sábado, marzo 09, 2019
Carmen, entre hilos y costuras
miércoles, febrero 27, 2019
Atrapado
si digo la verdad.
No le pongas candados
a tu soledad.
y que hablo de más.
Pero eso se corrige
si me abrazas ya.
no supieron valorar
toda la poesía
que hay en tu andar.
Que desde el día en que te vi yo tengo escrito un para siempre de mi boca hasta tu ombligo.
De tu pelo hasta mi piel, no te perderé.
Carmen es guapa y alta y cuando se pone tacones, casi me supera en altura. Carmen tiene la boca grande y los ojos bonitos, de un color entre azul y miel que te hechiza desde el primer momento que los miras. Carmen dice que es tímida y seguramente sea verdad, porque cuando nos conocimos, un leve temblor en su voz traicionaba sus intentos de hablar con desparpajo. A Carmen le dan un poco de verguenza sus manos grandes, unas manos mágicas que convierten cualquier idea en el más hermoso de los vestidos. Carmen es divertida y siempre está a punto de soltar una carcajada. Carmen baila por la vida como si cada día fuera el último que va a vivir, intenso y fugaz como el batir de las alas de una bella mariposa. Carmen me atrapó enseguida y yo rezo todos los días para que no me quiera soltar.
Sevilla, Febrero de 2019
jueves, noviembre 02, 2017
Raros fines de semana a tu lado
jueves, junio 01, 2017
Quizás es solo deseo
Para Mónica,
Déjame decirte que te quiero
aunque no sea verdad.
Si te quisiera,
seria capaz de morir por tí,
pero aún no puedo.
Quizás mañana sí
o quizás,
es solo deseo.
Déjame decirte que te quiero,
aunque todavía no sea verdad.
Si te quisiera,
lo dejaría todo por tí,
pero aún no puedo.
Quizás mañana sí
o quizás,
es solo deseo.
Déjame decirte que te quiero
aunque hoy no sea verdad.
Si te quisiera,
mataría un dragón para tí,
pero aún no puedo.
Quizás mañana sí
o quizás,
es solo deseo.
Déjame decirte que te quiero
aunque después no sea verdad.
Si te quisiera,
te escribiría los versos más profundos,
pero aún no puedo.
Quizás mañana sí
o quizás,
es solo deseo.
Déjame decirte que te quiero
aunque luego no sea verdad.
Si te quisiera,
pintaría líneas en tu espalda con mis dedos
pero aún no puedo.
Quizás mañana sí
o quizás,
es solo deseo.
Déjame decirte que te quiero
aunque no sea del todo cierto.
Quizás, amor, quizás,
es solo deseo.
Sevilla, Junio de 2017
viernes, mayo 19, 2017
(Breve) manual de montañero
se encuentran bajo tu blusa de seda hindú,
Los únicos lugares que quiero explorar
se ocultan bajo tus vaqueros desteñidos.
Podría vivir sin nada más
entre tu vientre y tu ombligo,
Podría morir sin echar la vista atras
un instante después de entrar en ti.
Sevilla, Mayo de 2017
sábado, abril 29, 2017
Mónica, cúrcuma y canela
Para Mónica.
Cocinera de hechizos
e historias de amor
Conocí a Mónica una tarde de finales de abril, en las cocinas de un recién abierto restaurante hindú, que se había convertido en muy poco tiempo en lugar de peregrinación de la progresía sevillana, siempre ávida de cualquier novedad en el rancio ambiente culinario de nuestra ciudad.
Durante sus cortas estancias en Sevilla, don Federico solía encerrarse con Mónica en la cocina y como si de un alquimista y su aprendiza se tratasen, iba mostrando a su amada hija todas las mágicas combinaciones de especias que podían convertir la más simple pieza de un ave de corral en un exquisito plato lleno de sabores, aromas y matices.
Mónica era una alumna aplicada, inteligente e innovadora y muy pronto su desenvoltura y dominio de las artes culinarias superaron las habilidades de su padre y en las ausencias de este, se convirtió en la encargada de la cocina del hogar familiar.
La novel cocinera combinaba el cardamomo, el ajo, la pimienta y la canela para conseguir un extraordinario Garam Masala que podía transportar al cielo a quien lo probase.
Su secreta mezcla de cominos, cilantro, ajo y alhova producía un maravilloso Tandoori Masala que era la delicia de todos los invitados a la casa familiar.
Sus currys eran especialmente apreciados. El cordero marinado en un Vindaloo con base de jengibre, cardamomo, canela, pimienta y otras especias que formaban parte de sus ingredientes secretos llegó a traspasar las fronteras de la región y hubo algún gourmet de la capital madrileña que movió cielo y tierra para ser invitado a la mesa de Doña Teresa.
Los picantes aromas de los Madrás de pollo y verduras donde convivían en perfecta armonía el pimentón, la cayena, la cúrcuma, el tomate, el jengibre y el hing producían exclamaciones de admiración en todo el que pasaba cerca de las ventanas de aquel hogar donde cada almuerzo era un auténtica fiesta oriental.
No es de extrañar que muy pronto Mónica tuviera a sus puertas a los dueños de los mejores restaurantes del país, dispuestos a ofrecerle lo que ella pidiera con tal de que dirigiera sus cocinas. Mónica, que no era ambiciosa y tampoco deseaba alejarse en exceso de su ciudad natal, finalmente decidió abrir su propio local que pronto se convirtió en uno de los lugares de moda de la capital sevillana.
Aquella tarde de abril, después de disfrutar de una maravillosa e indescriptible comida a base de las más diversas especialidades del norte y sur de la India quise conocer a la cocinera y dueña del "Masala" para rendirle mi más enorme admiración.
No se si fue la suerte o el destino, pero aquel día el restaurante no estaba demasiado lleno y cuando Mónica salió a saludarme pudimos hablar durante un largo rato. De las alabanzas a su cocina pasamos casi sin saber cómo a charlar de nuestra mútua pasión por el Lejano Oriente y muy pronto ella sabía casi todo de mis viajes por las Indias Orientales, siempre acompañado de mi desvencijado arcón cubano.
Tanto nos quedó por contarnos que nos citamos para continuar nuestra charla el jueves siguiente alrededor de un excelente Chateau Indage de la región de Himachal, al norte de la India. A aquella primera cita siguieron una y otra y otra y hoy, cada noche al llegar a casa, disfruto en compañía de Mónica de sus mejores currys y masalas, aunque debo confesar, que a pesar del amor que nos profesamos, mi amada cocinera siempre se ha negado a contarme el secreto de sus recetas.
Sevilla, Abril de 2017
martes, julio 07, 2015
Amor trivial
sobre el edredón rojo,
que luego fué un cuadro que
nunca lograste vender y que
al fin encontró lugar
en la pared del salón de mi casa.
donde me encuentro contigo
cuando nadie nos mira y
nos reímos y nos preguntamos
cómo es que los demás
ni se abrazan, ni se tocan,
ni se besan
tanto como nosotros.
de tu casa, gastado de niños y perros
que nos espera una de cada tres noches
(y fines de semana alternos)
para envolvernos y recordarnos que
nos da igual que llegue el invierno.
En el restaurante vietnamés,
los besos en la esquina
oscura de mi calle
y luego,
a la mesa de la cocina.
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