Sevilla, Noviembre de 2003
lunes, noviembre 03, 2003
Infidelidad
Pablo y Pilar lo visitaban en su nueva casa. En el salón, su cuñada palmeaba de alegría mientras le ganaba de nuevo a las damas y dentro, era Pablo quien perdía la partida.
domingo, noviembre 02, 2003
29 días
¡Ya no podía soportarlo mas!... Los celos, la ansiedad y el miedo lo estaban consumiendo.
El corazón le golpeaba tan fuerte el pecho que no le dejaba dormir. Las manos le temblaban y adelgazaba por días, a simple vista.
Todo estaba ocurriendo demasiado rápido y se sentía como cuando de pequeño lo revolcaba una ola cerca de la orilla. Girando y girando sin control dentro del agua, sin saber hacia donde nadar para salvarse.
El dolor era tan insoportable que decidió dejarla. Si con ella se encontraba asi, estar sin ella no podría ser peor.
Pero de nuevo, se equivocó.
Sevilla, Noviembre de 2003
domingo, febrero 02, 2003
Noviembre
Hace un rato se despidió de su esposa. Un beso y una vaga disculpa...
Perdida la esperanza, mientras conduce se le saltan las lágrimas, invadido por una tristeza que no le abandona desde hace dos años. No puede evitar recordarla. Se culpa por todo lo ocurrido y sobre todo, la echa muchísimo de menos.
Piensa en no seguir, dar la vuelta y volver a casa. A veces lo ha hecho, pero hoy, no.
Recorre las calles por donde pasearon juntos y el lugar donde se abrazaban al despedirse. Temiendo y a la vez, deseando verla. Sin saber qué hará si se encuentran. ¿Decirle que la quiere y que no puede vivir sin ella? ¡Que locura...!
Pasan los minutos y como tantas veces, no se ha encontrado con ella. De nuevo se siente ridículo. ¿Qué hace allí, esperando que aparezca?...
Se aleja. Apenas da unos pasos, cuando le llaman. El corazón se le detiene. No puede creer que sea ella, pero reconocería su voz entre un millón.
Se vuelve y la ve, sonriendo y llenándolo todo con su presencia.
El sonríe también y mientras se acercan, la mira a los ojos y lee en ellos que esta vez no se separarán.
Sevilla, Febrero de 2003
Perdida la esperanza, mientras conduce se le saltan las lágrimas, invadido por una tristeza que no le abandona desde hace dos años. No puede evitar recordarla. Se culpa por todo lo ocurrido y sobre todo, la echa muchísimo de menos.
Piensa en no seguir, dar la vuelta y volver a casa. A veces lo ha hecho, pero hoy, no.
Recorre las calles por donde pasearon juntos y el lugar donde se abrazaban al despedirse. Temiendo y a la vez, deseando verla. Sin saber qué hará si se encuentran. ¿Decirle que la quiere y que no puede vivir sin ella? ¡Que locura...!
Pasan los minutos y como tantas veces, no se ha encontrado con ella. De nuevo se siente ridículo. ¿Qué hace allí, esperando que aparezca?...
Se aleja. Apenas da unos pasos, cuando le llaman. El corazón se le detiene. No puede creer que sea ella, pero reconocería su voz entre un millón.
Se vuelve y la ve, sonriendo y llenándolo todo con su presencia.
El sonríe también y mientras se acercan, la mira a los ojos y lee en ellos que esta vez no se separarán.
Sevilla, Febrero de 2003
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