La coraza


Para Isabel, que me rescató cuando estaba a punto de caer al abismo.



"Te dije muchas veces que yo pertenecía a África. Y desde que llegué destinado como teniente médico a Sidi Ifni en 1964, supe que me quedaría en África hasta el fin de mis días."

Javier Reverte
El médico de Ifni


El guerrero escita entra cauteloso, espada en mano, en la cabaña en penumbra. Fuera aún resuenan los últimos lamentos de los heridos entremezclados con los gritos de los vencedores. En un rincón, cerca de un fuego moribundo, sucia de hollín y temblando de miedo y frío yace la bella esclava georgiana. Un inesperado temblor, mezcla de amor y deseo, recorre su cuerpo cuando se cruzan sus miradas y la rubia mujer alza sus brazos implorantes hacia él.

Deja caer la espada y quitándose la armadura y el casco se acerca a ella y la acuna entre sus brazos, mientras le susurra al oído, en un extraño idioma, palabras para tranquilizarla.

Un instante más tarde, cuando el puñal parte en dos su corazón, solo tiene tiempo para pensar que jamás debió haberse despojado de su coraza.

Sevilla, Junio de 2009

1 comentario:

Isabel dijo...

Gracias Jose por dedicarme este relato de aventuras y princesas. Me gusta que la princesa sea rubia :)
Y entonces...te he rescatado del abismo o he partido en dos tu corazón? ...O eres tu el que, con tu abrazo, me rescatas a mi ahora de mis dudas?