Carmen y los haikus del último verano

Aquel verano Carmen llevaba la barra del República, en la Alameda y solo un par de noches antes del final de junio nos habíamos conocido delante de un café muy madrugador tras bromear a cuenta de los gin-tonics de autor, que eran la última moda del estío sevillano. Todo había sido emocionante. Nuestras conversaciones hasta el amanecer, los pequeños poemas japoneses que componía, jugando, en un instante, la música que me iba descubriendo y su precioso cuerpo, que me parecía incomparable al de ninguna otra mujer. Carmen era un poco pelirroja, alta y de piernas largas y su mirada y su sonrisa iluminaban la penumbra del pequeño bar de copas donde trabajaba. Pocos días después tuvo que partir de viaje y yo me quedé colgado de sus labios y sus ojos gatunos esperando con ansiedad mal contenida su primera carta.

Carmen me escribió unos días más tarde. Por pudor y por respeto no publicaré sus cartas, pero sí algunos fragmentos de las mías, que junto a las de ella fueron tejiendo una hermosa historia de amor que terminó abruptamente, antes de lo que ambos hubiéramos deseado.

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 Para Carmen, entre el 4 y el 29 de julio de 2012

...Me hago un café, y cuando su olor amargo me invade me acuerdo de ti. Y antes de tomarlo y después y todo el rato. Y miro el correo esperando una carta tuya y una punzada feliz en la boca del estómago me sorprende cuando la recibo. Y me aguanto las ganas de gritar a los compañeros de la oficina que he conocido a una mujer que me hace temblar de emoción como si tuviera quince años. Exultante, como si estuviera viviendo un milagro que no me merezco. Y me siento y te escribo un pequeño poema tras otro, sin darme y sin darte respiro....

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Los álamos del jardín susurran al frescor de la mañana, mientras escribo este poema.

La playa vacía,
la espuma acaricia
tus huellas suaves.

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El atardecer se cuela entre tus ropas y admira sorprendido tu desnudez.

Estío azul.
El mar en tu piel
sazona mis labios.

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Cuando la noche todo lo invade, tu luz, como un faro lejano, me guía entre los arrecifes del pensamiento y me lleva al seguro puerto de tus brazos.

 Amanecer de estío.
Tu sueño se va
entre cascabeles.

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 El cielo azul viene esta mañana con el sabor salado de una playa lejana, la brisa trae tu nombre entre sus dedos.

Gotas de agua.
Te refugias riendo
entre mis brazos.

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La tarde se esconde lentamente cuando llegan tus cartas. Tus dedos se unen a los míos y un escalofrío recorre mi cuerpo. Y digo tu nombre, Carmen, Carmen, y no me canso de repetirlo mientras el cielo se apaga suavemente.

Tras tu ventana
se agita traviesa
la luz de un farolillo.

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Quiero coger tu mano y sentir tu calor entre las mías. Y mirarte mientras caminas un paso por delante de mi. Tengo la sensación de que te conozco desde siempre, como si nos hubiéramos reencontrado después de un largo tiempo sin vernos. Cada palabra que escribo, cada verso, cada sentimiento, me parece haberlos sentido ya antes a tu lado.

Me siento en el jardín,
pienso en ti
mientras cae la noche.

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Desde mi ventana veo pasar el día y sé que queda menos para nuestro reencuentro.
 
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Y ahora, mientras termino este pequeño relato, imagino de nuevo a Carmen en la orilla del mar con los pies mojados por el Mediterráneo y desespero porque llegue un próximo San Juan y quememos juntos en una playa solitaria todo lo viejo y todo lo malo y todo lo feo y saltemos de la mano por encima del fuego y caigamos al otro lado en un beso interminable mientras la espuma del mar nos rodea con su tibio abrazo de verano.


Sevilla, Junio de 2013

El tren de Canadá

Anoche no pudo dormir. Desde muy temprano está en la estación. Solo lleva una pequeña mochila con una muda de ropa y sus dos libros preferidos, "El Aleph" de Borges y "El americano impasible" de Graham Greene. El tren sale a primera hora y no quiere perderlo por nada del mundo. Aún no sabe si Canadá será sólo la primera etapa de su viaje. O quizás si. Cuando esta mañana cerró la puerta de su lujosa casa en la exclusiva urbanización en las afueras de Sevilla, tuvo la sensación de que tardaría mucho tiempo en volver a aquel lugar. Chet Baker toca "Alone Together" en su iPhone cuando sube al tren. Siempre pensó que esa música era perfecta para las noches de verano. Y mientras toma asiento y el tren se pone en marcha y el solo de trompeta lo invade todo, Paloma piensa que Junio va a ser siempre el mes más bonito del año.


Sevilla, Junio de 2012

Solsticio de verano

- Yo ya no como croquetas, Paloma.
- ¿Ni siquiera una por mí, Jose?

El chiringuito está casi lleno. Hace unos años, no muchos, lo han reformado, y ahora el negocio familiar tiene un aspecto moderno, muy chill-out. Camareros de negro, vajilla minimalista y carta reducida con platos que llenan un par de líneas con una exhaustiva descripción de sus ingredientes.

Él viene de muy buen humor y mientras esperan mesa, bromea con el camarero y con ella. Por fin los acomodan en una mesita pequeña, para dos, junto a la cerca de madera que rodea el porche. El sol del mediodía no es demasiado fuerte y el mar parece una lámina de vidrio azul.

Es el primer día de playa que pasan juntos y han estado toda la mañana charlando, intercambiando secretos y confesiones. Ella le ha contado del libro de los besos y de una historia de amor que tuvo un final diferente. Le ha hablado de su gran amor, del príncipe verdadero que sigue teniendo un lugar en su mesita de noche y en su corazón. Y de lo difícil que es para los demás hombres competir con la juventud eterna y con la insuperable perfección de los momentos felices congelados en el tiempo.

Él le ha hablado de deseos y curiosidades tardíamente satisfechas que jamás se atrevería a confesar a sus hermanos, de prostitutas que no besan y de masajes con final feliz. De los amores que perdió y del Amor, que continuamente se le escapa entre los dedos. Y de Borges. También le habla de Borges y de sus cuentos, pero no le ha dicho que sólo habla de Borges cuando se topa con una sirena curiosa y preguntona como ella.

Sobre la mesa ella ha extendido un reguero de piedras con forma de corazón que ha encontrado esta mañana en la arena. Cuando se las enseñó, jugó a descartar algunas - porque aún les queda un ratito, dijo, para convertirse en corazones verdaderos - y a él le encantó verla arrojarlas de nuevo al mar.

Ella le cuenta de sus planes, del año sabático que empieza mañana y de que quiere volver a estudiar. Porque las sirenas modernas necesitan aprender, quieren saberlo todo sobre la ciencia de los hombres y necesitan documentarse para sus escapadas a tierra firme. 

Él sabe que ella se irá pronto y piensa en lo afortunado que ha sido conociéndola. Esta noche se despedirán cuando oscurezca y los chicos comiencen a encender las hogueras en la playa. Algo en su interior le dice que no puede, que no debe esperar más. Así que de repente la mira a los ojos y sin pensarlo más, se come la última croqueta.


Sevilla, Junio de 2013

Ulises y la sirena

Para Noemí, que escribió el final de esta historia.


-Apagaré el móvil, no me vayan a dar tentaciones.
-Ulises, las sirenas no podremos llamarte si tienes el móvil desconectado.
-Lo se, pero soy un Ulises moderno y ya no tengo barco ni palo mayor dónde atarme para no sucumbir a vuestros cantos. Y solo así podré seguir navegando por los bares de la Alameda, buscando a mi Circe.
-¿Y Penélope?
-No me hables de ella. Está muy ocupada con su telar. Cuando partí ni se levantó a despedirme. Tengo que confesarte que me fuí a la Guerra de Troya porque ya no la soportaba. Circe es mucho más interesante. Y sobre todo, aún no me he acostado con ella. Eso la hace todavía más interesante.
-Pobre Penélope...
-No la compadezcas. Ella es feliz con su telar, el pequeño Telémaco y su Carrefour cerca de Palacio. Yo necesitaba aventuras y en Ítaca ya no podía encontrarlas.
-Ulises, hazme un favor. Cuando encuentres a Circe, cuando vivas con ella, preséntame a tu cuñado.


Sevilla, Junio de 2013

A solas

Para J.


Me acabo de masturbar recordándote desnuda, como tantas otras veces. Recordando tu culo grande, hermoso y bonito. Recordando tus pechos pequeños y firmes y tu vientre redondo. Recordando tu pubis, tan solo una suave y estrecha línea de vello afeitado.

Me acabo de masturbar recordando tu boca alrededor de mi pene y tus ojos lascivos mirándome mientras con tus manos abrias tus nalgas para dejarme el paso franco.

Me acabo de masturbar recordando tus labios abiertos, tu sexo caliente, tu pelo encrespado, tus pechos mojados, tus dedos crispados, tus gritos, los míos, los dos enredados.

Me acabo de masturbar recordándote, como tantas otras veces.


Sevilla, Junio de 2013

Ladrón de sueños

 Un regalo de Paloma que me habría gustado escribir a mí.


Ha entrado y no lo he visto, quizás sea invisible, pero hace unos dias llegó a mi casa el Ladrón del Sueño. No se para qué quiere el sueño de los demás ni donde lo guarda. Yo creo que en el fondo del mar, atrapado en alguna gruta submarina. Lo mete en tarros y deja a las personas en vela cada noche, todas las noches. Y no dejo de preguntarme: Si en mi edificio viven veinticuatro familias, con una media de cuatro miembros en  cada una, ¿Se habrá quedado con el sueño de todos o sólo venía a por el mío?

Creo que venía sólo a por el mío, porque de madrugada sólo se reflejaba en la calle la luz de mi habitación. Se ha llevado el sueño que necesito para reponerme, para recuperar las fuerzas que consumo durante el dia. Pero lo que no sabe este tipo es lo que me regala: Más horas de lectura y más tiempo para poner orden en mis armarios y para imaginar diversos proyectos y planes.

Maldito ladrón que se ha llevado mi sueño, si me lo hubiera pedido lo podriamos haber compartido o al menos negociado, pero no, lo quería enterito para él.

Pero anoche supe de un Mago que puede hacer que vuelva el sueño robado. Dicen que fabrica artilugios y los hace volar. Y desde el aire atraen el sueño, que sale de las profundidades marinas y regresa a tu cuerpo. ¡Que bien que exista la magia y que mal que haya ladrones!

Así que aquí te espero, ratero, tunante, mangante, si te atreves de nuevo a venir.


Sevilla, Junio de 2013