sábado, mayo 16, 2015

Y ya no estabas

Para Paola, a quién nunca encontré tiempo para escribirle poemas.


Luego estuve paseando por la playa
y ya no estabas.

Huiste quizás con el marinero ruso,
o puede que escapases a Isla Tortuga
en busca de Ulises y las sirenas.

Lo cierto es que ya no estás
y no puedo inventarte poemas.

Lo cierto es que ya no estás
y la noche de San Juan se acerca
y no se cómo pasarla sin ti.

Lo cierto es que ya no estás
y Lisboa y la lluvia y los Mares del Sur
se me antojan insoportablemente
lejanos desde que te has ido.

Lo cierto es que ya no estas
y ya nada parece sencillo.


Sevilla, Mayo de 2015

lunes, noviembre 03, 2014

Promesas de amor

Ya no te extraño nada. A veces me sorprendo pensando que ya no pienso en ti, que pasan las semanas sin recordarte, que tu largo y dorado cabello ya no me mantiene atado a ti.

Recuerdo cuando me decías que aquel amor se pasaría y yo te juraba que no y hasta me enfadaba contigo.

Recuerdo mis promesas de amor eterno que murieron al morir el ańo dejando entre los dos un abismo imposible de cruzar con ningún puente.

Demasiadas heridas, tantos cadáveres mal enterrados. Nuestro amor se convirtió en un zombi deambulante del que ambos huímos asustados, sin mirar atras.

Hoy, que hace mas de tres años que no te escribo, hoy que te odio con toda mi alma, porque si no te odiara no me podría tener en pie, te mando un beso y levanto mi copa por aquellos meses en los que mi vida junto a ti, en torno a ti, por ti y para ti, fue la más extraordinaria y peligrosa de las aventuras.


Sevilla, Noviembre de 2014

lunes, diciembre 16, 2013

La saxofonista

La saxofonista - rubia, alta, elegante y esbelta - llega pronto al club de Jazz. Se sienta junto a la barra y pide un Martini seco. Mientras el público va llenando el local, piensa en todo lo que le ha sucedido en los últimos meses. Su ruptura, traumática pero liberadora, con aquel hombre de quien no se desenamoró tan rápido como él se habría merecido. Su renuncia al trabajo en la agencia de publicidad, donde se sentía encerrada como en una cárcel de barrotes de oro. Y su mudanza a Barcelona, harta y asfixiada de la vida en un pueblo cerca de una capital de provincias.

Ana ha tenido miedo, mucho miedo. Tenía miedo a vivir con el hombre equivocado por no romperle el corazón. Tenía miedo a la acomodada seguridad que le proporcionaba su bien remunerado trabajo. Tenía terror a perderse en una sucesión de días y noches iguales hasta no ser capaz de distinguir el siguiente del anterior. Tenía pánico a que su única hija no fuese valiente por no serlo ella. Tenía, sobre todo, miedo a morirse de rabia y hastío en su pequeño pueblo, como una señora, como una elegante y aburrida señora.

Hace ya un mes que lo dejó todo y se vino a Barcelona con su pequeña maleta, su saxo tenor y su hija. Tuvo buen cuidado de no traerse ningún miedo con ella. Todos se quedaron encerrados en su caro chalet a las afueras del pueblo.

Hoy es su primera noche en el club. En el escenario ya la esperan el resto de los músicos de la banda. Apura su copa y se sitúa con paso tranquilo entre ellos. El público solo se percibe cómo un murmullo de voces oculto tras las candilejas. Un foco la ilumina de repente sumergiéndola en una atmósfera casi irreal. Toma el saxo y cuando suenan las primeras notas y el local se queda en absoluto silencio, justo entonces descubre, con total seguridad, que no se ha equivocado.


Sevilla, Diciembre de 2013

martes, noviembre 26, 2013

¿Quién dijo que había reglas?

Para mi amiga Montse


Después de todo, no me vengáis con vuestras reglas. ¿Quien dijo que el amor tenía leyes, ocasiones y momentos? ¿Quien os concedió autoridad para juzgar lo que siento? ¿Os atreveréis vosotros que vivís a salvo tras la barrera? ¿Vosotros que teméis a la vida más que a un toro de Miura?

Me muero de amor. Me muero de soledad y de tristeza. Pero es mi amor, son mi vacío y mi pena. Y si me los he ganado, si lo he perdido todo, no os permito ni una sola mirada reprobatoria. Conozco bien vuestra feroz alegria disfrazada de conmiseración cuando quien que se atrevió a salir del redil regresa apesadumbrada.

Os miro y os veo tan decentes, tan buenos, tan blandos, tan torpes, tan absolutamente predecibles que se, de seguro, que uno solo de mis instantes de pasión vale más que la gris neblina de todas vuestras enteras e inútiles vidas.


Sevilla, Noviembre de 2013

Café con churros

Para Carmen W.


Terminas tu carta diciendo que nos tomaremos un café con churros "cuando haga frío". Y me pregunto si no hace ya bastante frío. Me pregunto cuanto frío tiene que hacer todavía para que te encuentres conmigo y pueda mirar tus ojos de gata de nuevo. Y me descubro mirando las isobaras de los mapas del tiempo, midiendo temperaturas, siguiendo borrascas y anticiclones, mirando sin ver los noticiarios de la primera, la segunda, la tercera, la cuarta y la enésima, si existiera, esperando que lleguen las noticias del tiempo. Ya ves, yo que cambiaba de cadena cuando empezaba el parte, cómo decía mi tía abuela Concha, ahora lo espero cómo si fuera un nuevo capítulo de la última serie de moda. Y por más que voy de un canal a otro, por más telediarios que veo, no hace bastante frío. Y me sorprendo pidiendo a ese Dios en quien presumo no creer, que haga frío, más frío, muchísimo frío. Y le prometo diez misas, cuarenta padrenuestros o cien avemarías. ¡Pero, por Dios! Que nieve, que truene, que llueva, que venga la ventisca y el hielo y que sople el viento del Norte, pero que llegue por fin el frío que me conceda perderme, por una última vez, en el fondo de tus ojos negros.


Sevilla, Noviembre de 2013

domingo, julio 28, 2013

Hasta mañana, Antonia

- Esta noche estaré solo. A no ser que quieras pasarla aquí conmigo.
- No, que eres muy peligroso.
- No más que tu, cariño.
- Podríamos haber quedado antes para ir al cine de verano. Así todo habría sido más fácil, pero se me acaba de ocurrir ahora. Desde hace unos días lo único que me apetece es sentarme a ver películas en la televisión.
- ¿Ya no quieres nada con los hombres?
- No, No es eso. Es que me tengo que centrar. No puedo salir a la calle con las bragas por las rodillas. No es mi estilo y tengo que volver a ser quien era.
- Siempre pensé que esa no eras tu. Tan modosita hace veinticinco años... Y los últimos meses parecías un putón verbenero.
- Jose, yo no soy modosita. Cuando estoy con el hombre que quiero, nunca lo soy. Con los ligues de una noche soy pudorosa, porque siento que no merecen conocer más de mí que lo poco que les muestro. Nadie que me crea fácil de llevar a la cama, sabrá nunca lo que pudo haber descubierto conmigo. Me gusta jugar a no gustarles demasiado, a ser un trozo de carne entre sus manos, a tomar todo lo que me puedan dar sin ofrecer más que migajas a cambio. Nunca soy tan egoísta como cuando estoy con un desconocido en la cama.
- Los desconocidos deberían dejar de serlo un poco cuando te acuestas con ellos.
- Te equivocas, Jose, como casi siempre. No hay nada más insoportablemente lejano y absurdo que un cuerpo extraño agitándose sobre ti en la penumbra de tu habitación.
- Me asustas cuando hablas así, cariño.
- Nadie dijo que a mi lado nunca ibas a sentir miedo, Jose. Eso se queda sólo para las fantasías de Corín Tellado.
- Entonces, hasta mañana, Antonia.
- Eso ha sonado muy rotundo, Jose, casi a despedida definitiva. 
- Tu nombre es rotundo, se escribe y suena rotundo, es algo que no se puede evitar.
- Podrías escribir una historia con ese título, cielo.
- Quizás mañana la escriba.


Sevilla, Julio de 2013

sábado, julio 13, 2013

Nana para Paloma

Cuando Paloma no tiene sueño, se aburre mucho y da vueltas en la cama. A veces toma el libro de la mesita de noche y lo lee de atrás hacia adelante y de delante hacia atrás. Lo manosea, lo deja a un lado, suspira y mira al techo esperando que en el reloj de la pared avance un lento minuto más. Porque hay noches que ni la más aburrida lectura es capaz de traerle el sueño que la abandona tan a menudo.

Cuando Paloma no tiene sueño, da vueltas en la cama y se aburre mucho. A veces coge su iPhone y wasapea con quién quiera que esté despierto a esas horas en un vano intento de compartir la soledad de la interminable madrugada. Pero casi siempre ocurre que su corresponsal acaba muerto de sueño, respondiendo cada vez con más lentitud hasta que Paloma descubre que de nuevo está sola en la noche boreal.

Cuando Paloma no tiene sueño, se aburre mucho y da vueltas en la cama. A veces, se imagina en los brazos de un caballero andante, un Lancelot solitario que la acurruca y le canta bonitas canciones al oído. Pero siempre, siempre, cuando siente que el sueño está a punto de vencerla, Lancelot se levanta y con una gentil reverencia se despide. Él también tiene sus obligaciones y Ginebra no le perdonaría que llegase tarde una noche más.

Cuando Paloma no tiene sueño, da vueltas en la cama y se aburre mucho. A veces, baja sus braguitas, que siempre son bonitas y con un dedo humedecido se toca un rato, buscando el sopor que llega después del orgasmo. Pero hay noches que todo se confabula contra sus ganas de dormir y pronto se aburre de esperar el clímax que no llega.

Cuando Paloma no tiene sueño, se aburre mucho y da vueltas en la cama. A veces imagina un lago y un embarcadero y un velero y un marino que la lleva lejos, a la otra orilla del mundo, donde nada duele y las noches son sólo para amar y para dormir. Pero esta noche Ulises ha faltado a su cita y Paloma se queda desvelada y enredada en sus ganas de navegar.

Cuando Paloma no tiene sueño, da vueltas en la cama y se aburre mucho. A veces me llama para que le hable y la distraiga con mis cuentos. Y yo, que soy buen amigo y mediocre poeta, le escribo una nana para que el insomnio se espante de mis ripios y Paloma, por fin, pueda dormir un rato.


Duérmete, Paloma.
Duerme mi niña,
que la noche te traiga
besos y caricias.

Duérmete, Paloma.
Duerme, Palomita,
que la noche mala
se vaya vencida.

Duérmete, Paloma
Duerme hasta mañana.
Tu cabello oscuro
sobre la almohada. 

Duérmete, Paloma.
Duerme sin parar,
que la fría noche
no te vea llorar.

Duérmete, Paloma.
Duerme mi niña,
que guardo tu sueño
con una sonrisa.



Sevilla, Julio de 2013