viernes, diciembre 28, 2012

Asesino en serie

Para Concha G., cumpliendo una promesa.

Ya estaba muerto cuando empleando toda su fuerza lo colgó de un gancho, clavándolo entre los omóplatos. Con su cuchillo más afilado lo abrió en canal y con esmero profesional le extrajo las vísceras que depositó en diversas cubetas. Disfrutaba manipulando pulmones, hígado e intestinos aún calientes y humeantes. La sangre salía a borbotones del cuerpo inerte salpicando su pecho y empapando sus brazos hasta los codos. Bajo el cadáver, previsor, había colocado un recipiente donde recogía el rojo líquido que iba decolorando el cuerpo. Una sonrisa traviesa apareció en su rostro cuando de cuatro certeros tajos le cortó las extremidades. Sabía muy bien que pronto sería la hora. La sirena del Mercado Central sonó un instante después. Su turno en la carnicería había terminado.


Sevilla, Diciembre de 2012

Campo de tiro

Cayeron una tras otra sin previo aviso, horadando la tierra, formando perfectos cráteres rojos y humeantes. Cayeron más y más rápido hasta que todo el suelo se convirtió en una gran mancha roja y ya no cayeron más. Su corazón había latido la última gota de sangre.


Sevilla, Diciembre de 2012.

jueves, diciembre 27, 2012

Clávate sola en tu cruz

Ya no quiero verte.

No necesito tu tristeza
vital, tu desamparo sentimental.
Tu egoísmo escondido
tras una imagen falaz de niña desvalida.

Quédate con tus sueños
incumplidos e imposibles,
con tu falta de valor para afrontar la vida,
con tu miedo a ser normal,
que te impide vivir en paz.

Rómpete por la mitad y
escóndete en el placer
del sufrimiento,
refúgiate en ese dolor
que te hace creer tan especial.
Clávate en tu cruz
y desángrate de soledad y de miedo,
y te veré impasible quedar exangüe.
Sí, mariposa carnívora,
te veré impasible quedar exangüe.
Cava tu tumba cada dia
pero no me pidas que me entierre
contigo.

Ya no me pidas más que me entierre contigo.

Sevilla, Diciembre de 2012

miércoles, diciembre 26, 2012

Hacer el amor

La llevó hasta la cama y le quitó las mallas negras y ella le ofreció sus pechos grandes. La mujer tenía la lengua áspera por el alcohol. Se besaron con prisa descontenida. Ella quería que él le acariciara la cara, se moría porque él le acariciara la cara, gimió cuando por fin él le acarició la cara.

La mujer se quitó las bragas y tomó sus manos y llevó sus dedos dentro de ella, muy dentro de ella. Él la abrazó contra su pecho mientras sentía en sus manos agitarse el calor de su sexo. Luego besó su vientre y se detuvo sorprendido en el piercing del ombligo. - ¿Tienes un piercing en el ombligo?- se rió y la miró curioso. 

Sin esperar respuesta hundió la boca en su sexo y ella agarró su cabeza y él le hizo el amor sin penetrarla, -Montse, niña, esta noche no va a poder ser- se había reído él un rato antes casi a carcajadas.

Cuando terminaron, durante mucho rato trazó dibujos con sus dedos sobre los pechos, el vientre, las piernas, la espalda de ella. La mujer suspiraba y se apretaba contra él con los ojos cerrados. Nunca había conocido a nadie con tantas ganas de ser acariciada. Un escalofrío de ternura lo atravesó cuando comprendió de pronto que esa noche, quizás por primera vez para ambos, habían hecho el amor.


Sevilla, Diciembre de 2012

martes, diciembre 25, 2012

De barbas y bigotes

Dejarse barba es una gran responsabilidad.

Al pirata no le puede faltar una buena perilla y un bigotón desaliñado. El escritor maldito no lo es del todo sin una pequeña mosca bajo el labio inferior. No hay seductor que se precie sin una espesa barba de tres días un poco descuidada. Los modernos del barrio lo son menos si sus patillas no son finas y largas hasta la barbilla. Un científico loco parece más cuerdo sin un gran bigote blanco y no hay bandolero andaluz sin unas enormes patillas de pata de hacha. La revolución nunca llega sin un poco de pelo mal repartido por las mejillas y ¿quién imaginaría un fascista sin un fino bigotito sobre el labio superior?

Napoleón nunca se dejó barba y llegó a Emperador, pero murió desterrado en la isla de Santa Elena porque alguien olvidó advertirle que un Imperio no perdura si te afeitas a diario. Yo, que afortunadamente tengo una buena barba, juego con ella y un día soy pirata, otro escritor y al siguiente, moderno sin perro ni flauta. Pero últimamente, desde que ando enredado con la vecina de abajo, he guardado la indumentaria de donjuán en el armario y ya no dejo que pasen tres días sin afeitarme. No sea que sin querer, me traicione mi querida barba.


Sevilla, Diciembre de 2012

domingo, diciembre 16, 2012

En pedazos

El escritor rompió en pedazos el cuento que estaba escribiendo y la historia de amor se terminó de repente. Los protagonistas quedaron arrugados y rotos en el fondo de la papelera de su despacho.


Sevilla, Diciembre de 2012

La panadera y el narrador de cuentos

El escritor y la panadera tienen un asunto de amor. El la observa desde el café y compone historias que hablan de mujeres que siempre se parecen a ella. Y ella, afanada entre harinas y levaduras, piensa en él y sus panes enamoran a todo el que los prueba. A veces, cuando creen que nadie los ve, se hablan, se miran, se tocan, se ríen, se besan. Y todo el mercado simula, discreto, desconocer que el escritor y la panadera tienen un enredo de amor.


Sevilla, Diciembre de 2012