miércoles, diciembre 26, 2012

Hacer el amor

La llevó hasta la cama y le quitó las mallas negras y ella le ofreció sus pechos grandes. La mujer tenía la lengua áspera por el alcohol. Se besaron con prisa descontenida. Ella quería que él le acariciara la cara, se moría porque él le acariciara la cara, gimió cuando por fin él le acarició la cara.

La mujer se quitó las bragas y tomó sus manos y llevó sus dedos dentro de ella, muy dentro de ella. Él la abrazó contra su pecho mientras sentía en sus manos agitarse el calor de su sexo. Luego besó su vientre y se detuvo sorprendido en el piercing del ombligo. - ¿Tienes un piercing en el ombligo?- se rió y la miró curioso. 

Sin esperar respuesta hundió la boca en su sexo y ella agarró su cabeza y él le hizo el amor sin penetrarla, -Montse, niña, esta noche no va a poder ser- se había reído él un rato antes casi a carcajadas.

Cuando terminaron, durante mucho rato trazó dibujos con sus dedos sobre los pechos, el vientre, las piernas, la espalda de ella. La mujer suspiraba y se apretaba contra él con los ojos cerrados. Nunca había conocido a nadie con tantas ganas de ser acariciada. Un escalofrío de ternura lo atravesó cuando comprendió de pronto que esa noche, quizás por primera vez para ambos, habían hecho el amor.


Sevilla, Diciembre de 2012

martes, diciembre 25, 2012

De barbas y bigotes

Dejarse barba es una gran responsabilidad.

Al pirata no le puede faltar una buena perilla y un bigotón desaliñado. El escritor maldito no lo es del todo sin una pequeña mosca bajo el labio inferior. No hay seductor que se precie sin una espesa barba de tres días un poco descuidada. Los modernos del barrio lo son menos si sus patillas no son finas y largas hasta la barbilla. Un científico loco parece más cuerdo sin un gran bigote blanco y no hay bandolero andaluz sin unas enormes patillas de pata de hacha. La revolución nunca llega sin un poco de pelo mal repartido por las mejillas y ¿quién imaginaría un fascista sin un fino bigotito sobre el labio superior?

Napoleón nunca se dejó barba y llegó a Emperador, pero murió desterrado en la isla de Santa Elena porque alguien olvidó advertirle que un Imperio no perdura si te afeitas a diario. Yo, que afortunadamente tengo una buena barba, juego con ella y un día soy pirata, otro escritor y al siguiente, moderno sin perro ni flauta. Pero últimamente, desde que ando enredado con la vecina de abajo, he guardado la indumentaria de donjuán en el armario y ya no dejo que pasen tres días sin afeitarme. No sea que sin querer, me traicione mi querida barba.


Sevilla, Diciembre de 2012

domingo, diciembre 16, 2012

En pedazos

El escritor rompió en pedazos el cuento que estaba escribiendo y la historia de amor se terminó de repente. Los protagonistas quedaron arrugados y rotos en el fondo de la papelera de su despacho.


Sevilla, Diciembre de 2012

La panadera y el narrador de cuentos

El escritor y la panadera tienen un asunto de amor. El la observa desde el café y compone historias que hablan de mujeres que siempre se parecen a ella. Y ella, afanada entre harinas y levaduras, piensa en él y sus panes enamoran a todo el que los prueba. A veces, cuando creen que nadie los ve, se hablan, se miran, se tocan, se ríen, se besan. Y todo el mercado simula, discreto, desconocer que el escritor y la panadera tienen un enredo de amor.


Sevilla, Diciembre de 2012

La lluvia

Era Octubre, estaba en Córdoba y llovía. Fueron las primeras gotas de un chaparrón casi contínuo que no se detuvo hasta un par de días antes de Navidad. Te echaba de menos, como casi siempre y te deseaba paseando conmigo por los rincones de la ciudad. Y entonces me paré en un café y en un par de minutos escribí este pequeño relato. 

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Cada mañana se asoma a la ventana esperando la lluvia que nunca miraron juntos desde la cama. La lluvia que diluye cada día el recuerdo de los pocos momentos que compartieron. La lluvia de la que nunca llegaron a refugiarse. La lluvia que jamás los empapó de camino a casa. La terrible lluvia que le recuerda cada día que su amor se marchitó a finales del último verano. 


Sevilla, Diciembre de 2012

domingo, diciembre 09, 2012

Amanecer

La motocicleta continuó trastabillando unos metros más, hasta que cayó al suelo suavemente, casi en cámara lenta. El permaneció unos segundos colgado del primer rayo de sol de la mañana preguntándose qué había ocurrido. Aún tuvo tiempo para pensar en los hijos que nunca tendría con Christine, antes de que repentinamente la noche lo cubriera todo.


Sevilla, Diciembre de 2012

sábado, diciembre 08, 2012

El guardián

Para Soledad, que supo de esta historia antes de que la escribiese.


Le ordenaron que esperase, delante de la puerta grande, el regreso del rey. Se quedó quieto, con la mirada fiera y al frente, como le habían enseñado, apoyado en su lanza y levemente encorvado. Pasó un día y otro y otro. Llegó el verano y tras él las lluvias. El polvo que levantaban los carromatos que entraban y salían de la ciudad y los excrementos de los pájaros que anidaban en un bosque cercano lo fueron cubriendo lentamente. Tras siglos de espera seguía allí, fiero y solemne, petrificado, guardando la puerta para un rey que nunca volvió.


Sevilla, Diciembre de 2012