martes, mayo 11, 2010

Hija de las estrellas

Fue la Portadora del Fuego hace cien mil años, cuando aun los hombres no eran hombres y durante largo tiempo yo estuve a su lado. Y regresó en Babilonia, donde los sabios desde sus altos Zigurats descubrían el cielo, los planetas y las estrellas, y fue Ishtar, la Diosa de la Llama y del Amor que hechizaba a los hombres que se acercaban trémulos a su altar. Y yo, que conocía su secreto, callaba y sonreía en silencio. 

Y siglos más tarde fue Circe, la del dorado cabello, la que me embrujó por siete años y casi me hizo desistir de mi empeño por volver a Ítaca. Y luego fue Cibeles, hasta que desapareció el dia que los inconstantes hombres olvidaron el camino a su templo. Y yo, pobre centurión, vagué mil años por la tierra huérfano de sus encantos.

Hasta que un dia regresó como una Maga del Medievo y no tuvo que aprender nada, porque su sabiduría venía de muy antiguo. Y luego brilló en los salones del Dieciocho y a sus pies se inclinaron de nuevo Reyes y sabios, cortesanos y Emperadores. Y yo, que vivía entre ellos, sonreía y los miraba en silencio.

Y ahora, cuando ya nadie cree en nada, se reencarna en la Hechicera rubia que conoce todas las estrellas y sabe cuando sale la Luna. Y solo algunos, los que pertenecemos en secreto a la antigua cofradía de los Iluminados, lo sabemos y callamos y caemos bajo su embrujo, como lo hemos hecho desde hace milenios.

Porque la reconocemos en cuanto la vemos. Portadora del Fuego, Ishtar, Circe, Cibeles, Señora de los Hombres e Hija de las Estrellas.


Sevilla, Mayo de 2010

3 comentarios:

Isabel Barceló Chico dijo...

Bellísima entrada, llena de poesía, de hondura y de sabiduría ancestral. Saludos cordiales.

José Félix dijo...

Y de amor, de mucho amor, también...

Zifra dijo...

¡que bonito!