jueves, febrero 17, 2011

Instrucciones para enviar un mensaje en una botella


Este texto fue una idea de María A. para acompañar un regalo -una botella para enviar mensajes- que le hicimos a mi hermano Pablo el día que cumplió 44 años. Lo escribimos en un bar de la Alameda de Hércules en un par de servilletas de papel, mientras esperábamos la cena.
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Uso, prescripción y recomendaciones 

Este producto está indicado en caso de naufragio, voluntario o no, aburrimiento, voluntario o no, necesidad de expresar lo que se siente y no saber como hacerlo y deseo de ser comprendido.

Abstenerse de utilizar el producto personas que no crean que los deseos se cumplen, desconfíen de sus posibilidades ó del interés y afecto que los demás tengan en ellas.

1. Mantenga la calma.
2. Échele ilusión.
3. Sea sincero y honesto, consigo y con los demás.
4. Exprésese sin miedo ni rencor.
5. Abra la botella con delicadeza e introduzca el mensaje escrito con sus intenciones.
6. Antes de cerrarla, recuerde dar un beso de buena suerte en el interior del tapón de corcho que se acompaña.
7. Selle adecuadamente la botella con las bolitas de lacre que se adjuntan en la cajita.

No arroje la botella contra cuerpos sólidos, ya que peligraría su integridad. No lo haga, tampoco, en espacios públicos, fuentes o piscinas municipales ya que podría ser multado por la autoridad competente.

Recomendamos arrojar la botella en el mar, rios, riachuelos o charcos con la suficiente profundidad.


Si usted tiene especial interés en que alguien en concreto reciba el mensaje, se recomienda ponerlo al alcance de su mano.

Otros usos: Reconciliaciones

Se recomienda para este fin echar la botella con el mensaje en la bañera, acompañándola de pétalos de rosas, sales perfumadas y velitas encendidas.

Efectos secundarios

Si el destinatario está realmente enfadado, recomendamos no estar presentes durante la apertura de la botella para evitar daños al remitente de los cuales no se hace en absoluto responsable la empresa fabricante.


Sevilla, Marzo de 2011

domingo, febrero 13, 2011

Cosas sin importancia

Un poema a dos manos, de Jose Félix y María A.

Mientras nos contamos cosas sin importancia,
la lluvia resbala por los cristales de tu ventana
sin más razón que hacerte compañía.

Las luces de la calle se reflejan en las gotas
que tejen collares de mil colores,
como pequeños cristales de ámbar
que asoman del mar tras siglos de oscuridad,

y que se deslizan hasta el alféizar
soñando con rodear tu cuello,
mientras se pierden para siempre
en la penumbra del anochecer.


Sevilla, Febrero de 2011

viernes, febrero 11, 2011

miércoles, noviembre 10, 2010

Una semana en París

De aquel viaje a París hay un instante que no puedo olvidar. Había entrado en una de esas horribles tiendas de recuerdos que hay en todas las grandes ciudades. Paseaba distraído entre estantes llenos de camisetas, tazas de desayuno y pequeñas reproducciones de la torre Eiffel. No recuerdo con claridad porqué estaba allí. Quizás hacía tiempo para entrar en un museo cercano o puede que esperase a alguien. Ya lo he olvidado. El caso es que me había parado delante de unas espantosas figuritas de escayola de la Victoria de Samotracia, entre sorprendido y horrorizado por encontrar, también en esa maravillosa ciudad, ese tipo de regalos que cuando los recibes de un amigo viajero, no sabes, definitivamente, en que lugar de tu casa esconderlos.

Supongo que hice algún comentario a media voz, solo para mí, o eso creí, porque ella debió escucharlo, y se acercó enseguida a pedirme en español -no hablaba francés, y me explicó que escuchar a alguien hablar en su idioma, la había animado a hacerlo- que le hiciera una foto con su móvil. Me contó que estaba allí de vacaciones, sola, un poco perdida pero cumpliendo uno de sus sueños. Visitar en la corta semana de que disponía todos los museos importantes de la ciudad.

Era muy guapa, morena, de ojos rasgados y una mirada penetrante, que casi te hacía sentir incómodo, como si en un momento estuviese arrancándote los más profundos secretos de tu interior. Llevaba una gorra a cuadros rojos y negros y el cabello le caía desordenado sobre los hombros.

Le propuse fotografiarla fuera, en la calle, delante de uno de esos típicos cafés parisinos, pero no, ella quería aquella foto justo allí, delante de un montón de camisetas serigrafiadas con un "Paris, je t'aime" en enormes letras rojas.

Se plantó delante mía, con su cara iluminada por una enorme sonrisa de felicidad, y de repente, aquella foto -tan mala como puede ser una foto con un móvil- bajo aquella luz horrible de los focos del techo que se peleaba a muerte con la que entraba desde el exterior, se convirtió en la más importante de mi vida.

Le hubiera hecho decenas, cientos de fotos, solo para prolongar aquel instante. La quise invitar a un café, que ella rechazó amablemente. Me dio un par de besos en las mejillas y se perdió, sonriendo, entre la multitud de turistas que invadían las aceras de los Campos Elíseos.

Quizás no me creas, pero sigo recordándola a todas horas y maldiciendo mi timidez. Quizás no me creas, pero fue el momento mas hermoso e intenso de aquella semana en París.


Sevilla, Noviembre de 2010

viernes, noviembre 05, 2010

Buenos dias

Para ella, 
que llegó de noche bajo la lluvia
y se marchó con las últimas luces 
de un dorado atardecer de otoño.

Buenos días,
ojos de miel y mirada felina.

Buenos días,
piel tersa y suave.

Adiós,
amor intenso y fugaz.


Sevilla, Noviembre de 2010

jueves, septiembre 30, 2010

Buscarte

Fui a buscarte y solo encontré
el aire agitado por tus pasos ligeros,
tu sombra desvanecida entre las otras,
hojas de un álamo recién pisadas,
el  eco del suave crujir de tu vestido nuevo
y la huella de tu mirada en una foto.


Sevilla, Septiembre de 2010

martes, mayo 11, 2010

Hija de las estrellas

Fue la Portadora del Fuego hace cien mil años, cuando aun los hombres no eran hombres y durante largo tiempo yo estuve a su lado. Y regresó en Babilonia, donde los sabios desde sus altos Zigurats descubrían el cielo, los planetas y las estrellas, y fue Ishtar, la Diosa de la Llama y del Amor que hechizaba a los hombres que se acercaban trémulos a su altar. Y yo, que conocía su secreto, callaba y sonreía en silencio. 

Y siglos más tarde fue Circe, la del dorado cabello, la que me embrujó por siete años y casi me hizo desistir de mi empeño por volver a Ítaca. Y luego fue Cibeles, hasta que desapareció el dia que los inconstantes hombres olvidaron el camino a su templo. Y yo, pobre centurión, vagué mil años por la tierra huérfano de sus encantos.

Hasta que un dia regresó como una Maga del Medievo y no tuvo que aprender nada, porque su sabiduría venía de muy antiguo. Y luego brilló en los salones del Dieciocho y a sus pies se inclinaron de nuevo Reyes y sabios, cortesanos y Emperadores. Y yo, que vivía entre ellos, sonreía y los miraba en silencio.

Y ahora, cuando ya nadie cree en nada, se reencarna en la Hechicera rubia que conoce todas las estrellas y sabe cuando sale la Luna. Y solo algunos, los que pertenecemos en secreto a la antigua cofradía de los Iluminados, lo sabemos y callamos y caemos bajo su embrujo, como lo hemos hecho desde hace milenios.

Porque la reconocemos en cuanto la vemos. Portadora del Fuego, Ishtar, Circe, Cibeles, Señora de los Hombres e Hija de las Estrellas.


Sevilla, Mayo de 2010