lunes, septiembre 08, 2008

Atardecer en Septiembre

Te acercas por el sendero, entre los árboles que unen sus ramas en lo alto. Vienes riendo y no puedo evitar contagiarme. Estas bellísima con tu vestido nuevo y el cabello revuelto por el aire fresco de las últimas tardes de verano.

Caminas despacio, sin prisa, como si la noche nunca fuera a llegar. En la mano derecha llevas tus sandalias azul turquesa y tus pies descalzos apenas parecen rozar el suelo. Ríes otra vez y jugando a avergonzarte, bajas por un instante la mirada. Al levantarla de nuevo, tus ojos, de un verde oscuro casi negro, reflejan los últimos rayos del sol, que travieso, no quiere irse del todo.

Me tomas de la mano y me llevas contigo. Cruzamos la puerta del palacio cuando la penumbra ya ha invadido el jardín y una ligera brisa agita las hojas secas esparcidas por el suelo. Un búho ulula un par de veces, asustado, mientras a lo lejos suenan los primeros compases de la orquesta.

El baile acaba de empezar.

Sevilla, Septiembre de 2008

viernes, septiembre 05, 2008

Agosto

Es domingo por la mañana y desde la calle apenas llegan, tenues, algunos sonidos. El zumbido de las chicharras, un coche que pasa a lo lejos sin prisa, un perro que ladra, aburrido, a ratos y el revoloteo distraído de algún pájaro que vuelve al nido para protegerse del calor que ya se empieza a notar.

Estas asomada al balcón, velada por los visillos que se agitan perezosamente con la suave brisa del cercano mediodía. Al contraluz, desnuda bajo tu déshabillé rosa pálido, tus cabellos que apenas rozan tus hombros sólo me dejan entrever tu rostro.

Miras al jardín, donde el aire levanta un leve murmullo de las hojas del árbol que durante tanto tiempo nadie cuidó y que no pudo crecer como los otros. De vez en cuando te vuelves y me descubres observándote desde la cama y una sonrisa se dibuja en tus labios.

En el equipo de música, Luz canta "No me importa nada" y yo siento, también, que hoy no me importa nada más que estar contigo.

Sevilla, Septiembre de 2008

jueves, agosto 28, 2008

Serendipity (*)

No necesito dedicártelo. Tu ya sabes que es para ti.

A veces una palabra, una música, una canción, un olor, adquieren un significado especial, solo conocido para nosotros, que remueve nuestro interior.

Siempre que oigo la flauta del afilador, vuelven imágenes de un lejano verano, sentado en el balcón de casa junto a mi hermano, con los pies colgando, viendo pasar a la gente debajo nuestra, en la calle.

El olor a vino y vinagre rancios, me trae a la memoria los personajes que paraban en la bodega que había enfrente de casa. Todas las mañanas, "Escaleras", el vendedor de lotería, llegaba en su bicicleta, a la que iban atadas sus muletas, y entraba cojeando en el local. Con su boina oscura y sus patillas de hacha nos parecía un pirata de los de buen corazón, y cuando nos veía asomados al balcón siempre saludaba con su vozarrón aguardentoso. A nosotros nos daba un poco de miedo y nos fascinaba a la vez.

"Serendipity" es una de esas palabras que desde ahora significará algo especial para mi y tal vez, también para ti.

Me traerá tu olor, tu tacto, el color de tus cabellos, la sorprendente suavidad de tu piel, tu fascinante inteligencia, tu brutal honestidad, tu sinceridad a veces dolorosa y tus risas y tus lágrimas.

Sentiré de nuevo la paz que se respira en tu casa, las sabanas tendidas al viento en el jardín, con su olor a limpio, y tu cocina y la silla donde me sentaba a desayunar contigo.

Recordaré tu álbum de fotos, algunas ya desvaídas, y como sentí al verlas que me abrías una parte de tu corazón.

Te recordaré y sin querer, como ahora cuando escribo, una sonrisa aparecerá en mis labios.

Sevilla, Agosto de 2008

(*) Serendipidad (del Inglés Serendipity).

1. Facultad de hacer descubrimientos afortunados por accidente.
2. Sucesión de casualidades que concluyen, de manera inesperada, en un resultado afortunado.

[De los personajes del relato Persa "Los Tres Príncipes de Serendip", que hicieron tales descubrimientos en la persa Serendip, hoy Sri Lanka (Ceilán)].

miércoles, febrero 06, 2008

Mañana de Carnaval II

Para Fernando y Carmen María.

La dejó en la cama, dormida. Desde la calle llegaban apagados los últimos ecos del Carnaval. Se acercó a la ventana y se volvió hacia ella. Venecia amanecía y un rayo de luz iluminó su cara unos segundos sin despertarla. Desnuda entre las sabanas revueltas, estaba bellísima.

Una lagrima escapó de sus ojos mientras se prometía amarla y quererla y protegerla siempre. Cuando volvió a la cama, su último pensamiento antes de quedarse dormido, fué para ella.

Sevilla, Febrero de 2008

lunes, febrero 04, 2008

Mañana de Carnaval I

Para Luisa.

La dejó en la cama, dormida. Desde la calle llegaban apagados los últimos ecos del Carnaval. Se acercó a la ventana y se volvió hacia ella. Venecia amanecía y un rayo de luz iluminó su cara unos segundos sin despertarla. Desnuda entre las sabanas revueltas, estaba bellísima.

Colocó la nota en la mesita, doblada cuidadosamente, junto a una foto de cuando fueron felices. Su último pensamiento, mientras se hundía en las frias aguas del Gran Canal, fue para ella.

Sevilla, Febrero de 2008

martes, enero 22, 2008

Salto mortal II

Para Isabel.

La dejó en la cama, dormida. Abrió la ventana, cerró los ojos y se lanzó al vacío.
Un segundo antes de estrellarse contra el suelo, recordó que la tarde anterior habian abandonado Venecia.

Sevilla, Enero de 2008

Salto mortal I

Para E., que me ha prohibido poner su nombre, pero esta historia siempre ha sido de ella.

La dejó en la cama, dormida. Abrió la ventana, cerró los ojos y se lanzó al vacío.
Luego, nadando por el Gran Canal, rió pensando que era una suerte vivir en Venecia.

Sevilla, Enero de 2008