miércoles, noviembre 10, 2010

Una semana en París

De aquel viaje a París hay un instante que no puedo olvidar. Había entrado en una de esas horribles tiendas de recuerdos que hay en todas las grandes ciudades. Paseaba distraído entre estantes llenos de camisetas, tazas de desayuno y pequeñas reproducciones de la torre Eiffel. No recuerdo con claridad porqué estaba allí. Quizás hacía tiempo para entrar en un museo cercano o puede que esperase a alguien. Ya lo he olvidado. El caso es que me había parado delante de unas espantosas figuritas de escayola de la Victoria de Samotracia, entre sorprendido y horrorizado por encontrar, también en esa maravillosa ciudad, ese tipo de regalos que cuando los recibes de un amigo viajero, no sabes, definitivamente, en que lugar de tu casa esconderlos.

Supongo que hice algún comentario a media voz, solo para mí, o eso creí, porque ella debió escucharlo, y se acercó enseguida a pedirme en español -no hablaba francés, y me explicó que escuchar a alguien hablar en su idioma, la había animado a hacerlo- que le hiciera una foto con su móvil. Me contó que estaba allí de vacaciones, sola, un poco perdida pero cumpliendo uno de sus sueños. Visitar en la corta semana de que disponía todos los museos importantes de la ciudad.

Era muy guapa, morena, de ojos rasgados y una mirada penetrante, que casi te hacía sentir incómodo, como si en un momento estuviese arrancándote los más profundos secretos de tu interior. Llevaba una gorra a cuadros rojos y negros y el cabello le caía desordenado sobre los hombros.

Le propuse fotografiarla fuera, en la calle, delante de uno de esos típicos cafés parisinos, pero no, ella quería aquella foto justo allí, delante de un montón de camisetas serigrafiadas con un "Paris, je t'aime" en enormes letras rojas.

Se plantó delante mía, con su cara iluminada por una enorme sonrisa de felicidad, y de repente, aquella foto -tan mala como puede ser una foto con un móvil- bajo aquella luz horrible de los focos del techo que se peleaba a muerte con la que entraba desde el exterior, se convirtió en la más importante de mi vida.

Le hubiera hecho decenas, cientos de fotos, solo para prolongar aquel instante. La quise invitar a un café, que ella rechazó amablemente. Me dio un par de besos en las mejillas y se perdió, sonriendo, entre la multitud de turistas que invadían las aceras de los Campos Elíseos.

Quizás no me creas, pero sigo recordándola a todas horas y maldiciendo mi timidez. Quizás no me creas, pero fue el momento mas hermoso e intenso de aquella semana en París.


Sevilla, Noviembre de 2010

viernes, noviembre 05, 2010

Buenos dias

Para ella, 
que llegó de noche bajo la lluvia
y se marchó con las últimas luces 
de un dorado atardecer de otoño.

Buenos días,
ojos de miel y mirada felina.

Buenos días,
piel tersa y suave.

Adiós,
amor intenso y fugaz.


Sevilla, Noviembre de 2010

jueves, septiembre 30, 2010

Buscarte

Fui a buscarte y solo encontré
el aire agitado por tus pasos ligeros,
tu sombra desvanecida entre las otras,
hojas de un álamo recién pisadas,
el  eco del suave crujir de tu vestido nuevo
y la huella de tu mirada en una foto.


Sevilla, Septiembre de 2010

martes, mayo 11, 2010

Hija de las estrellas

Fue la Portadora del Fuego hace cien mil años, cuando aun los hombres no eran hombres y durante largo tiempo yo estuve a su lado. Y regresó en Babilonia, donde los sabios desde sus altos Zigurats descubrían el cielo, los planetas y las estrellas, y fue Ishtar, la Diosa de la Llama y del Amor que hechizaba a los hombres que se acercaban trémulos a su altar. Y yo, que conocía su secreto, callaba y sonreía en silencio. 

Y siglos más tarde fue Circe, la del dorado cabello, la que me embrujó por siete años y casi me hizo desistir de mi empeño por volver a Ítaca. Y luego fue Cibeles, hasta que desapareció el dia que los inconstantes hombres olvidaron el camino a su templo. Y yo, pobre centurión, vagué mil años por la tierra huérfano de sus encantos.

Hasta que un dia regresó como una Maga del Medievo y no tuvo que aprender nada, porque su sabiduría venía de muy antiguo. Y luego brilló en los salones del Dieciocho y a sus pies se inclinaron de nuevo Reyes y sabios, cortesanos y Emperadores. Y yo, que vivía entre ellos, sonreía y los miraba en silencio.

Y ahora, cuando ya nadie cree en nada, se reencarna en la Hechicera rubia que conoce todas las estrellas y sabe cuando sale la Luna. Y solo algunos, los que pertenecemos en secreto a la antigua cofradía de los Iluminados, lo sabemos y callamos y caemos bajo su embrujo, como lo hemos hecho desde hace milenios.

Porque la reconocemos en cuanto la vemos. Portadora del Fuego, Ishtar, Circe, Cibeles, Señora de los Hombres e Hija de las Estrellas.


Sevilla, Mayo de 2010

jueves, enero 14, 2010

No necesito explicar nada

No necesito explicar  tu sonrisa, 
tu mirada, o aquel beso. 

No necesito explicar tu espléndida desnudez,
tus abrazos, tus silencios. 

No necesito explicar tu timidez, tu valentía, 
tu rechazo por lo que todos llaman correcto. 

No necesito explicar tu pasión por la poesía, 
por la música, por el arte, por la vida.

¿Cómo contar tu manera de mover las manos cuando hablas?
¿Cómo explicar tu voz, tus manos grandes, tus ojos, tus largos dedos?
¿Quién puede entender tu boca, tu largo y dorado cabello?

No necesito, 
no quiero explicar
 por qué te quiero.


Sevilla, Enero de 2010

martes, enero 12, 2010

La playa

No recuerdo mucho de aquel dia. Solo el picor y el calor que daba aquel jersey amarillo de lana de cuello alto que mi madre nos puso a mí y a mis dos hermanos. Todos vestidos iguales, con esos pantalones cortos a cuadros tan típicos de los niños de los sesenta que apenas pasaban de las ingles.

¡Ibamos a la playa! y supongo que sería invierno o primavera y que en Sevilla haría frio. Pero cuando llegamos a Isla Cristina, el calor era sofocante y tan solo me ha quedado aquella sensación de agobio, de no querer jugar en la arena, de estar deseando subir al coche y regresar cuanto antes a casa.

¡Imagínate, nosotros que apenas habíamos visto el mar! y yo solo quería volver y quitarme aquella terrible prenda que aún hoy, casi cuarenta años despues, me sigue picando cuando la recuerdo.


Sevilla, Enero de 2010