jueves, septiembre 20, 2012

Mañanas de invierno

Para N., que dejó de esperarme hace tiempo.

Echo de menos aquellas mañanas del pasado invierno cuando me escapaba del trabajo para ir a verte a tu casa. Los diez minutos conduciendo se me hacían eternos y a veces zigzagueaba entre el tráfico de media mañana esperando ganar algunos segundos al instante en que nos encontraríamos. Subía los escalones hasta tu piso de dos en dos, de tres en tres y cuando llamaba a tu puerta todo mi cuerpo temblaba de deseo. Al abrir, siempre asomabas sólo medio cuerpo, cómo si no quisieras que los vecinos supieran que eras tu quien me esperaba. 

Entraba a tu casa y sin quitarme la chaqueta ni soltar la bolsa que llevo siempre colgada del hombro, te besaba cómo si fuese la última vez que nos íbamos a ver. Acariciaba tus pechos y sin apenas pausa comenzaba a desabrochar los botones de tu pantalón. Siempre llevabas vaqueros con botones. Y a mi me excitaba enormemente sentir cómo se soltaban uno tras otro hasta dejar tu sexo libre entre mis manos. 

Nunca esperaba. Mi sexo estaba tan duro que casi dolía.  Enseguida teníamos los pantalones y la ropa interior a media pierna y por fin, cuando nuestros sexos se tocaban, siempre - siempre -  suspirábamos de placer. 

Siempre estabas tan húmeda, tanto que estaba seguro de que estabas mojada desde antes que llegara. Tanto, que me excitabas hasta sentir que casi no podía respirar.

Me encantaba tu casa, con la cocina tan pequeña justo al lado de la entrada. Y me excitaba muchísimo darte la vuelta y ponerte de espaldas a mi, y penetrarte desde atrás mientras te apoyabas en la barra que separaba la cocina del salón.

Siempre era así, la primera vez. Penetrándote duro, agarrándote los pechos y escuchando tus gemidos y mis jadeos mezclados con los sonidos que llegaban desde la calle.

¡Dios! Echo tanto de menos aquellas mañanas del pasado invierno cuando me escapaba del trabajo para ir a verte a tu casa...


Sevilla, Septiembre de 2012


domingo, septiembre 02, 2012

Cien gramos

Ocurrió a finales de primavera, cuando después de haber roto pasamos la tarde y la noche juntos. Para ser exactos, sucedió a la mañana siguiente, cuando nos despertamos. Recuerdo que hacer de nuevo el amor contigo fue espectacular. Probablemente esté equivocado, pero aún lo recuerdo como la mejor de todas las veces que habíamos estado juntos.

Ahora estarías casi de siete meses, con tu barriga grande y esa belleza tan especial que solo tienen las embarazadas. El, o a lo mejor ella, ya estaría dando patadas, como anunciando sus prisas por salir al mundo, a conocerte, a conocerme, a conocerlo todo.

Me imagino pasando contigo las tardes, tocando tu vientre, viendo como cada día crecía un poco más. Dando esos paseos que todos los médicos recomiendan y acompañándote a los ejercicios de preparación para el parto. Supongo que no habríamos podido ir a aquel viaje a Extremadura,  a finales de Agosto, o quizás si, aunque los barrancos habrían tenido que esperar aún unos meses. Y tus fotos de aquellos días habrían sido completamente diferentes.

Te imagino hermosa y radiante y feliz. Yo también lo estaría, disfrutando con este embarazo, lo que no supe disfrutar años atrás. No se si estaríamos juntos aún. No se si las cosas habrían sido diferentes si hubieras decidido seguir adelante. No lo se. Pero si se que yo no habría dejado de estar a tu lado en ningún  caso. Y se que habría procurado que no dejases de hacer nada de lo que te gustaba.

Se que habría compartido contigo los desvelos nocturnos, los llantos, los biberones o el pecho a deshora. Estoy seguro de que habría sido  mejor padre y mejor pareja de lo que fui en su momento.

De lo único que me arrepiento es de no haber sido más enérgico, más insistente cuando me dijiste que ya habías decidido no tenerlo. Pero no tenía otra opción que respetar tu decisión, y se también que en aquel momento no podía ponerte entre la espada y la pared. Solo podía apoyarte aún a mi pesar.

A veces lo imagino rubio y alto como tu. Habría pesado casi cuatro kilos y quizás tendría mis ojos, aunque si hubiese tenido los tuyos me habría encantado. Y habría sido un niño querido, deseado y amado. Porque todo lo tuyo lo habría querido siempre, como un tiempo te quise a ti.


Sevilla, Septiembre de 2012