Ocho años después

Para Eugenia.

Estuve en el Pilar, en el bar donde comimos aquellos callos con un sabor tan raro a vinagre ¿te acuerdas?. Pasé por la puerta de nuestro hotel, donde tanto nos quisimos y busqué durante un buen rato el sitio donde cenamos, pero no lo encontré. Quizás pasé por delante y no lo reconocí, o quizás cerró hace años.

Te llamé para contártelo pero me respondió el contestador de tu móvil. Y me emocioné recordando aquel tiempo en que aun me sentía capaz de cambiar mi vida.

Solo en la calle, se me saltaron las lágrimas. Aquí rocé la felicidad con la punta de los dedos pero me faltó, como siempre, valor para no dejarla escapar.

Ha sido mágico volver a Zaragoza. Me hubiera encantado verte, darte un abrazo y apretarte fuerte y llorar en tu hombro recordando un tiempo que hace mucho que se ha borrado.

Pero ahora que ya soy libre no quieres verme. Y me lo he ganado a pulso y lo lamento y probablemente ya no tenga remedio.

Se me escapa un "te quiero" bajito entre los labios y me siento más solo que en otros viajes, porque Zaragoza eres tú, y si ti, nada es igual.

Sevilla, Noviembre de 2006

1 comentario:

Anónimo dijo...

eugeniagana@hotmail.com