Terror cotidiano

Abría la puerta temiendo encontrarla. Su silencioso reproche se había hecho insoportable. Evitaba cruzarse con ella por el pasillo, cambiaba de habitación cuando ella entraba y buscaba cualquier disculpa para retrasar todo lo posible la vuelta a casa.

Empezó a comer en el trabajo, se quedaba hasta muy tarde en la oficina y siempre estaba disponible para viajar donde necesitara la empresa.

Pronto se fijaron en él para un puesto de mayor responsabilidad y hace un par de semanas lo ascendieron a Director General.

Sevilla, Enero de 2005

Carne fresca

Para Antonio, compañero de charlas y carreras.

No vió llegar el golpe. Cuando recuperó el conocimiento se encontró sentado en el suelo, atado a un poste. A un par de metros, apenas visibles en la oscuridad, lo rodeaban en silencio unas sombras vestidas de andrajos, sucias y malolientes. Una de ellas se levantó y acercándose, lo degolló de un rápido tajo, sin crueldad y con destreza de carnicero. Esa noche habría carne fresca en el poblado de chabolas. Y él nunca llegaría a la manifestación contra el hambre.

Sevilla, Enero de 2005