La mancha

Para Miguel e Itziar, que siempre han estado ahí.

Una gota del aceite de la ensalada le manchó la camisa. Paró un momento de comer y trató de limpiarla, pero en lugar de desaparecer, la mancha comenzó a extenderse por su pecho. Un poco nervioso llamó al camarero. Este trajo enseguida polvos de talco, que fueron engullidos de inmediato por la mancha que ya alcanzaba su vientre.

Frenético, se levantó, frotandose con una servilleta y consiguiendo solo que la mancha se extendiese por su espalda. Trastabilló, tropezando con la mesa y tirando su contenido. Platos y comida se fueron al suelo entre el estruendo de vajilla destrozada.

Resbaló con los restos de la ensalada y quedó boca arriba, aturdido, mientras la mancha crecía por todo su cuerpo y teñía su cuello de un tono verdoso. Se llevó las manos a la garganta cuando notó que le faltaba el aire. Su cara comenzó a ponerse morada y los ojos se le salieron de las órbitas. Se retorció un par de veces y una espuma aceitosa surgió de sus labios resecos. Enseguida dejó de moverse, y su cadaver quedó en el suelo rodeado de restos de comida.

Inmediatamente un ejército de camareros apareció para recojerlo todo. En un instante el salón estaba limpio y el resto de comensales pudo continuar tranquilamente la comida.

Sevilla, Diciembre de 2004

El experto

Las telecomunicaciones eran lo suyo.

Tenía un potente ordenador que le permitía estar en contacto con todo el mundo y enviar miles de mensajes al mismo tiempo. Podía conversar cómodamente con cien clientes a la vez en treinta salas de "chat", gracias a su gigantesco monitor de 30 pulgadas con pantalla panorámica. El teléfono móvil tribanda G3E de última generación le permitía hacer videoconferencias múltiples con sus socios de Extremo Oriente, y podía hablar con todos sus agentes en América con solo pulsar un botón de su agenda electrónica...

Sí. Definitivamente, las telecomunicaciones eran lo suyo. Pero era incapaz de decir un "te quiero" a su mujer.

Sevilla, Diciembre de 2004

Transporte urgente

La mercancía tenía que salir urgentemente para China. Un avión accidentado en Shanghai necesitaba el repuesto y la compañía aérea no podía aguantar más. Doscientos pasajeros se deseperaban en la terminal, y Anselmo, que se había convertido en su portavoz, exigía a gritos una solución. ¡Quería llegar cuanto antes a casa para conocer a su nieto!.

Mario y Laura salían del hospital con su bebé, cuando los arrolló un camión de transporte urgente. Doscientos pasajeros tendrían que pasar otra noche en el aeropuerto. Y Anselmo ya no quería volver a casa.

Sevilla, Diciembre de 2004

La fórmula

Una cucharada de facturas, una pizca de pañales, dos medidas de hipoteca y tres onzas de silencios formaron una combinación casi perfecta. Pero aún faltaba algo. Durante años fueron añadiendo diversos ingredientes: medio vaso de reproches, un dedo de malentendidos, cien gramos de egoísmo, una libra de indiferencia... Ayer me llamaron emocionados. ¡Por fín habían descubierto, después de tantos esfuerzos, la fórmula magistral para disolver su amor!.

Sevilla, Diciembre de 2004

Amantes

- ¿Has hablado ya con ella?
- No, aún no lo he hecho.
- ¿Y a qué esperas?... Yo ya he dejado a mi novio, y tu parece que vas a remolque mío.
- Pero...Tu dijiste que no te importaba que estuviera casado...
- Sí, pero he cambiado de opinión. Ahora sólo te quiero para mí. Y tu también tendrás que escoger.

Sevilla, Diciembre de 2004

Un empleado modelo

Si faltaba un certificado, porque Pedro estaba de vacaciones, no importaba, él lo hacía. Si no había venido Laura, la chica de las facturas, no importaba, él las hacía. Si nadie quería trabajar durante un puente, no importaba, él lo hacía. Si Jaime, el que empaquetaba las piezas, estaba enfermo, no importaba, él lo hacía. Un buen día llegó a la fábrica y la encontró cerrada. Y no le importó. Por fin podría descansar.

Sevilla, Diciembre de 2004

Campo a través

Amanece. El viento congela mis manos y me hiere la garganta. Duele cada golpe de los pies contra el suelo persiguiendo figuras borrosas en la niebla.

Atravieso un túnel sin fin que se cierra tras de mí mientras avanzo. Apenas se oyen los ruidos del campo, amortiguados por la niebla, y me invade una sensación de irrealidad. Ya he olvidado el tiempo y la distancia y siento que las fuerzas me abandonan...

Y se que de nuevo voy a perder frente al único rival que me importa, el que en mi interior me ordena a cada paso que me detenga.

Sevilla, Diciembre de 2004

Celos

- ¡Ay, Joselito!... Si confiaras más en ti, no desconfiarias de mi.

Sevilla, Octubre de 2004

Infidelidad

Pablo y Pilar lo visitaban en su nueva casa...

En el salón, su cuñada palmeaba de alegría mientras le ganaba de nuevo a las damas y dentro, era Pablo quien perdía la partida.

Sevilla, Noviembre de 2003

29 días

¡Ya no podía soportarlo mas!... Los celos, la ansiedad y el miedo lo estaban consumiendo. El corazón le golpeaba tan fuerte el pecho que no le dejaba dormir. Las manos le temblaban y adelgazaba por días, a simple vista.

Todo estaba ocurriendo demasiado rápido y se sentía como cuando de pequeño lo revolcaba una ola cerca de la orilla. Girando y girando sin control dentro del agua, sin saber hacia donde nadar para salvarse...

El dolor era tan insoportable que decidió dejarla. Si con ella se encontraba asi, estar sin ella no podría ser peor. Pero de nuevo, se equivocó.

Sevilla, Noviembre de 2003

Noviembre

Hace un rato se despidió de su esposa. Un beso y una vaga disculpa...

Perdida la esperanza, mientras conduce se le saltan las lágrimas, invadido por una tristeza que no le abandona desde hace dos años. No puede evitar recordarla. Se culpa por todo lo ocurrido y sobre todo, la echa muchísimo de menos.

Piensa en no seguir, dar la vuelta y volver a casa. A veces lo ha hecho, pero hoy, no.

Recorre las calles por donde pasearon juntos y el lugar donde se abrazaban al despedirse. Temiendo y a la vez, deseando verla. Sin saber qué hará si se encuentran. ¿Decirle que la quiere y que no puede vivir sin ella? ¡Que locura...!

Pasan los minutos y como tantas veces, no se ha encontrado con ella. De nuevo se siente ridículo. ¿Qué hace allí, esperando que aparezca?...

Se aleja. Apenas da unos pasos, cuando le llaman. El corazón se le detiene. No puede creer que sea ella, pero reconocería su voz entre un millón.

Se vuelve y la ve, sonriendo y llenándolo todo con su presencia.

El sonríe también y mientras se acercan, la mira a los ojos y lee en ellos que esta vez no se separarán.

Sevilla, Febrero de 2003

El frío

¡Joder, la puta hostia!. Hay días que es mejor quedarse en la cama.

La Paqui se ha levantado un rato antes que yo y se ha ido con toda la pasta que tenia escondida en la ropa, para el último chino. Hace un frío de cojones, y la manta no abriga nada. Estoy hasta los huevos de vivir en esta chabola, llena de mierda y con la guarra esa que no para de hacerme la puñeta.

Aparte de eso, el día se presenta como cualquier otro. Deben ser las doce de la mañana y estoy con un mono del copón. El dolor de vientre es un poco mas fuerte de lo habitual, pero por lo demás, la misma jodienda de siempre.

Y el puto colchón, mojado como otras veces. Me he meado encima otra vez.

Me siento más débil que otros días, pero casi no hago caso. Anoche solo comí un mendrugo de pan para acompañar al último pico del día. Que mamonazo soy. En un descuido, le he quitado a la Paqui la ultima papelina que le quedaba y me la he metido yo. Que le den por el culo. Fóllate a cualquiera y que te pague él chute, le he dicho.

La he dejado en la puerta de la chabola y me he echado a dormir en el colchón. Anda y que le den. Ya me tiene harto.

¡Y ese dolor de vientre! Joder, me está matando.

¡Coño, y para colmo, la Paqui entrando por la puerta: ¿Cabrón, todavía estas vivo?. No creí que aguantaras tanto -me dice, mirándome a la barriga mientras se rie, la muy hija de puta.

¡Mierda! ¿Qué hace ese cuchillo clavado ahí? ¡Ya decía que me dolía!

¡Joder!, hay días que es mejor quedarse en la cama.

Sevilla, Octubre de 2002