Donde quiera que estés

Donde quiera que estés, se que estás a mi lado.

Lo que más lamento es no haberte dicho nunca que te quería. En realidad supongo que cuando era pequeño si te lo dije, pero no lo recuerdo. En cambio, si recuerdo las veces que me dabas a leer tus versos para que te diera mi opinión y apenas les echaba un vistazo y te decía un "están bien" sin entusiasmo. O cuando intentabas mantener una conversación conmigo y yo te respondía con monosílabos para quitarte las ganas. O las ocasiones en que te di una mala respuesta cuando solo intentabas ayudarme o interesarte por mis cosas.

Creo que solo comencé a entenderte a partir de que me casé. Fui comprendiendo tus silencios, tus enfados y tus agobios. Fui comprendiendo lo difícil que es ser padre y esposo y lo que a veces cansan los hijos. Y me di cuenta de lo mucho que me querías y el esfuerzo que hiciste por recuperarme cuando me creías perdido.

Hoy, que hace diez años que te fuiste, quiero que sepas que nunca me perdiste, que siempre te quise y que te echo mucho de menos, papá, donde quiera que estés.

Sevilla, Diciembre de 2006

Un fantasma en el salón

En mi salón se ha instalado un fantasma. Es tranquilo y educado, aunque un poco bromista. Algunos días, cuando vuelvo del trabajo, me encuentro el florero de la mesita en una de las baldas de la librería o los ceniceros colocados boca abajo delante del aparato de radio. Yo hago como que me sorprendo y refunfuño en voz alta - ¡No lo entiendo! ¡Juraría que esta mañana esto no estaba así! - mientras lo coloco todo en su sitio. Entonces se escucha una risa tenue, pícara y juguetona trás el sofá, donde le encanta esconderse. Yo disimulo y me siento a la mesa, satisfecho de haber conseguido, un día más, que mi fantasma sea feliz.


Sevilla, Diciembre de 2006

Amor

Anochecía y soplaba un aire helado. Ibas a mi lado y de vez en cuando nos rozábamos al caminar. Te miré mientras hablabas y deseé abrazarte y protegerte del frío. Entonces supe que me iba a enamorar de ti.

Sevilla, Diciembre de 2006

Pasión

- Duchémonos juntos, amor. Quiero borrar de mi piel cualquier olor que no sea el tuyo.

Sevilla, Diciembre de 2006

Desengaño

- Creí que te quería, pero acabo de comprender que solo amaba la idea de quererte.

Sevilla, Diciembre de 2006

Ruptura

- Lo siento. Eres encantador, pero mi dragón no puede vivir a tu lado.

Sevilla, Diciembre de 2006

Azul eléctrico

Lo vi ayer, mientras desayunaba a media mañana, en una pausa del trabajo. Hacía mucho frío, y él -muy delgado, con pantalones de leopardo, camiseta llena de agujeros y una cresta de color azul eléctrico- temblaba sentado en el suelo tejiendo pulseras de cuero que vendía por un euro. No pude evitar pensar que hace mucho tiempo debió ser un bonito bebé, de mirada feliz y tez sonrosada. Y sentí miedo, por él, por mis hijos y por mí también. Por la inocencia y las ilusiones perdidas en una calle de una ciudad cualquiera, a golpe de hambre y de frío, esperando tan solo el nuevo día, o quizás el mismo, repetido una y otra vez.

Sevilla, Diciembre de 2006

(Algunas) cosas que quiero

Aún no se todo lo que quiero, ni todo lo que no quiero, pero por el camino voy aprendiendo...

Para ti, porque desde que te conocí nada ha sido igual.

Quiero despertarme a tu lado y velar tu sueño.
Quiero reir y llorar contigo.
Quiero celebrar tus éxitos y
acompañarte en tus malos momentos.
Quiero compartir mis sueños y soñar los tuyos.
Quiero tu fuerza y tu independencia
y esos momentos que necesitas estar a solas.
Quiero quererte cada día, cada hora,
cada segundo que pase a tu lado.
Quiero hacerte feliz y abrazarte fuerte
y sentirte muy cerca de mi.
Te quiero tal como eres, con tus silencios
y tus palabras, con tus sonrisas y tus besos,
con tus miedos y tus dudas y también con los mios.
Y quiero, algún día, bailar toda la noche contigo.

Sevilla, Diciembre de 2006

Quizás (no) te quiero por eso

Hay lugares de tu cuerpo,
que nunca me vas a enseñar.
Quizás (no) te quiero por eso.

Hay rincones de tu mente,
que nunca me vas a mostrar.
Quizás (no) te quiero por eso.

Hay mentiras en tu vida,
que nunca vas a revelar.
Quizás (no) te quiero por eso.

Hay ventanas en tu alma,
a las que nunca me voy a asomar.
Quizás (no) te quiero por eso.

Hay miedos en tu mirada,
que nunca podré calmar.
Quizás (no) te quiero por eso.

Hay secretos de tu infancia,
que nunca me vas a contar.
Quizás (no) te quiero por eso.

Hay noches que no te encuentro,
cuando te voy a buscar.
Quizás (no) te quiero por eso.

Hay un vacío muy grande,
que nunca podrás llenar.
Quizás (no) te quiero por eso.

Sevilla, Diciembre de 2006

La princesa y el anuncio del tren

Atrapado en el atasco, la ví esperando en la parada. Morena y muy arreglada, fumaba con cara de fastidio. Pensé que era demasiado guapa, demasiado bien vestida para montar en autobús. A su lado un enorme cartel anunciaba los últimos modelos de trenes de cercanias y ella encendía un cigarrillo tras otro, un poco desesperada. Había nacido para desayunar caviar y champan y pasar los veranos en un yate en la costa azul y nunca esperar a nadie.

Cuando decidí acercarme, un potente deportivo rojo paró a su lado. El conductor -rubio, alto, delgado- la recogió entre disculpas y se perdieron rápidamente en la avenida entre los rugidos del potente motor. El moderno tren del anuncio pareció mirarme con sorna cuando comprendí que yo no había nacido para las princesas.

Sevilla, Noviembre de 2006

Lola

Para Lola, claro.

Botas, vaqueros y cazadora. Lola se acerca al café entre la lluvia y el viento que le revuelve el peinado.

A Lola le gusta el chocolate y jamás va al cine sola. También le gusta escribir y no hace tanto, estuvo casada.

Lola sonríe y se emociona y sonríe otra vez. Y recuerda cómo le ha cambiado la vida en los últimos meses.

Lola es muy guapa. Tiene los ojos bonitos y mientras habla, a veces, enseña la cinta de su sujetador rosa.

A Lola la conocí ayer y ya solo quiero escribir para ella.

Sevilla, Noviembre de 2006

En un bar del centro

Escribo en un bar, al lado de un hindú que habla en inglés y no entiende nada.

A mi izquierda, una pareja que se divorciará dentro de poco, aun no lo sabe. Más allá, unas chicas se ríen, pero una echa de menos un novio que la rescate del grupo de amigas.

En la barra, la camarera se esconde detras de una columna de color rosa mientras piensa que de nuevo no llegará a fin de mes. Y en la mesa junto a la puerta, una rubia teñida está enamorada del mejor amigo de su marido.

Las dos chicas del fondo se besan sin saber que nunca mas volverán a verse.

Y yo en medio de todo, sigo escribiendo mientras el bar, poco a poco, se queda vacío.

Sevilla, Noviembre de 2006

Ocho años después

Para Eugenia.

Estuve en el Pilar, en el bar donde comimos aquellos callos con un sabor tan raro a vinagre ¿te acuerdas?. Pasé por la puerta de nuestro hotel, donde tanto nos quisimos y busqué durante un buen rato el sitio donde cenamos, pero no lo encontré. Quizás pasé por delante y no lo reconocí, o quizás cerró hace años.

Te llamé para contártelo pero me respondió el contestador de tu móvil. Y me emocioné recordando aquel tiempo en que aun me sentía capaz de cambiar mi vida.

Solo en la calle, se me saltaron las lágrimas. Aquí rocé la felicidad con la punta de los dedos pero me faltó, como siempre, valor para no dejarla escapar.

Ha sido mágico volver a Zaragoza. Me hubiera encantado verte, darte un abrazo y apretarte fuerte y llorar en tu hombro recordando un tiempo que hace mucho que se ha borrado.

Pero ahora que ya soy libre no quieres verme. Y me lo he ganado a pulso y lo lamento y probablemente ya no tenga remedio.

Se me escapa un "te quiero" bajito entre los labios y me siento más solo que en otros viajes, porque Zaragoza eres tú, y si ti, nada es igual.

Sevilla, Noviembre de 2006