Libre

Para Ángel V.


- ¡Las piezas, las piezas!... ¿Cuándo vas a entregar las piezas?

Los sonidos, que parecían venir de muy lejos, hicieron que despertara de su ensoñación. Enfrente, Miguel le gritaba, y recordó que estaban en el restaurante, en el almuerzo de trabajo.

El domingo cumpliría cuarenta y un años, y ya había perdido la cuenta de las comidas fuera de casa, las discusiones por los plazos de entrega y las negociaciones de los precios de venta.

Se levantó, y muy despacio, se quitó la corbata y la dejó encima de la mesa, junto al móvil corporativo y las llaves del coche.

- Miguel, ni sé cuándo se van a entregar las piezas, ni ya me importa.

Mientras se dirigía a la puerta del restaurante, una gran sonrisa fue apareciendo en su cara. Por fin, después de tantos años, era libre.

Sevilla, Abril de 2005

La chica dominicana

Para Carmen.

Lo pasó muy bien. Hacía meses que no lo pasaba tan bien.

La chica le dijo que tenía treinta y cinco años, aunque luego, en la cama, le confesó que ya pasaba los cuarenta. Era mulata, no demasiado guapa, divertida y muy cariñosa.

Cuando acabaron, ella estuvo un rato acariciándole la espalda mientras le contaba, sin prisas, historias de su país. Durante media hora, el resto del mundo dejó de existir y lo único importante fué lo que pasaba en aquella habitación.

Mereció la pena. Y solo fueron sesenta euros.

Sevilla, Abril de 2005

Aprender Alemán

Para GonzoTBA, por los buenos ratos.

Aprender Alemán, y correr, y trabajar muchas horas. Escribir cuentos y estudiar otra carrera. Hacer de todo y a todas horas, y no tener ni un minuto libre. Sobre todo, no tener un minuto libre. No sea que la recuerde. No sea que recuerde que todo esto lo hace para no acordarse de ella.

Sevilla, Abril de 2005

La asistenta

Para Claudia, con todo mi cariño.

Llega sobre las nueve de la mañana. Viene en vaqueros y camiseta. Nada más entrar, saluda y se dirige al dormitorio a ponerse el traje de faena. Es mi asistenta. Sentado en mi despacho la escucho cambiarse y fantaseo con ella. La imagino entrando desnuda, aquí donde escribo, con la bayeta en una mano y el limpiador en la otra: ¡Hoy me vas a hacer tú la limpieza, Papi!...

Sevilla, Abril de 2005

Amor imposible

El niño tendría unos nueve o diez años. La televisión aún era en blanco y negro. Cuando la cantante francesa apareció en la pantalla, se enamoró perdidamente de ella. Ya no recuerda quién era ni qué cantaba. Pero nunca olvidará la desesperación que le invadió cuando comprendió que nunca la conocería, y que de hacerlo, ella no se fijaría en un chiquillo de su edad.

Aquella noche dejó de creer que todo era posible y empezó a hacerse mayor.

Sevilla, Abril de 2005