Patagonia otra vez

Para Puri, aventurera incansable y descubridora de mundos.

Un frío intenso. Un aire helado que corta la respiración. Un cielo de un azul asombroso.

Sin aliento, sudorosos, radiantes, coronamos la cumbre. Y cogidos de la mano vemos amanecer, mi amor, en Patagonia otra vez.

Sevilla, Noviembre de 2005

Al sur de Tortuga

Al sur de Isla Tortuga hay un lugar donde los barcos atracan llenos de aventureros en busca de tesoros y mujeres hermosas. Un lugar donde la vida vale muy poco y el arrojo se da por supuesto. En cada esquina acecha el peligro y en cada taberna curtidos bandidos se juegan fortunas ante una botella de grog.

Piratas, corsarios, princesas sin reino, bellezas marchitas y putas sin dueño llenan las calles del puerto y se alquilan al mejor postor. Al caer la noche, el aire cálido trae sonidos de espadas que chocan, gritos, disparos, peleas y alguna que otra palabra de amor.

Al amanecer, feroces capitanes zarpan a bordo de intrépidos navíos a enfrentar tormentas, arrecifes, calmas chichas y los barcos del Rey. Terribles tripulaciones se ríen de la muerte con cada golpe de mar y afilan sus dagas soñando riquezas que quizás nunca puedan gastar.

Al sur de Isla Tortuga la vida puede ser corta, pero créeme, muchacho, si te digo que sólo pienso en volver.

Sevilla, Noviembre de 2005

No sólo el sexo...

Me acabo de despertar. Todo está oscuro. Hace frío y el reloj de la mesilla marca las seis de la mañana. Es hora de levantarse para ir al trabajo. Un instante más tarde recuerdo que es Sábado. Sonrío, y sin abrir los ojos, me arropo con las sábanas y sigo durmiendo. ¿Conoces un placer mayor?

Sevilla, Noviembre de 2005

Una cuestión de tiempo

Al principio creyó que el dolor iba a partirlo en dos. Unos meses más tarde, ya casi no lo notaba. Cuando le pregunté, un año después, juró que el cuchillo siempre había estado allí, clavado en su costado.

Sevilla, Noviembre de 2005

Carolina y sus delfines

Para Carolina, por supuesto.
Y para Mía, por obligarme a volver.


Son dos delfines que saltan,
a su lado estan dos lunas.
Dos delfines que se ríen
y brillan de blanca espuma.

Mientras los delfines juegan,
Carolina cuenta historias.
Algunas que son verdad,
otras, sólo memoria.

Al fondo hay un arco iris,
entre medio, las dos lunas.
Y tu corazón alegre,
que es más grande que ninguna.

Cuando los delfines ríen,
tus manos, tus manos firmes,
me llevan por un camino
que no quiero que termine.

Carolina mira el mar,
las manos llenas de espuma.
Sus dos delfines vigilan
que no se vaya la Luna.

Sevilla, Noviembre de 2005