Luna de Fidji

Para Guillermo y María.

Anochece y sólo se escucha el suave golpear de las olas contra el embarcadero. Nuestro velero cruje de vez en cuando, enfadado con el mar que parece no querer dejarlo dormir, y la sirena de un mercante levanta chillidos de las gaviotas que llenan la orilla.

Sentada en el muelle, tus pies casi tocan el agua y tu cabello negro, rizado y todavía húmedo por el último baño de la tarde, brilla a la luz de la Luna. Un fino vestido de hilo cubre tu cuerpo y solo me deja intuir tu hermosa desnudez. Tarareas bajito una canción mientras distraída arrojas al mar trocitos de madera que se alejan jugando en el agua. Pareces fascinada por el reflejo plateado de la Luna en el mar y solo despiertas de tu ensoñación cuando una suave brisa hace que te estremezcas de frío. Me siento a tu lado y no dices nada. Apoyas tu cabeza en mi pecho y una lágrima se asoma a tus ojos, que siguen mirando a lo lejos.

Has cruzado medio mundo para venir hasta aquí y muy pronto te habrás marchado. Pero cuando no estés, te recordaré como esta noche, hermosa, tranquila y bella bajo la Luna de Fidji.

Sevilla, Septiembre de 2008

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es muy bonito. Gracias!!