domingo, diciembre 16, 2012

La lluvia

Era Octubre, estaba en Córdoba y llovía. Fueron las primeras gotas de un chaparrón casi contínuo que no se detuvo hasta un par de días antes de Navidad. Te echaba de menos, como casi siempre y te deseaba paseando conmigo por los rincones de la ciudad. Y entonces me paré en un café y en un par de minutos escribí este pequeño relato. 

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Cada mañana se asoma a la ventana esperando la lluvia que nunca miraron juntos desde la cama. La lluvia que diluye cada día el recuerdo de los pocos momentos que compartieron. La lluvia de la que nunca llegaron a refugiarse. La lluvia que jamás los empapó de camino a casa. La terrible lluvia que le recuerda cada día que su amor se marchitó a finales del último verano. 


Sevilla, Diciembre de 2012

domingo, diciembre 09, 2012

Amanecer

La motocicleta continuó trastabillando unos metros más, hasta que cayó al suelo suavemente, casi en cámara lenta. El permaneció unos segundos colgado del primer rayo de sol de la mañana preguntándose qué había ocurrido. Aún tuvo tiempo para pensar en los hijos que nunca tendría con Christine, antes de que repentinamente la noche lo cubriera todo.


Sevilla, Diciembre de 2012

sábado, diciembre 08, 2012

El guardián

Para Soledad, que supo de esta historia antes de que la escribiese.


Le ordenaron que esperase, delante de la puerta grande, el regreso del rey. Se quedó quieto, con la mirada fiera y al frente, como le habían enseñado, apoyado en su lanza y levemente encorvado. Pasó un día y otro y otro. Llegó el verano y tras él las lluvias. El polvo que levantaban los carromatos que entraban y salían de la ciudad y los excrementos de los pájaros que anidaban en un bosque cercano lo fueron cubriendo lentamente. Tras siglos de espera seguía allí, fiero y solemne, petrificado, guardando la puerta para un rey que nunca volvió.


Sevilla, Diciembre de 2012

La torre

La torre se alza ominosa en la noche de la capital. Como una mantis negra, espera voraz su primer suicida.


Sevilla, Diciembre de 2012

Grandes almacenes

Hilvanaban túnicas con seda de arañas negras. Cortaban patrones trazados sobre esqueletos. Tejían telas salpicadas de sangre seca. Las vendían, con notable éxito, todas las mañanas en la Plaza Mayor a un ejército de  muertos en vida que se agolpaban impacientes ante sus puertas.


Sevilla, Diciembre de 2012

jueves, diciembre 06, 2012

Miope

Era tímido y no sabia bailar. No obstante, iba a la milonga todos los martes y jueves sin faltar uno. Solía quedarse apoyado en la barra, con su martini a medio terminar, mirando el baile con ojos entornados de miope. Nunca sacaba a ninguna chica y apenas hablaba con nadie. En poco tiempo adquirió fama de distante y misterioso y todas las mujeres se morían de amor por el.


Sevilla, Diciembre de 2012

domingo, diciembre 02, 2012

Poeta de versos callados

Nunca he publicado en este blog nada que no fuera mío. Pero esta pequeña joya me la han dedicado con mucho cariño, y me ha gustado tanto que quiero que aparezca aquí.

Lastima que llegaras a mí con el corazón ya mudo… o puede que no y sea una suerte, porque un latido, solo uno, una sola palabra, un solo verso y puede que fuese suficiente para derribar las murallas de inquebrantables escamas de acero que construí alrededor del mío…
Lástima que llegaras a la orilla de mi piel con el corazón forradito de heridas, dolor y miedo, porque me gusta todo lo que he probado de ti…


Tu mirada transparente, el sabor de tu sonrisa en mi boca, la textura de tu piel en mis dedos, el encajar de tu orografía en mi cuerpo activando cada una de mis neuronas, esa brutalidad casi infantil que siempre me hace reír a carcajadas y no consigue ocultar esa sensibilidad que se adivina en tu forma de ver el mundo a través de un objetivo, en las letras que desparramas desnudando el alma, tus ganas de vivir y morder cada día para comerte cada instante, esa seguridad en ti mismo y esa autoestima de la que haces gala y que tanto necesitan que las cuiden y mimen…como trabajas con tus propias manos para esforzarte en transformar tu casa en un sitio que habite cómoda tu alma y sobre todas las cosas, esa forma de mirarme que dibuja mis contornos para dejar de ser invisible, incluso para mí misma, y me ruboriza hasta querer desaparecer de nuevo...

Lo intuyo, lo sé, de nada sirve que intentes ocultarlo, eres un Poeta de versos callados.


Lastima que llegaras a mí con el corazón ya mudo… o puede que no y sea una suerte, porque un latido, solo uno, una sola palabra, un solo verso y puede que fuese suficiente para derribar las murallas de inquebrantables escamas de acero que construí alrededor del mío…