No necesito explicar nada

No necesito explicar  tu sonrisa, tu mirada, o aquel beso. No necesito explicar como aprendí a mirar con tus ojos, que llenan de vida y color todas las cosas. No necesito explicar como escribes, desde lo más profundo de tu corazón. No necesito explicar tu espléndida desnudez, tus abrazos, tus misterios. 
No necesito explicar tu timidez, tu valentía, tu disconformidad con lo que todos llaman correcto. 
No necesito explicar tu pasión por la poesía, por la música, por el arte, por la vida.

¿Cómo contar tu manera de mover las manos cuando hablas?
¿Cómo explicar tu voz, tus manos grandes, tus ojos, tus largos dedos?
¿Quién puede entender tu boca, tu largo y dorado cabello?

No necesito, no quiero explicar
 por qué te quiero.


Sevilla, Enero de 2010

La playa

No recuerdo mucho de aquel dia. Solo el picor y el calor que daba aquel jersey amarillo de lana de cuello alto que mi madre nos puso a mí y a mis dos hermanos. Todos vestidos iguales, con esos pantalones cortos a cuadros tan típicos de los niños de los sesenta que apenas pasaban de las ingles.

¡Ibamos a la playa! y supongo que sería invierno o primavera y que en Sevilla haría frio. Pero cuando llegamos a Isla Cristina, el calor era sofocante y tan solo me ha quedado aquella sensación de agobio, de no querer jugar en la arena, de estar deseando subir al coche y regresar cuanto antes a casa.

¡Imagínate, nosotros que apenas habíamos visto el mar! y yo solo quería volver y quitarme aquella terrible prenda que aún hoy, casi cuarenta años despues, me sigue picando cuando la recuerdo.


Sevilla, Enero de 2010