Dich Lieben

Recién llego de la calle y recibo tus correos. Me mandas una canción, una receta de cocina, me cuentas en cinco líneas lo que haces. Me hablas de tus cosas, de tus hijos, de tus problemas de trabajo. Y siempre, al final, una sonrisa y un beso. Me he acostumbrado tanto a tus cartas, a leerte, que me parece haberlo hecho desde siempre. Luego, navego por tu blog y repaso tus historias, que me hacen pensar y sonreir. Y cada tarde en mi sofá, mientras te leo, me siento afortunado por quererte.

Sevilla, Diciembre de 2008

Entre tus piernas (IV)

Me perdí entre tus piernas. Y ahora no quiero encontrar el camino para salir de tu corazón.

Sevilla, Noviembre de 2008

Entre tus piernas (III)

Me perdí entre tus piernas. Y ahora tengo que encontrar el camino para echarte de mi corazón.

Sevilla, Noviembre de 2008

Entre tus piernas (II)

Me perdí entre tus piernas. Y ahora no puedo encontrar el camino para entrar en tu corazón.

Sevilla, Noviembre de 2008

Entre tus piernas (I)

Me perdí en tu corazón. Y yo solo quería encontrarme entre tus piernas.

Sevilla, Noviembre de 2008

De temporales y tormentas

- ¿Por qué debería agitarse tu temporal ahora que estás felizmente casada? Tu ya sabes que yo no fui bueno para ti. Tendré que perdonarme, tendrás que perdonarme alguna vez por no haber sido honesto contigo.

Sevilla, Noviembre de 2008

Insomnio

En el piso de abajo hay encerrado un monstruo. De noche golpea el techo bajo mi dormitorio y sus lamentos no me dejan dormir.

Sevilla, Noviembre de 2008

Otoño

Cae una lluvia fina que limpia el aire del verano que todavía no acaba de marcharse y deja un fresco olor a tierra mojada. Una lluvia que invita a a salir a la calle, a empaparse lentamente bajo ella y sentirse renovado, limpio por dentro y por fuera. Una lluvia que trae noticia del nuevo año que para mí siempre comienza en Septiembre, nunca en Enero.

Amo esta época del año. Me trae recuerdos de libros sin abrir que esconden secretos aún no revelados, la excitación ante el curso que acaba de empezar, el reencuentro con las viejas conocidas y quizás el hallazgo de un buen amigo escondida tras el rostro de un nuevo compañero.

El otoño es casi certeza de poder borrar todo lo malo del año que termina e ilusión por partir otra vez de cero. Momento de hacer balance, revisar ideas e imaginar nuevos proyectos. Tiempo para poner en la calle todo lo viejo, todo lo que nos duele y dejar en casa, en nuestro interior, sólo aquello que nos dé la paz que, aunque no lo sepamos a veces, todos andamos buscando.

Sevilla, Septiembre de 2008

Dos extraños

Ella siempre de negro, él siempre de blanco.

Se buscaron por toda la ciudad. En los parques, tras los setos descuidados, junto a los bancos escondidos, cerca de las fuentes donde beben sedientas las golondrinas en verano. Cruzaron viejos puentes, tranquilos paseos y frondosas arboledas. Visitaron olvidados museos, vacías iglesias, el solitario Jardín Botánico y el ruinoso convento del Carmelo.

Ella siempre de negro, él siempre de blanco.

Se buscaron en mitad de la noche y en el caluroso mediodía. Recorrieron avenidas llenas de luz y ruidos, callejuelas vacías, sórdidas esquinas y oscuros callejones. Se buscaron en invierno, después de cada nevada y en otoño, bajo la fina lluvia. Se buscaron en las tardes de primavera y en las cálidas noches de verano.

Ella siempre de negro, él siempre de blanco.

Una mañana, amaneciendo, se cruzaron en el paseo del río. Y no se reconocieron, porque por una vez, sólo por una vez,

el vestía de negro y ella iba de blanco.

Pero esta historia no termina aquí, querido lector. Te dejo imaginar si quizás más adelante, cualquier mañana de invierno, cualquier noche de verano, los dos se encontrarán y esta vez sabran con toda certeza, al cruzarse, que son quienes buscaban desde hace tanto.

Sevilla, Septiembre de 2008

Luna de Fidji

Para Guillermo y María.

Anochece y sólo se escucha el suave golpear de las olas contra el embarcadero. Nuestro velero cruje de vez en cuando, enfadado con el mar que parece no querer dejarlo dormir, y la sirena de un mercante levanta chillidos de las gaviotas que llenan la orilla.

Sentada en el muelle, tus pies casi tocan el agua y tu cabello negro, rizado y todavía húmedo por el último baño de la tarde, brilla a la luz de la Luna. Un fino vestido de hilo cubre tu cuerpo y solo me deja intuir tu hermosa desnudez. Tarareas bajito una canción mientras distraída arrojas al mar trocitos de madera que se alejan jugando en el agua. Pareces fascinada por el reflejo plateado de la Luna en el mar y solo despiertas de tu ensoñación cuando una suave brisa hace que te estremezcas de frío. Me siento a tu lado y no dices nada. Apoyas tu cabeza en mi pecho y una lágrima se asoma a tus ojos, que siguen mirando a lo lejos.

Has cruzado medio mundo para venir hasta aquí y muy pronto te habrás marchado. Pero cuando no estés, te recordaré como esta noche, hermosa, tranquila y bella bajo la Luna de Fidji.

Sevilla, Septiembre de 2008

¿Sabes qué es el amor? (*)

Amor es despertarme a tu lado y velar tu sueño.
Amor es reír y llorar contigo, celebrar tus éxitos
y acompañarte en tus malos momentos.
Amor es admirar tu fuerza y tu independencia
y respetar esos ratos que necesitas estar a solas.
Amor es quererte cada día, cada hora,
cada segundo que pase a tu lado.
Amor es hacerte feliz y abrazarte fuerte
y sentirte muy cerca de mi.
Amor es compartir mis sueños y soñar los tuyos.
Amor es quererte tal como eres, con tus silencios
y tus palabras, con tus sonrisas y tus besos,
con tus miedos y tus dudas y también con los míos.

...Y amor es bailar, tal vez, esta noche contigo.

Sevilla, Septiembre de 2008

(*) Esta carta es una variación, incluyendo algunas correcciones, cambios y diferencias de estilo, de "(Algunas) cosas que quiero", publicada en Diciembre de 2006.

Atardecer en Septiembre

Te acercas por el sendero, entre los árboles que unen sus ramas en lo alto. Vienes riendo y no puedo evitar contagiarme. Estas bellísima con tu vestido nuevo y el cabello revuelto por el aire fresco de las últimas tardes de verano.

Caminas despacio, sin prisa, como si la noche nunca fuera a llegar. En la mano derecha llevas tus sandalias azul turquesa y tus pies descalzos apenas parecen rozar el suelo. Ríes otra vez y jugando a avergonzarte, bajas por un instante la mirada. Al levantarla de nuevo, tus ojos, de un verde oscuro casi negro, reflejan los últimos rayos del sol, que travieso, no quiere irse del todo.

Me tomas de la mano y me llevas contigo. Cruzamos la puerta del palacio cuando la penumbra ya ha invadido el jardín y una ligera brisa agita las hojas secas esparcidas por el suelo. Un búho ulula un par de veces, asustado, mientras a lo lejos suenan los primeros compases de la orquesta.

El baile acaba de empezar.

Sevilla, Septiembre de 2008

Agosto

Es domingo por la mañana y desde la calle apenas llegan, tenues, algunos sonidos. El zumbido de las chicharras, un coche que pasa a lo lejos sin prisa, un perro que ladra, aburrido, a ratos y el revoloteo distraído de algún pájaro que vuelve al nido para protegerse del calor que ya se empieza a notar.

Estas asomada al balcón, velada por los visillos que se agitan perezosamente con la suave brisa del cercano mediodía. Al contraluz, desnuda bajo tu déshabillé rosa pálido, tus cabellos que apenas rozan tus hombros sólo me dejan entrever tu rostro.

Miras al jardín, donde el aire levanta un leve murmullo de las hojas del árbol que durante tanto tiempo nadie cuidó y que no pudo crecer como los otros. De vez en cuando te vuelves y me descubres observándote desde la cama y una sonrisa se dibuja en tus labios.

En el equipo de música, Luz canta "No me importa nada" y yo siento, también, que hoy no me importa nada más que estar contigo.

Sevilla, Septiembre de 2008

Serendipity (*)

No necesito dedicártelo. Tu ya sabes que es para ti.

A veces una palabra, una música, una canción, un olor, adquieren un significado especial, solo conocido para nosotros, que remueve nuestro interior.

Siempre que oigo la flauta del afilador, vuelven imágenes de un lejano verano, sentado en el balcón de casa junto a mi hermano, con los pies colgando, viendo pasar a la gente debajo nuestra, en la calle.

El olor a vino y vinagre rancios, me trae a la memoria los personajes que paraban en la bodega que había enfrente de casa. Todas las mañanas, "Escaleras", el vendedor de lotería, llegaba en su bicicleta, a la que iban atadas sus muletas, y entraba cojeando en el local. Con su boina oscura y sus patillas de hacha nos parecía un pirata de los de buen corazón, y cuando nos veía asomados al balcón siempre saludaba con su vozarrón aguardentoso. A nosotros nos daba un poco de miedo y nos fascinaba a la vez.

"Serendipity" es una de esas palabras que desde ahora significará algo especial para mi y tal vez, también para ti.

Me traerá tu olor, tu tacto, el color de tus cabellos, la sorprendente suavidad de tu piel, tu fascinante inteligencia, tu brutal honestidad, tu sinceridad a veces dolorosa y tus risas y tus lágrimas.

Sentiré de nuevo la paz que se respira en tu casa, las sabanas tendidas al viento en el jardín, con su olor a limpio, y tu cocina y la silla donde me sentaba a desayunar contigo.

Recordaré tu álbum de fotos, algunas ya desvaídas, y como sentí al verlas que me abrías una parte de tu corazón.

Te recordaré y sin querer, como ahora cuando escribo, una sonrisa aparecerá en mis labios.

Sevilla, Agosto de 2008

(*) Serendipidad (del Inglés Serendipity).

1. Facultad de hacer descubrimientos afortunados por accidente.
2. Sucesión de casualidades que concluyen, de manera inesperada, en un resultado afortunado.

[De los personajes del relato Persa "Los Tres Príncipes de Serendip", que hicieron tales descubrimientos en la persa Serendip, hoy Sri Lanka (Ceilán)].

Mañana de Carnaval II

Para Fernando y Carmen María.

La dejó en la cama, dormida. Desde la calle llegaban apagados los últimos ecos del Carnaval. Se acercó a la ventana y se volvió hacia ella. Venecia amanecía y un rayo de luz iluminó su cara unos segundos sin despertarla. Desnuda entre las sabanas revueltas, estaba bellísima.

Una lagrima escapó de sus ojos mientras se prometía amarla y quererla y protegerla siempre. Cuando volvió a la cama, su último pensamiento antes de quedarse dormido, fué para ella.

Sevilla, Febrero de 2008

Mañana de Carnaval I

Para Luisa.

La dejó en la cama, dormida. Desde la calle llegaban apagados los últimos ecos del Carnaval. Se acercó a la ventana y se volvió hacia ella. Venecia amanecía y un rayo de luz iluminó su cara unos segundos sin despertarla. Desnuda entre las sabanas revueltas, estaba bellísima.

Colocó la nota en la mesita, doblada cuidadosamente, junto a una foto de cuando fueron felices. Su último pensamiento, mientras se hundía en las frias aguas del Gran Canal, fue para ella.

Sevilla, Febrero de 2008

Salto mortal II

Para Isabel.

La dejó en la cama, dormida. Abrió la ventana, cerró los ojos y se lanzó al vacío.
Un segundo antes de estrellarse contra el suelo, recordó que la tarde anterior habian abandonado Venecia.

Sevilla, Enero de 2008

Salto mortal I

Para E., que me ha prohibido poner su nombre, pero esta historia siempre ha sido de ella.

La dejó en la cama, dormida. Abrió la ventana, cerró los ojos y se lanzó al vacío.
Luego, nadando por el Gran Canal, rió pensando que era una suerte vivir en Venecia.

Sevilla, Enero de 2008