Otoño

Cae una lluvia fina que limpia el aire del verano que todavía no acaba de marcharse y deja un fresco olor a tierra mojada. Una lluvia que invita a a salir a la calle, a empaparse lentamente bajo ella y sentirse renovado, limpio por dentro y por fuera. Una lluvia que trae noticia del nuevo año que para mí siempre comienza en Septiembre, nunca en Enero.

Amo esta época del año. Me trae recuerdos de libros sin abrir que esconden secretos aún no revelados, la excitación ante el curso que acaba de empezar, el reencuentro con las viejas conocidas y quizás el hallazgo de un buen amigo escondida tras el rostro de un nuevo compañero.

El otoño es casi certeza de poder borrar todo lo malo del año que termina e ilusión por partir otra vez de cero. Momento de hacer balance, revisar ideas e imaginar nuevos proyectos. Tiempo para poner en la calle todo lo viejo, todo lo que nos duele y dejar en casa, en nuestro interior, sólo aquello que nos dé la paz que, aunque no lo sepamos a veces, todos andamos buscando.

Sevilla, Septiembre de 2008

Dos extraños

Ella siempre de negro, él siempre de blanco.

Se buscaron por toda la ciudad. En los parques, tras los setos descuidados, junto a los bancos escondidos, cerca de las fuentes donde beben sedientas las golondrinas en verano. Cruzaron viejos puentes, tranquilos paseos y frondosas arboledas. Visitaron olvidados museos, vacías iglesias, el solitario Jardín Botánico y el ruinoso convento del Carmelo.

Ella siempre de negro, él siempre de blanco.

Se buscaron en mitad de la noche y en el caluroso mediodía. Recorrieron avenidas llenas de luz y ruidos, callejuelas vacías, sórdidas esquinas y oscuros callejones. Se buscaron en invierno, después de cada nevada y en otoño, bajo la fina lluvia. Se buscaron en las tardes de primavera y en las cálidas noches de verano.

Ella siempre de negro, él siempre de blanco.

Una mañana, amaneciendo, se cruzaron en el paseo del río. Y no se reconocieron, porque por una vez, sólo por una vez,

el vestía de negro y ella iba de blanco.

Pero esta historia no termina aquí, querido lector. Te dejo imaginar si quizás más adelante, cualquier mañana de invierno, cualquier noche de verano, los dos se encontrarán y esta vez sabran con toda certeza, al cruzarse, que son quienes buscaban desde hace tanto.

Sevilla, Septiembre de 2008

Luna de Fidji

Para Guillermo y María.

Anochece y sólo se escucha el suave golpear de las olas contra el embarcadero. Nuestro velero cruje de vez en cuando, enfadado con el mar que parece no querer dejarlo dormir, y la sirena de un mercante levanta chillidos de las gaviotas que llenan la orilla.

Sentada en el muelle, tus pies casi tocan el agua y tu cabello negro, rizado y todavía húmedo por el último baño de la tarde, brilla a la luz de la Luna. Un fino vestido de hilo cubre tu cuerpo y solo me deja intuir tu hermosa desnudez. Tarareas bajito una canción mientras distraída arrojas al mar trocitos de madera que se alejan jugando en el agua. Pareces fascinada por el reflejo plateado de la Luna en el mar y solo despiertas de tu ensoñación cuando una suave brisa hace que te estremezcas de frío. Me siento a tu lado y no dices nada. Apoyas tu cabeza en mi pecho y una lágrima se asoma a tus ojos, que siguen mirando a lo lejos.

Has cruzado medio mundo para venir hasta aquí y muy pronto te habrás marchado. Pero cuando no estés, te recordaré como esta noche, hermosa, tranquila y bella bajo la Luna de Fidji.

Sevilla, Septiembre de 2008

¿Sabes qué es el amor? (*)

Amor es despertarme a tu lado y velar tu sueño.
Amor es reír y llorar contigo, celebrar tus éxitos
y acompañarte en tus malos momentos.
Amor es admirar tu fuerza y tu independencia
y respetar esos ratos que necesitas estar a solas.
Amor es quererte cada día, cada hora,
cada segundo que pase a tu lado.
Amor es hacerte feliz y abrazarte fuerte
y sentirte muy cerca de mi.
Amor es compartir mis sueños y soñar los tuyos.
Amor es quererte tal como eres, con tus silencios
y tus palabras, con tus sonrisas y tus besos,
con tus miedos y tus dudas y también con los míos.

...Y amor es bailar, tal vez, esta noche contigo.

Sevilla, Septiembre de 2008

(*) Esta carta es una variación, incluyendo algunas correcciones, cambios y diferencias de estilo, de "(Algunas) cosas que quiero", publicada en Diciembre de 2006.

Atardecer en Septiembre

Te acercas por el sendero, entre los árboles que unen sus ramas en lo alto. Vienes riendo y no puedo evitar contagiarme. Estas bellísima con tu vestido nuevo y el cabello revuelto por el aire fresco de las últimas tardes de verano.

Caminas despacio, sin prisa, como si la noche nunca fuera a llegar. En la mano derecha llevas tus sandalias azul turquesa y tus pies descalzos apenas parecen rozar el suelo. Ríes otra vez y jugando a avergonzarte, bajas por un instante la mirada. Al levantarla de nuevo, tus ojos, de un verde oscuro casi negro, reflejan los últimos rayos del sol, que travieso, no quiere irse del todo.

Me tomas de la mano y me llevas contigo. Cruzamos la puerta del palacio cuando la penumbra ya ha invadido el jardín y una ligera brisa agita las hojas secas esparcidas por el suelo. Un búho ulula un par de veces, asustado, mientras a lo lejos suenan los primeros compases de la orquesta.

El baile acaba de empezar.

Sevilla, Septiembre de 2008

Agosto

Es domingo por la mañana y desde la calle apenas llegan, tenues, algunos sonidos. El zumbido de las chicharras, un coche que pasa a lo lejos sin prisa, un perro que ladra, aburrido, a ratos y el revoloteo distraído de algún pájaro que vuelve al nido para protegerse del calor que ya se empieza a notar.

Estas asomada al balcón, velada por los visillos que se agitan perezosamente con la suave brisa del cercano mediodía. Al contraluz, desnuda bajo tu déshabillé rosa pálido, tus cabellos que apenas rozan tus hombros sólo me dejan entrever tu rostro.

Miras al jardín, donde el aire levanta un leve murmullo de las hojas del árbol que durante tanto tiempo nadie cuidó y que no pudo crecer como los otros. De vez en cuando te vuelves y me descubres observándote desde la cama y una sonrisa se dibuja en tus labios.

En el equipo de música, Luz canta "No me importa nada" y yo siento, también, que hoy no me importa nada más que estar contigo.

Sevilla, Septiembre de 2008