos. 

Estoy en Bolonia y la playa está gris. Este fin de semana de San Fernando y El Corpus parece más uno de Todos los Santos. El mar tiene un tono malva, las nubes cubren el cielo y la sierra cercana está semiescondida por la bruma. Nadie diría que estamos a finales de Mayo. Anoche no había estrellas en el firmamento y no fue posible pedir ningún deseo, salvo que hoy amaneciera un dia radiante. Pero los Hados, en este lugar un poco olvidado, un poco perdido y un poco mágico, deben estar en otras cosas porque no me han escuchado. Quizás estaban en no dejarte dormir anoche y en que te acordaras de mis relatos y que me escribieras, porque ha sido inesperado y sorprendente y hermoso recibir tu carta.

Así que es posible que los Hados trabajen más de lo que tu y yo imaginamos, tejiendo redes que terminen por atraparnos a ambos, mientras tu miras las estrellas en Sevilla y yo las pinto en el techo de mi pequeña habitación, en una azotea que, cuando sopla el Poniente y hace rugir el mar tan cercano, parece el camarote de un barquito a la deriva, a punto de hundirse en las tenebrosas aguas del Atlántico.


Bolonia, Mayo de 2013

El corredor

Entrenaba a diario. Todos los días, al atardecer, salía a correr. Subía cuestas, hacía series y super series, tiradas largas y cortas a diversos niveles de intensidad. Luchaba contra el dolor, la falta de aire y la pesadez de las piernas. Corría, corría y corría, pero por más que lo hacía, no podía huir de sí mismo.


Sevilla, Mayo de 2013