Instrucciones para enviar un mensaje en una botella


Este texto fue una idea de María A. para acompañar un regalo -una botella para enviar mensajes- que le hicimos a mi hermano Pablo el día que cumplió 44 años. Lo escribimos en un bar de la Alameda de Hércules en un par de servilletas de papel, mientras esperábamos la cena.
--- o ---

Uso, prescripción y recomendaciones 

Este producto está indicado en caso de naufragio, voluntario o no, aburrimiento, voluntario o no, necesidad de expresar lo que se siente y no saber como hacerlo y deseo de ser comprendido.

Abstenerse de utilizar el producto personas que no crean que los deseos se cumplen, desconfíen de sus posibilidades ó del interés y afecto que los demás tengan en ellas.

1. Mantenga la calma.
2. Échele ilusión.
3. Sea sincero y honesto, consigo y con los demás.
4. Exprésese sin miedo ni rencor.
5. Abra la botella con delicadeza e introduzca el mensaje escrito con sus intenciones.
6. Antes de cerrarla, recuerde dar un beso de buena suerte en el interior del tapón de corcho que se acompaña.
7. Selle adecuadamente la botella con las bolitas de lacre que se adjuntan en la cajita.

No arroje la botella contra cuerpos sólidos, ya que peligraría su integridad. No lo haga, tampoco, en espacios públicos, fuentes o piscinas municipales ya que podría ser multado por la autoridad competente.

Recomendamos arrojar la botella en el mar, rios, riachuelos o charcos con la suficiente profundidad.


Si usted tiene especial interés en que alguien en concreto reciba el mensaje, se recomienda ponerlo al alcance de su mano.

Otros usos: Reconciliaciones

Se recomienda para este fin echar la botella con el mensaje en la bañera, acompañándola de pétalos de rosas, sales perfumadas y velitas encendidas.

Efectos secundarios

Si el destinatario está realmente enfadado, recomendamos no estar presentes durante la apertura de la botella para evitar daños al remitente de los cuales no se hace en absoluto responsable la empresa fabricante.


Sevilla, Marzo de 2011

Cosas sin importancia

Un poema a dos manos, de Jose Félix y María A.

Mientras nos contamos cosas sin importancia,
la lluvia resbala por los cristales de tu ventana
sin más razón que hacerte compañía.

Las luces de la calle se reflejan en las gotas
que tejen collares de mil colores,
como pequeños cristales de ámbar
que asoman del mar tras siglos de oscuridad,

y que se deslizan hasta el alféizar
soñando con rodear tu cuello,
mientras se pierden para siempre
en la penumbra del anochecer.


Sevilla, Febrero de 2011