viernes, junio 05, 2009

El escita (variaciones sobre "La coraza" II)

"La gloria solo dura un instante, luego todos la olvidan. Pero el pesar puede acompañar al guerrero toda su vida."

Isabel Roblas


El guerrero escita entra cauteloso, espada en mano, en la cabaña en penumbra. Fuera aún resuenan los últimos lamentos de los heridos entremezclados con los gritos de los vencedores. En un rincón, cerca de un fuego moribundo, sucia de hollín y temblando de miedo y frío yace la bella esclava georgiana. Un inesperado temblor, un cansancio infinito por tantas muertes sin sentido invade su cuerpo cuando se cruzan sus miradas y la rubia mujer alza sus brazos implorantes hacia él.

Deja caer la espada y quitándose la armadura y el casco se acerca a ella y la acuna entre sus brazos, mientras le susurra al oído, en un extraño idioma, palabras para tranquilizarla.

Un instante más tarde, cuando sus compañeros, sedientos de sangre, irrumpen en la cabaña, hunde con extrema delicadeza su daga en el cuello de la esclava. Se levanta, toma de nuevo su espada y afirmando los pies en el suelo se dispone a morir junto al cuerpo agonizante de la mujer que acaba de descubrir que ama.


Sevilla, Junio de 2009

jueves, junio 04, 2009

La coraza


Para Isabel, que me rescató cuando estaba a punto de caer al abismo.



"Te dije muchas veces que yo pertenecía a África. Y desde que llegué destinado como teniente médico a Sidi Ifni en 1964, supe que me quedaría en África hasta el fin de mis días."

Javier Reverte
El médico de Ifni


El guerrero escita entra cauteloso, espada en mano, en la cabaña en penumbra. Fuera aún resuenan los últimos lamentos de los heridos entremezclados con los gritos de los vencedores. En un rincón, cerca de un fuego moribundo, sucia de hollín y temblando de miedo y frío yace la bella esclava georgiana. Un inesperado temblor, mezcla de amor y deseo, recorre su cuerpo cuando se cruzan sus miradas y la rubia mujer alza sus brazos implorantes hacia él.

Deja caer la espada y quitándose la armadura y el casco se acerca a ella y la acuna entre sus brazos, mientras le susurra al oído, en un extraño idioma, palabras para tranquilizarla.

Un instante más tarde, cuando el puñal parte en dos su corazón, solo tiene tiempo para pensar que jamás debió haberse despojado de su coraza.

Sevilla, Junio de 2009

sábado, mayo 09, 2009

Amor mío (III)

Ya salgo, mi amor.
Y correré,
y entraré,
y me desnudaré.
Y evitaré así, de nuevo, que me digas que ya no me quieres.

Sevilla, Mayo de 2009.

Amor mío (II)

¿Ya llegas, mi amor?
Corre,
entra,
desnúdate.
Y lograrás, de nuevo, que calle que ya no te quiero.

Sevilla, Mayo de 2009

martes, mayo 05, 2009

Amor mío (I)

¿Ya vienes, mi amor?
No salgas,
espera.
Que cuando llegues tendré que decirte que ya no te quiero.

Sevilla, Mayo de 2009

martes, marzo 31, 2009

Ángel negro

...Y con absoluta certeza sabré, cuando regreses, que mi alma pertenece al ángel negro.

Sevilla, marzo de 2009

lunes, enero 12, 2009

Crepúsculo en Hamburgo

¿Sabes quién era mi marido? Era el fenómeno más extraño del mundo: era un hombre. Su alma era varonil, era un hombre de ánimo reflexivo y consecuente, inquieto, atento y previsor."

Sándor Márai
La mujer justa


En la parte vieja del puerto de Hamburgo, muy cerca de la desembocadura del Elba, se alinean decenas de almacenes vacíos y semiderruidos. Allí, bajo el aire helado del invierno, paseo entre restos de chatarra herrumbrosa, kilómetros de cables usados e infinidad de maquinaria abandonada de ignota utilidad.

El sol ya se ha ocultado trás el horizonte y sus reflejos rojizos, jugando
con los esqueletos diseminados de barcos que nunca más volverán a ver el mar, se confunden con las sombras de la noche cercana, que me traicionan con tu recuerdo y la definitiva certeza de tu adiós.

Y comprendo en un instante, con absoluta claridad, que el más bello atardecer de esta hermosa ciudad jamás podrá compararse con el oscuro brillo de tus ojos en la penumbra de mi dormitorio.


Sevilla, Enero de 2009