Asesino en serie

Para Concha G., cumpliendo una promesa.

Ya estaba muerto cuando empleando toda su fuerza lo colgó de un gancho, clavándolo entre los omóplatos. Con su cuchillo más afilado lo abrió en canal y con esmero profesional le extrajo las vísceras que depositó en diversas cubetas. Disfrutaba manipulando pulmones, hígado e intestinos aún calientes y humeantes. La sangre salía a borbotones del cuerpo inerte salpicando su pecho y empapando sus brazos hasta los codos. Bajo el cadáver, previsor, había colocado un recipiente donde recogía el rojo líquido que iba decolorando el cuerpo. Una sonrisa traviesa apareció en su rostro cuando de cuatro certeros tajos le cortó las extremidades. Sabía muy bien que pronto sería la hora. La sirena del Mercado Central sonó un instante después. Su turno en la carnicería había terminado.


Sevilla, Diciembre de 2012

1 comentario:

MMVconsulting dijo...
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