Para Lola, claro.
Botas, vaqueros y cazadora. Lola se acerca al café entre la lluvia y el viento que le revuelve el peinado.
A Lola le gusta el chocolate y jamás va al cine sola. También le gusta escribir y no hace tanto, estuvo casada.
Lola sonríe y se emociona y sonríe otra vez. Y recuerda cómo le ha cambiado la vida en los últimos meses.
Lola es muy guapa. Tiene los ojos bonitos y mientras habla, a veces, enseña la cinta de su sujetador rosa.
A Lola la conocí ayer y ya solo quiero escribir para ella.
Sevilla, Noviembre de 2006
lunes, noviembre 27, 2006
viernes, noviembre 17, 2006
En un bar del centro
Escribo en un bar, al lado de un hindú que habla en inglés y no entiende nada.
A mi izquierda, una pareja que se divorciará dentro de poco, aun no lo sabe. Más allá, unas chicas se ríen, pero una echa de menos un novio que la rescate del grupo de amigas.
En la barra, la camarera se esconde detras de una columna de color rosa mientras piensa que de nuevo no llegará a fin de mes. Y en la mesa junto a la puerta, una rubia teñida está enamorada del mejor amigo de su marido.
Las dos chicas del fondo se besan sin saber que nunca mas volverán a verse.
Y yo en medio de todo, sigo escribiendo mientras el bar, poco a poco, se queda vacío.
Sevilla, Noviembre de 2006
A mi izquierda, una pareja que se divorciará dentro de poco, aun no lo sabe. Más allá, unas chicas se ríen, pero una echa de menos un novio que la rescate del grupo de amigas.
En la barra, la camarera se esconde detras de una columna de color rosa mientras piensa que de nuevo no llegará a fin de mes. Y en la mesa junto a la puerta, una rubia teñida está enamorada del mejor amigo de su marido.
Las dos chicas del fondo se besan sin saber que nunca mas volverán a verse.
Y yo en medio de todo, sigo escribiendo mientras el bar, poco a poco, se queda vacío.
Sevilla, Noviembre de 2006
Ocho años después
Para Eugenia.
Estuve en el Pilar, en el bar donde comimos aquellos callos con un sabor tan raro a vinagre ¿te acuerdas?. Pasé por la puerta de nuestro hotel, donde tanto nos quisimos y busqué durante un buen rato el sitio donde cenamos, pero no lo encontré. Quizás pasé por delante y no lo reconocí, o quizás cerró hace años.
Te llamé para contártelo pero me respondió el contestador de tu móvil. Y me emocioné recordando aquel tiempo en que aun me sentía capaz de cambiar mi vida.
Solo en la calle, se me saltaron las lágrimas. Aquí rocé la felicidad con la punta de los dedos pero me faltó, como siempre, valor para no dejarla escapar.
Ha sido mágico volver a Zaragoza. Me hubiera encantado verte, darte un abrazo y apretarte fuerte y llorar en tu hombro recordando un tiempo que hace mucho que se ha borrado.
Pero ahora que ya soy libre no quieres verme. Y me lo he ganado a pulso y lo lamento y probablemente ya no tenga remedio.
Se me escapa un "te quiero" bajito entre los labios y me siento más solo que en otros viajes, porque Zaragoza eres tú, y si ti, nada es igual.
Sevilla, Noviembre de 2006
Estuve en el Pilar, en el bar donde comimos aquellos callos con un sabor tan raro a vinagre ¿te acuerdas?. Pasé por la puerta de nuestro hotel, donde tanto nos quisimos y busqué durante un buen rato el sitio donde cenamos, pero no lo encontré. Quizás pasé por delante y no lo reconocí, o quizás cerró hace años.
Te llamé para contártelo pero me respondió el contestador de tu móvil. Y me emocioné recordando aquel tiempo en que aun me sentía capaz de cambiar mi vida.
Solo en la calle, se me saltaron las lágrimas. Aquí rocé la felicidad con la punta de los dedos pero me faltó, como siempre, valor para no dejarla escapar.
Ha sido mágico volver a Zaragoza. Me hubiera encantado verte, darte un abrazo y apretarte fuerte y llorar en tu hombro recordando un tiempo que hace mucho que se ha borrado.
Pero ahora que ya soy libre no quieres verme. Y me lo he ganado a pulso y lo lamento y probablemente ya no tenga remedio.
Se me escapa un "te quiero" bajito entre los labios y me siento más solo que en otros viajes, porque Zaragoza eres tú, y si ti, nada es igual.
Sevilla, Noviembre de 2006
martes, noviembre 29, 2005
Patagonia otra vez
Para Puri, aventurera incansable y descubridora de mundos.
Un frío intenso. Un aire helado que corta la respiración. Un cielo de un azul asombroso.
Sin aliento, sudorosos, radiantes, coronamos la cumbre. Y cogidos de la mano vemos amanecer, mi amor, en Patagonia otra vez.
Sevilla, Noviembre de 2005
Un frío intenso. Un aire helado que corta la respiración. Un cielo de un azul asombroso.
Sin aliento, sudorosos, radiantes, coronamos la cumbre. Y cogidos de la mano vemos amanecer, mi amor, en Patagonia otra vez.
Sevilla, Noviembre de 2005
miércoles, noviembre 16, 2005
Al sur de Tortuga
Al sur de Isla Tortuga hay un lugar donde los barcos atracan llenos de aventureros en busca de tesoros y mujeres hermosas. Un lugar donde la vida vale muy poco y el arrojo se da por supuesto. En cada esquina acecha el peligro y en cada taberna curtidos bandidos se juegan fortunas ante una botella de grog.
Piratas, corsarios, princesas sin reino, bellezas marchitas y putas sin dueño llenan las calles del puerto y se alquilan al mejor postor. Al caer la noche, el aire cálido trae sonidos de espadas que chocan, gritos, disparos, peleas y alguna que otra palabra de amor.
Al amanecer, feroces capitanes zarpan a bordo de intrépidos navíos a enfrentar tormentas, arrecifes, calmas chichas y los barcos del Rey. Terribles tripulaciones se ríen de la muerte con cada golpe de mar y afilan sus dagas soñando riquezas que quizás nunca puedan gastar.
Al sur de Isla Tortuga la vida puede ser corta, pero créeme, muchacho, si te digo que sólo pienso en volver.
Sevilla, Noviembre de 2005
Piratas, corsarios, princesas sin reino, bellezas marchitas y putas sin dueño llenan las calles del puerto y se alquilan al mejor postor. Al caer la noche, el aire cálido trae sonidos de espadas que chocan, gritos, disparos, peleas y alguna que otra palabra de amor.
Al amanecer, feroces capitanes zarpan a bordo de intrépidos navíos a enfrentar tormentas, arrecifes, calmas chichas y los barcos del Rey. Terribles tripulaciones se ríen de la muerte con cada golpe de mar y afilan sus dagas soñando riquezas que quizás nunca puedan gastar.
Al sur de Isla Tortuga la vida puede ser corta, pero créeme, muchacho, si te digo que sólo pienso en volver.
Sevilla, Noviembre de 2005
martes, noviembre 15, 2005
Una cuestión de tiempo
Al principio creyó que el dolor iba a partirlo en dos. Unos meses más tarde, ya casi no lo notaba. Cuando le pregunté, un año después, juró que el cuchillo siempre había estado allí, clavado en su costado.
Sevilla, Noviembre de 2005
Sevilla, Noviembre de 2005
lunes, noviembre 14, 2005
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