Noviembre

Hace un rato se despidió de su esposa. Un beso y una vaga disculpa...

Perdida la esperanza, mientras conduce se le saltan las lágrimas, invadido por una tristeza que no le abandona desde hace dos años. No puede evitar recordarla. Se culpa por todo lo ocurrido y sobre todo, la echa muchísimo de menos.

Piensa en no seguir, dar la vuelta y volver a casa. A veces lo ha hecho, pero hoy, no.

Recorre las calles por donde pasearon juntos y el lugar donde se abrazaban al despedirse. Temiendo y a la vez, deseando verla. Sin saber qué hará si se encuentran. ¿Decirle que la quiere y que no puede vivir sin ella? ¡Que locura...!

Pasan los minutos y como tantas veces, no se ha encontrado con ella. De nuevo se siente ridículo. ¿Qué hace allí, esperando que aparezca?...

Se aleja. Apenas da unos pasos, cuando le llaman. El corazón se le detiene. No puede creer que sea ella, pero reconocería su voz entre un millón.

Se vuelve y la ve, sonriendo y llenándolo todo con su presencia.

El sonríe también y mientras se acercan, la mira a los ojos y lee en ellos que esta vez no se separarán.

Sevilla, Febrero de 2003

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