martes, mayo 19, 2015

Escribir poesia es más fácil

Para Lula.


Alguna vez he pensado, mientras me desesperaba en mí escritorio sin lograr componer un relato, que escribir poesía es más fácil. No siempre se necesita argumento, ni principio ni final. Tal vez, sólo escoger una palabra bonita y sonora y repetirla de vez en cuando. Y si se añade algún término de poco uso, mejor. Los versos quedarán bien ante el lector culto y sorprenderán al resto.

Escribir poesía, para mi, tan solo tiene un problema. Necesito estar enamorado, enfadado, despechado, herido o todo junto a la vez. Entonces me siento delante de mi página en blanco y las palabras se hilan solas, a veces de manera casi mágica. Tanto que luego, cuando las releo, siento que es imposible que aquello lo haya escrito yo.

Durante estos últimos meses mis sentimientos han estado muy amortiguados. Ni amor, ni odio, ni pasión, ni deseo ni tristeza. Sólo a veces un pequeño dolor, un sobresalto que duraba menos de lo que tardaba en llegar a mi escritorio intentando hilvanar algo de aquellas sensaciones difusas y fugaces.

Pero de pronto has aparecido, sin esperarte. Sin saber cómo, estás empezando a formar parte de mis noches, con largas conversaciones sobre poesía y música y libros y cine y nosotros. ¿Nosotros? Quizás aún no se pueda hablar de un nosotros, podría ser que un par de noches de silencio acabasen de repente con un nosotros que está recién nacido y que hay que cuidar con esmero para que no se desvanezca al primer sobresalto. 

Tu aún no sabes casi nada de mi, yo no sé casi nada de ti. Solo conocemos lo que cada uno ha querido enseñar al otro, lo mejor, nuestro mejor perfil, nuestras ideas brillantes, las plumas del pavo real. Ahora solo enseñamos lo bonito y lo feo, si lo contamos, es para que el otro no piense que no somos humanos. 

No obstante, yo sé y tu también sabes que hay sentimientos, deseos, pasiones que no se pueden pretender si no son ciertos. Tu amor por el jazz y la poesía, tu pasión por tu hija, mi amor por el cine y la literatura, mis queridísimos hijos, tu mirada, la mía, mi nariz grande y tu sonrisa bonita, nuestras conversaciones hasta la madrugada compartiendo risas y sueño, tu compromiso personal y político, nuestras esperanzas compartidas porque este sea el año en que las cosas comiencen a cambiar y nuestra ilusión por participar activamente en ello. 

Hay mil razones para que te quedes y para que yo no me vaya. Hay mil razones para que el aburrimiento pase de largo ante nosotros y no hay razones, porque el amor no sabe de razones, para que ese "amor fou" del que hemos hablado a veces no nazca de repente entre los dos.

No se donde nos llevará esto que estamos viviendo ahora. Pero si sé que cuando nos imagino de la mano, paseando y riendo por una playa de Levante mientras cae la noche y la espuma del mar nos sigue las pisadas, no me parece en absoluto una locura adolescente ni un sueño irrealizable.

El tiempo dirá, amor. El tiempo nos dirá.


Nota del autor: A veces, cuando se escribe un relato, todo comienza con una frase que de repente, sin saber cómo, nace en nuestro interior. Más de una vez, los mios han comenzado de esta manera. Y otras muchas, esa frase en apariencia genial, se ha quedado para siempre en el cesto de los papeles, huérfana de una historia que no he sabido continuar. Escribir poesía no es nada fácil, pero como título de un relato e hilo conductor del mismo, me pareció una excelente idea cuando de pronto la frase se me pasó por la imaginación. 

Hilar cuatro palabras y colocarlas con forma de verso, sin rima, sin gracia y sin música, eso está al alcance de cualquiera. Por el contrario, crear belleza, llegar a lo más escondido, a lo más profundo, a lo más íntimo del otro, eso es algo que solo está reservado a los grandes poetas.


Sevilla, Mayo de 2015

sábado, mayo 16, 2015

Y ya no estabas

Para Paola, a quién nunca encontré tiempo para escribirle poemas.


Luego estuve paseando por la playa
y ya no estabas.

Huiste quizás con el marinero ruso,
o puede que escapases a Isla Tortuga
en busca de Ulises y las sirenas.

Lo cierto es que ya no estás
y no puedo inventarte poemas.

Lo cierto es que ya no estás
y la noche de San Juan se acerca
y no se cómo pasarla sin ti.

Lo cierto es que ya no estás
y Lisboa y la lluvia y los Mares del Sur
se me antojan insoportablemente
lejanos desde que te has ido.

Lo cierto es que ya no estas
y ya nada parece sencillo.


Sevilla, Mayo de 2015

sábado, mayo 02, 2015

Valiente y guapa

Para mi, porque me gustaría que alguna mujer, alguna vez, me escribiese una carta cómo esta.

Cuando me vi reflejada en el vidrio de la puerta del balcón, despeinada, desnuda, feliz, erguida, derecha, valiente y tan guapa, fue como si acabara de conocerme. Sintiéndote clavado en mí, me miraba y me parecía imposible el daño que, durante tanto tiempo, me había estado haciendo a mí misma. En ese momento supe que siempre estaría en deuda contigo.

Tu lengua, tu dedo, tu nariz, tus besos, tus manos me dijeron sin hablar, cosas de mí que yo no sabía.

Por ahora no sé cómo dejar de pensar en ello, ni de tener orgasmos bestiales cada vez que me relajo y vuelvo a vivir aquello.

Dicen que el tiempo lo cura todo. Ya veremos, amor, ya veremos.


Sevilla, Mayo de 2015

lunes, noviembre 03, 2014

Promesas de amor

Ya no te extraño nada. A veces me sorprendo pensando que ya no pienso en ti, que pasan las semanas sin recordarte, que tu largo y dorado cabello ya no me mantiene atado a ti.

Recuerdo cuando me decías que aquel amor se pasaría y yo te juraba que no y hasta me enfadaba contigo.

Recuerdo mis promesas de amor eterno que murieron al morir el ańo dejando entre los dos un abismo imposible de cruzar con ningún puente.

Demasiadas heridas, tantos cadáveres mal enterrados. Nuestro amor se convirtió en un zombi deambulante del que ambos huímos asustados, sin mirar atras.

Hoy, que hace mas de tres años que no te escribo, hoy que te odio con toda mi alma, porque si no te odiara no me podría tener en pie, te mando un beso y levanto mi copa por aquellos meses en los que mi vida junto a ti, en torno a ti, por ti y para ti, fue la más extraordinaria y peligrosa de las aventuras.


Sevilla, Noviembre de 2014

lunes, diciembre 16, 2013

La saxofonista

La saxofonista - rubia, alta, elegante y esbelta - llega pronto al club de Jazz. Se sienta junto a la barra y pide un Martini seco. Mientras el público va llenando el local, piensa en todo lo que le ha sucedido en los últimos meses. Su ruptura, traumática pero liberadora, con aquel hombre de quien no se desenamoró tan rápido como él se habría merecido. Su renuncia al trabajo en la agencia de publicidad, donde se sentía encerrada como en una cárcel de barrotes de oro. Y su mudanza a Barcelona, harta y asfixiada de la vida en un pueblo cerca de una capital de provincias.

Ana ha tenido miedo, mucho miedo. Tenía miedo a vivir con el hombre equivocado por no romperle el corazón. Tenía miedo a la acomodada seguridad que le proporcionaba su bien remunerado trabajo. Tenía terror a perderse en una sucesión de días y noches iguales hasta no ser capaz de distinguir el siguiente del anterior. Tenía pánico a que su única hija no fuese valiente por no serlo ella. Tenía, sobre todo, miedo a morirse de rabia y hastío en su pequeño pueblo, como una señora, como una elegante y aburrida señora.

Hace ya un mes que lo dejó todo y se vino a Barcelona con su pequeña maleta, su saxo tenor y su hija. Tuvo buen cuidado de no traerse ningún miedo con ella. Todos se quedaron encerrados en su caro chalet a las afueras del pueblo.

Hoy es su primera noche en el club. En el escenario ya la esperan el resto de los músicos de la banda. Apura su copa y se sitúa con paso tranquilo entre ellos. El público solo se percibe cómo un murmullo de voces oculto tras las candilejas. Un foco la ilumina de repente sumergiéndola en una atmósfera casi irreal. Toma el saxo y cuando suenan las primeras notas y el local se queda en absoluto silencio, justo entonces descubre, con total seguridad, que no se ha equivocado.


Sevilla, Diciembre de 2013

martes, noviembre 26, 2013

¿Quién dijo que había reglas?

Para mi amiga Montse


Después de todo, no me vengáis con vuestras reglas. ¿Quien dijo que el amor tenía leyes, ocasiones y momentos? ¿Quien os concedió autoridad para juzgar lo que siento? ¿Os atreveréis vosotros que vivís a salvo tras la barrera? ¿Vosotros que teméis a la vida más que a un toro de Miura?

Me muero de amor. Me muero de soledad y de tristeza. Pero es mi amor, son mi vacío y mi pena. Y si me los he ganado, si lo he perdido todo, no os permito ni una sola mirada reprobatoria. Conozco bien vuestra feroz alegria disfrazada de conmiseración cuando quien que se atrevió a salir del redil regresa apesadumbrada.

Os miro y os veo tan decentes, tan buenos, tan blandos, tan torpes, tan absolutamente predecibles que se, de seguro, que uno solo de mis instantes de pasión vale más que la gris neblina de todas vuestras enteras e inútiles vidas.


Sevilla, Noviembre de 2013

Café con churros

Para Carmen W.


Terminas tu carta diciendo que nos tomaremos un café con churros "cuando haga frío". Y me pregunto si no hace ya bastante frío. Me pregunto cuanto frío tiene que hacer todavía para que te encuentres conmigo y pueda mirar tus ojos de gata de nuevo. Y me descubro mirando las isobaras de los mapas del tiempo, midiendo temperaturas, siguiendo borrascas y anticiclones, mirando sin ver los noticiarios de la primera, la segunda, la tercera, la cuarta y la enésima, si existiera, esperando que lleguen las noticias del tiempo. Ya ves, yo que cambiaba de cadena cuando empezaba el parte, cómo decía mi tía abuela Concha, ahora lo espero cómo si fuera un nuevo capítulo de la última serie de moda. Y por más que voy de un canal a otro, por más telediarios que veo, no hace bastante frío. Y me sorprendo pidiendo a ese Dios en quien presumo no creer, que haga frío, más frío, muchísimo frío. Y le prometo diez misas, cuarenta padrenuestros o cien avemarías. ¡Pero, por Dios! Que nieve, que truene, que llueva, que venga la ventisca y el hielo y que sople el viento del Norte, pero que llegue por fin el frío que me conceda perderme, por una última vez, en el fondo de tus ojos negros.


Sevilla, Noviembre de 2013