martes, enero 29, 2019

La dama y el castillo

Para Mónica
No te engañes,
no escupas fuego
hablando de nosotros
y déjame decirte de una puta vez
todo lo que podíamos haber sido
y no somos.


No te engañes, mi vida,
no me eches de menos
si sabes que estoy a tu lado,
que yo siempre estoy aquí
aunque no me veas,


que yo siempre estoy aquí
aunque siempre me esté yendo,
que yo siempre estoy aquí
porque siempre acabo quedándome
y agradezco que existas.


Agradezco que existas
aunque a veces duela,
agradezco que existas
Porque el amor no quema
no mata
y yo quiero morirme contigo.

Diego Ojeda
Mi chica revolucionaria


Tan solamente creo en la belleza de tu cuerpo
que se marchita al ritmo de la caja del reloj.
No empuñaré más rifle que mi sexo tan pequeño,
Para traerte de nuevo a mi lado.

Cuando veo tus ojos son mi 68.

Lo demás ya no existe, tú lo haces mentira.
Son demasiado hermosos
para ser de derechas.Con hacer roja la cama
creo que será suficiente.

Así serán nuestros sueños
tan rojos que un día
Seremos valientes.
La sábana en la ventana
para que todos la vean
y nuestra cama tan roja,
la cama tan roja,
El ocaso sobre la marea.

Juan Antonio Canta
Cama roja



A veces pienso en un castillo al pie de una playa. Está en ruinas y semi enterrado por la arena. En su interior crece la maleza. A primera vista parece deshabitado, pero si se mira con atención, se descubre a una mujer en la última ventana de la torre más alta que mira al mar ensimismada. La mujer es alta, delgada y muy hermosa, tiene la nariz recta y grande y la mirada oculta tras unas gafas de sol como las que llevaban las grandes actrices italianas de los años cincuenta. Con la vista perdida en el horizonte, no puede dejar de pensar en las palabras escritas en un viejo trozo de pergamino que guarda en un bolsillo de su vestido. Un misterioso mensaje que ha encontrado esta mañana dentro de una botella que las olas del mar han arrastrado hasta la orilla y que comienza así: "A veces pienso en un castillo al pie de una playa...".



Sevilla, Enero de 2019