Manjerico de San Antonio

En Lisboa, en la noche de San Antonio es costumbre entre los enamorados regalar a su amada un manjerico, que es una pequeña maceta donde crece una variedad de albahaca originaria de la India, de hojas pequeñas y redondeadas que forman una bóveda verde sobre el potecillo que las contiene. Entre las hojas del manjerico se clava una banderita de papel donde se suele escribir un breve poema de amor. 

Hoy es San Antonio y aunque no estemos aún en Lisboa, ahí tienes mi manjerico, como prueba del amor que va creciendo cada día dentro de mí desde que te conocí.



Llegaste a final de Abril, 
inesperada como una flor tardía.
Llenaste de perfume mis días 
y de pasión todas mis noches.

Cuando ya desesperaba 
de encontrarte
has invadido mi vida, 
mi casa y mis sueños.

Conquistadora de corazones,
me has puesto del revés
y ya no quiero que nada sea
como antes de encontrarme contigo.

Desde que llegaste, Mónica,
tu nombre esta grabado
en todo lo que hago,
en todo lo que pienso, 
en todo lo que escribo.

Reina de mi corazón
cúrcuma, sal y canela,
suave brisa del sur,
pasión sin pausa ni fecha.

Madre de una diosa antigua,
hija del fuego y del mar,
no encuentro palabras ni versos
para gritar al mundo
todo lo que te quiero.


Sevilla, Junio de 2017

Más que nada

En mi viejo tocadiscos suena esta tarde 
"Mais que nada" de Sergio Mendes 
y la música me envuelve 
recuerdo estas maravillosas 
primeras semanas 
a tu lado.



Dormir
y soñar contigo.
Despertar
y que mi primer pensamiento,
ahora,
sea siempre para ti.
Desayunar y mojar
las ganas que tengo de ti
en mi café negro.
Conducir y en cada semáforo
parar un segundo a imaginarte
riendo a mi lado.
Trabajar e inventar
que escribo tu nombre
en cada carta que envío.

Más que nada
deben ser
las ganas que tengo de verte.

Fines de semana llenos de ti,
de tu olor y de tu sonrisa,
de tu voz y de tu sexo.
Fines de semana
que no estás
y toda la casa
parece entonces tan grande sin ti.

Más que nada
deben ser
las ganas que tengo de verte.

Tardes de café y risas,
de copas lentas y conversaciones largas,
de pequeños y grandes secretos.
Hablamos tanto y de tantas cosas.
Historia de España,
las elecciones británicas,
la revolución pendiente,
la ONG donde colaboras
y lo que me gustas.
Tus ideas, las mías,
tan lejos a veces
y tan cerca otras.
De nuevo lo que me gustas
y luego,
nos preguntamos
de dónde venimos
y a dónde vamos.
Si existió Jesús
o si lo que importa
de verdad es su mensaje.

Más que nada
deben ser
las ganas que tengo de verte.

Pequeños halagos,
un "te echo de menos"
y la sorpresa imposible
de tu inesperada llamada
cuando estoy a punto de ir a dormir.
Noches al teléfono
donde solo es interminable
el tiempo que pasa
desde que se corta tu voz
hasta que de pronto
me llamas de nuevo.

Más que nada
deben ser
las ganas que tengo de verte.

No eres una chica revolucionaria,
y nunca quemarás Versalles,
pero a mi me has revolucionado por dentro.
Nunca enarbolarás la bandera roja
ni te indignarás en la Plaza Mayor,
Pero has conquistado,
sin esfuerzo,
todo mi terreno.

Más que nada
deben ser
las ganas que tengo siempre de verte.


Sevilla, Junio de 2017

Cuarenta y cinco minutos

Acabas de terminar de planchar y vas a preparar la cena a tus hijos. Son las diez y cuarto y hemos quedado en charlar un rato por teléfono a las once. Te he prometido, un poco presuntuoso, que te enviaría poemas, y ahora tengo menos de cuarenta y cinco minutos para contarte por qué estoy cada día más atrapado por ti. 

No sé por qué alguna vez dije que escribir poesía era más fácil. Estoy delante de esta página en blanco y solo tengo ante mí las fotografías que me enviaste anteayer y el recuerdo de nuestra cita de esta tarde para tomar café y charlar un rato.

Podría hablar de tu sonrisa, que me desarma cada vez que aparece iluminando tu rostro o de tu camaleónica capacidad para convertirte en una gata salvaje, al menos por unas horas, y no solo en aquella fiesta de disfraces a la que no asistí porque aún no te conocía. 

Podría contarle al mundo lo divertida que eres, y cómo tu mirada penetra muy dentro de mí haciéndome sentir desnudo e inerme y a la vez poderoso y a salvo de todo lo malo. 

Podría hablar durante largo rato de tu rostro en blanco y negro, sin maquillar, en una playa cualquiera del sur. De tu mirada limpia, de la seguridad que emana de cada poro de tu piel, de la serenidad que transmite tu mirada ligeramente alegre y de tus pómulos, levemente marcados y a punto, tal vez, de comenzar a reír en una carcajada llena de vida y alegría. 

De tu imagen de pie en la calle, junto a un coche de lujo, no puedo dejar de admirar tu gesto y tu talle perfectos. Tan alta, tan delgada y tan garbosa. Si para alguien se creó esa palabra, no tengo duda que fue para ti. Me encanta como ríes apoyada en el Ferrari, que todos saben que no es tuyo, y tú juegas a bromear con que ni tu misma te lo crees. No importa, no hay Ferrari mejor diseñado que tus pechos y tu vientre. Y yo, que he tenido la fortuna de poder verlos, me rio cada noche de los ingenieros de la factoría de Maranello. 

Y qué decir de esa fotografía montada en la bici, cerca del rio, si fue esa imagen la que me hizo caer en tus redes de las que no quiero ser rescatado. Prefiero morir asfixiado entre tus brazos que libre de tus cadenas entre las aguas de los mares del sur. Podría vivir sin ti, pero lejos de tu vientre me marchitaría un poco cada día. 

De la última imagen me fascina tu perfil señorial, patricio de nobleza antigua. De una belleza clásica, de señora de los pies a la cabeza. Tu mirada perdida en el vacío, pensativa y tu gesto atrapado sin que fueras consciente de ello revelan más de ti de lo que nunca quisiste mostrar. Tu semblante serio, la mejilla apoyada en la mano, donde luce ese pequeño y elegante anillo de jade que tengo tan asociado a ti, me habla de tu sencillez y tu discreción Dr. Me gustan tus hombros, anchos y fuertes casi como los de un hombre, que resaltan la estrechez de tu cintura. Quien no ha visto tu espalda desnuda, no sabe aun lo que es la belleza. 

Corre el reloj y me señala que quedan apenas diez minutos. Finalmente no ha sido poesía, pero cada palabra que he escrito está invadida por tu cercana presencia, impregnada de tu perfume y acompañada por esa música de los ochenta que tanto nos gusta a los dos. 

Y aunque descubro demasiado tarde que es imposible contar en cuarenta y cinco minutos todos los motivos, todas las razones por las que cada día me siento más atrapado por ti, no pienses, amor, que no lo he intentado.


Sevilla, Junio de 2017

Quizás es solo deseo


Para M.
A la que probablemente 
quiera.


 -¿Y hasta cuando cree usted que podemos seguir en 
este ir y venir del carajo?-le preguntó el capitán.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada 
desde hacía cincuenta y tres años, 
siete meses y once días con sus noches.
-Toda la vida -dijo.

Gabriel García Márquez
El amor en los tiempos del cólera



Déjame decirte que te quiero
aunque no sea verdad.
Si te quisiera,
seria capaz de morir por tí,
pero aún no puedo.
Quizás mañana sí
o quizás,
es que solo te deseo.

Déjame decirte que te quiero,
aunque todavía no sea verdad.
Si te quisiera,
lo dejaría todo por tí,
pero aún no puedo.
Quizás mañana sí
o quizás,
es que solo te deseo.

Déjame decirte que te quiero
aunque hoy no sea verdad.
Si te quisiera,
mataría un dragón para tí,
pero aún no puedo.
Quizás mañana sí
o quizás,
es que solo te deseo.

Déjame decirte que te quiero
aunque después no sea verdad.
Si te quisiera,
te escribiría los versos más profundos,
pero aún no puedo.
Quizás mañana sí
o quizás,
es que solo te deseo.

Déjame decirte que te quiero
aunque luego no sea verdad.
Si te quisiera,
pintaría líneas en tu espalda con mis dedos
pero aún no puedo.
Quizás mañana sí
o quizás,
es que solo te deseo.

Déjame decirte que te quiero
aunque no sea del todo cierto.
Quizás, amor, quizás,
es que solo te deseo.

Sevilla, Junio de 2017