Ahora

Ahora que te fuiste de todas mis mañanas.
Ahora que nuestra mesa está huérfana de tu plato.
Ahora que en nuestro armario ya no habitan tus vestidos.
Ahora que te has marchado llevándote los veranos 
y los otoños.

Ahora que la colada es siempre tan masculina.
Ahora que tu perfume ya no llena los pasillos.
Ahora que en la cocina no se guisan tus recetas.
Ahora que nuestra cama esta siempre tan vacía
y sola.

Ahora que en el sofá siempre me sobra sitio. 
Ahora que no te veo reflejada en los espejos.
Ahora que ya no estas, me faltas en todas partes.


Sevilla, Mayo de 2015

El último viaje de Esteban Etxeberría

En la segunda planta, justo enfrente de la vecina de pelo canoso que nunca se escuchaba pero todos sabían que espiaba parapetada detrás de la puerta, vivió durante unos meses Raquel Herranz, una hermosa mujer que rozaba la cuarentena, de pelo largo y oscuro, mirada curiosa y profunda y sensuales labios siempre rojos de carmín.

Hacía poco tiempo que Raquel había conocido a Esteban, un desaliñado y poco hablador escritor donostiarra que malvivía dando clases de francés a colegialas más interesadas en el último modelito de París que en la conjugación de los verbos irregulares.

Raquel se enamoró perdidamente de Esteban, que en su minúsculo y desordenado estudio, rebosante de libros y papeles, le narraba pequeños relatos donde ella siempre era de una u otra forma la protagonista. Esteban despertaba en las mujeres sentimientos diversos. A las de mediana edad, les inspiraba una ternura maternal, quizás por la aparente fragilidad que transmitía en todos sus gestos y miradas. Las jóvenes, por el contrario, se enamoraban de sus inquietantes ojos azules, de sus historias contadas a media voz en cualquier rincón oscuro de los viejos cafés que poblaban el centro de Barcelona y de sus manos de dedos largos y finos de escritor o pianista.

Esteban, que lo sabía, no dudaba en sacar partido de aquello. Hacía meses que Doña Marta, su casera, recibía a cambio del alquiler que nunca cobraba, pequeñas historias escritas en papel de buen gramaje con aquellas delicadas manos de artista y vividor. Doña Marta siempre quedaba fascinada por aquellos relatos donde la protagonista era siempre -cómo no- una mujer madura que descubría el amor y la pasión en aventuras que sucedían en los lugares mas exóticos y remotos que se pudiera imaginar. Doña Marta colocaba cada uno de sus relatos mensuales en pequeños marcos que iban llenado las paredes de su casa y muchas tardes de invierno, cuando la soledad se hacía insoportable, la casera recorría los pasillos parándose a releer cada una de aquellas historias que la llevaban a mundos donde nunca pensó que podría viajar.

Raquel estaba al tanto del éxito de Esteban con las demás mujeres y aunque no lo llevaba del todo bien, la amabilidad, el encanto, la pasión y las promesas de amor eterno que su amante le hacía continuamente, le permitían no fijarse demasiado en algunos detalles que habrían hecho sospechar a cualquier otra menos enamorada del escritor que ella. Incluso sus amigas murmuraban a sus espaldas que era demasiado confiada, demasiado inocente, demasiado tonta ante las más que probables infidelidades de su muy querido novio. Raquel siempre tenía una disculpa, una negativa, un amoroso desdén ante cualquier amiga que tratara de advertirla de lo que era algo más que intuido por todas ellas.

Por eso, cuando Esteban desapareció sin dejar rastro, todas se apiadaron de la inocencia de Raquel, seguras de que el escritor había encontrado refugio en otro regazo más cálido, más joven o tal vez más hermoso que el de su desconcertada novia. 

Y más aún, ninguna de sus amigas se sorprendió del viaje que Raquel emprendió poco después para, según ella misma contó, poner paz en su espíritu, acompañada de ocho pesadas maletas que hacían resoplar por el esfuerzo a los mozos de la Estación de Francia, de donde partió sin destino conocido.


Sevilla, Mayo de 2015

Tal como vos, es Nesto

Para Lula.


Desmótico tal espinén compuesto,
Parácromo desextremado,
anárcuta y despértica sustancia,
tal como vos, es Nesto.

Upérrimo y desmenado albur,
ante mi desguarnecido.
¿No es veloz tu desmerticio?
Tal como vos, es Nesto.

Cocíndrido de huera faz,
mimético hasta la locura,
cáspulo sin desmitenia,
tal como vos, es Nesto.

Anándridos sin desayuno,
paupérrimos por tal o cual.
¿Cabe todo atrás la espuria?
Tal como vos, es Nesto.

Y  si el cuejo no descueja
y si el menio abunda en tres,
¿Nos es más nierva aquella tieja?
Tal como vos, Ernesto.


Sevilla, Mayo de 2015

Escribir poesia es más fácil

Para Lula.


Alguna vez he pensado, mientras me desesperaba en mí escritorio sin lograr componer un relato, que escribir poesía es más fácil. No siempre se necesita argumento, ni principio ni final. Tal vez, sólo escoger una palabra bonita y sonora y repetirla de vez en cuando. Y si se añade algún término de poco uso, mejor. Los versos quedarán bien ante el lector culto y sorprenderán al resto.

Escribir poesía, para mi, tan solo tiene un problema. Necesito estar enamorado, enfadado, despechado, herido o todo junto a la vez. Entonces me siento delante de mi página en blanco y las palabras se hilan solas, a veces de manera casi mágica. Tanto que luego, cuando las releo, siento que es imposible que aquello lo haya escrito yo.

Durante estos últimos meses mis sentimientos han estado muy amortiguados. Ni amor, ni odio, ni pasión, ni deseo ni tristeza. Sólo a veces un pequeño dolor, un sobresalto que duraba menos de lo que tardaba en llegar a mi escritorio intentando hilvanar algo de aquellas sensaciones difusas y fugaces.

Pero de pronto has aparecido, sin esperarte. Sin saber cómo, estás empezando a formar parte de mis noches, con largas conversaciones sobre poesía y música y libros y cine y nosotros. ¿Nosotros? Quizás aún no se pueda hablar de un nosotros, podría ser que un par de noches de silencio acabasen de repente con un nosotros que está recién nacido y que hay que cuidar con esmero para que no se desvanezca al primer sobresalto. 

Tu aún no sabes casi nada de mi, yo no sé casi nada de ti. Solo conocemos lo que cada uno ha querido enseñar al otro, lo mejor, nuestro mejor perfil, nuestras ideas brillantes, las plumas del pavo real. Ahora solo enseñamos lo bonito y lo feo, si lo contamos, es para que el otro no piense que no somos humanos. 

No obstante, yo sé y tu también sabes que hay sentimientos, deseos, pasiones que no se pueden pretender si no son ciertos. Tu amor por el jazz y la poesía, tu pasión por tu hija, mi amor por el cine y la literatura, mis queridísimos hijos, tu mirada, la mía, mi nariz grande y tu sonrisa bonita, nuestras conversaciones hasta la madrugada compartiendo risas y sueño, tu compromiso personal y político, nuestras esperanzas compartidas porque este sea el año en que las cosas comiencen a cambiar y nuestra ilusión por participar activamente en ello. 

Hay mil razones para que te quedes y para que yo no me vaya. Hay mil razones para que el aburrimiento pase de largo ante nosotros y no hay razones, porque el amor no sabe de razones, para que ese "amor fou" del que hemos hablado a veces no nazca de repente entre los dos.

No se donde nos llevará esto que estamos viviendo ahora. Pero si sé que cuando nos imagino de la mano, paseando y riendo por una playa de Levante mientras cae la noche y la espuma del mar nos sigue las pisadas, no me parece en absoluto una locura adolescente ni un sueño irrealizable.

El tiempo dirá, amor. El tiempo nos dirá.


Nota del autor: A veces, cuando se escribe un relato, todo comienza con una frase que de repente, sin saber cómo, nace en nuestro interior. Más de una vez, los mios han comenzado de esta manera. Y otras muchas, esa frase en apariencia genial, se ha quedado para siempre en el cesto de los papeles, huérfana de una historia que no he sabido continuar. Escribir poesía no es nada fácil, pero como título de un relato e hilo conductor del mismo, me pareció una excelente idea cuando de pronto la frase se me pasó por la imaginación. 

Hilar cuatro palabras y colocarlas con forma de verso, sin rima, sin gracia y sin música, eso está al alcance de cualquiera. Por el contrario, crear belleza, llegar a lo más escondido, a lo más profundo, a lo más íntimo del otro, eso es algo que solo está reservado a los grandes poetas.


Sevilla, Mayo de 2015

Y ya no estabas

Para Paola, a quién nunca encontré tiempo para escribirle poemas.


Luego estuve paseando por la playa
y ya no estabas.

Huiste quizás con el marinero ruso,
o puede que escapases a Isla Tortuga
en busca de Ulises y las sirenas.

Lo cierto es que ya no estás
y no puedo inventarte poemas.

Lo cierto es que ya no estás
y la noche de San Juan se acerca
y no se cómo pasarla sin ti.

Lo cierto es que ya no estás
y Lisboa y la lluvia y los Mares del Sur
se me antojan insoportablemente
lejanos desde que te has ido.

Lo cierto es que ya no estas
y ya nada parece sencillo.


Sevilla, Mayo de 2015